Toca volver a hacerlo, sentir que no puedo sentir.... Obligar a este mísero corazón e ingenua imaginación que no tiene ningún sentido soñar.
Soñar cada noche durante semanas con él, sueños a veces incomprensibles, a veces transparentes.
No puedo más, pensaba que mis ilusiones eran infundadas, que se convertirían en humo en cualquier instante, pero justo cuando de verdad decido quemarlas, mandarlas a la mierda... Siento cómo duelen. Duelen, sí, y me duele que me duelan.
Me siento entonces tan estúpida, con lágrimas en los ojos que busco cualquier espejo para pararme frente a él y burlarme de mí como nadie más hace. Me burlo de mi ridiculez suprema... De mi cobardía.
Me río de mí, de que nunca he tenido el valor suficiente para enfrentarme a mí en el espejo, de luchar por mí. NUNCA.
Y me jode volver a ser la idiota que se retira, se rinde y abandona el campo. Porque la ilusión, en mi vida, no merece la pena...
He notado día tras día cómo dejaba crecer esa ilusión en mi triste corazón, al que le faltaban fuerzas para acelerarse y cuando lo hace duele...
... Ojalá existiera el botón suprimir para eliminar cada ilusión que mi mente divagaba...
(Yo siempre fui la que nunca ganó...
... Yo soy aquella ridícula chica de las batallas perdidas que nunca aprende de la derrota...)