miércoles, 18 de abril de 2018

Chicas pañuelo.

Al final tenían razón los viejos sabios que nos guían: NO LO DES TODO EN EL PRIMER MOMENTO.

Yo, que fui la que siempre se entregó sin pensarlo, pensando que esta vez sería la última y la diferente, vuelvo al inicio de lo difícil.

De no volver a dar más, de no darlo todo a la primera.

Después de mil recaídas en la misma historia, de hacerlo todo por si nunca más vuelve a suceder ese momento. En días como hoy aparece el atisbo de la certeza de que cada vez te apetece volver a dar menos.

Las chicas revolucionarias nos volvimos chicas pañuelo, que lo mismo acaba el semen en tus muslos, que su lágrima en tu camiseta.

Que lo mismo eres la que da el abrazo de auxilio, como las palabras acertadas necesarias.

Igual puede que solo seas el juego de la emoción de su rutina, o el imposible eterno que siempre recordará.

Pero de alguna manera siempre serás lo que la otra persona necesita, el pañuelo de emergencia que encuentras cuando más necesitas.

Estoy cansada de ser la chica pañuelo,  supongo que quizás ha pasado demasiado tiempo y demasiadas personas que grabaron el nombre en mi tela.

Quizás simplemente es mejor que las chicas pañuelo renueven la revolución hacia su cuerpo, su vida, sus deseos.

Anteponer el YO al ÉL, anteponer tu propia vida a seguir siendo pañuelo de otras vidas.

Y dejar el pañuelo para luego... aunque solo sea para cuando tú ya no seas una emergencia.

Duele pensar que quizás el problema no radique en el "todos son iguales" sino más bien en "chicas pañuelo" desorientadas.

lunes, 16 de abril de 2018

LATE...

Noto cómo el latir traspasa su pecho, trepa por mi palma directo a mi respiración.

Siento la calidez abrazando mi cuerpo, el miedo que dice: FRENA...

Siento la cercanía de la confianza plena y la aceptación infinita.

Aparece el terror a que todo lo que suceda sea una catástrofe...

Pero ocurre todo lo contrario, el silencio de caricias habladas es roto por el beso.

Ese típico beso que nunca sabes como dar, pero que tienes la certeza de que lo acabarás dando.

Ese temblor cuando pasa todo de golpe...

Esa complicidad que solo existe algunas veces en la vida, esa carcajada limpia y compartida.

Esa intensidad plena, ese sentimiento de pertenencia a un lugar que tiene forma de persona.


Personas que por muchos años que pasen siempre serán hogar y caricia...

Que nunca desaparecieron las brasas del incendio de cuando éramos niños.

Ese anti-olvido férreo que nos recorre, a pesar de habernos creído invisibles y olvidados.

Gracias por seguir formando parte de mi vida, mis silencios y mis secretos...

Gracias por esa dulzura... por esa pasión, por todos los miedos.

Gracias por esa forma que tenemos de hacernos eternos...

A pesar de todas las veces que no supe quedarme, de las otras que no tuvimos más remedio que alejarnos, pero siempre volvíamos al mismo punto donde nos habíamos quedado.

Primero la mano... años después de nuevo la mano... Luego el beso, meses después el beso entero....


Y así seguiremos coleccionando secretos, secretos que dan vida a estos silencios.

Silencios que yo acabo de romper en este momento, en forma de metáfora...

Para intentar explicar el renovado pero a la vez viejo sentimiento...

De esa amistad infinita, que ambos conocemos.

Que sucedió, que no me arrepiento.


P.D. No te lo creas mucho, que nos conocemos...

lunes, 9 de abril de 2018

Has hecho bien, niña

Acabas de dar varios portazos de golpe, niña.

No te asustes, llevabas tiempo esperando que llegase ese momento.

Has cerrado las puertas sin hacer ruido, sin espasmos ni gilipolleces que ni tú te lo crees.

Lo has hecho en silencio, dejando a quien decidió marchar lejos.

Por quienes siempre dejabas la puerta abierta por si decidían volver... ya está bien, niña.

Lo has hecho bien...

Ahora cambia la contraseña de la caja fuerte, cambia ese conjunto de coordenadas estúpidas que le diste a todos los almantes del pasado...

Ahora una vez cambiada la contraseña, deja que entre la luz por la ventana y escucha cómo los pájaros te cantan.

Lo estás haciendo bien...

Has acabado cansada de que tu casa se llenase de polvo por si volvían aquellos del abandono, los de los silencios y los desaparecidos sin razón alguna....

Quizás algo hiciste mal al ser un entresijo de ideas que se entrelazan unas con otras y luego acaban en carcajada.

Quizás tuviste tú la culpa de todo lo que pasó, y puede que esa sea la verdad.

Pero sabes una cosa, ¡al carajo!

Les estás haciendo un favor, tanto a ellos como a ti... que por mucho que digas que te han salido arrugas en el corazón, sólo tienes 20 años y muchos viajes por delante... muchas miradas que encontrar.

Así que, niña... Ahora puedes respirar tranquila, que has ganado.

Has ganado perdiendo la incertidumbre, has ganado al levantarte mucha más estatura de la que tenías.

Has ganado vida, una vida entera... y una llave.

Y mil puertas... todas ellas tuyas, todas enteras.

Lo has hecho bien, ñiña.

Ya estaba bien de tonterías.


Has abierto los ojos, las estrellas brillan.

Ultimísima despedida.

Ha pasado tanto tiempo, que te miro a los ojos y no hay nada que se remueva aquellos polos opuestos magnéticos.

Lo siento, no te puedo mentir a pesar de que lo intente.

 Esto estaba acabado desde mucho antes de empezar, fue un juego roto por saber desde el principio el final de la batalla. Sin opciones de revancha.

La decepción pesa más que la despedida, la huida dice mucho más de ti que de mí.

Tuve un sentimiento limpio algo sincero que quizás sólo te di a ratos, entre esa eterna burocracia de cosas por hacer sin hacer nada.

La decepción duele más que la huida.

Y esta vez tras mucho tiempo removiendo el adiós entre los dientes te digo la verdad. y es que todo fue un juego de egos de gigantes, con corazones pequeños escondiéndose en las sombras, metidos en la guantera del coche.


Y esta vez ya te lo digo, llega un día en el que es la última... a la vez que llega una primera.

No fue para tanto, me digo desde el principio.

No se merecía tanto, me digo otra vez.


Y así de simple vuelve a acabarse otro cuento, el del erizo y la tortuga. Un cuento que nunca tendrá más sentido que el de las hojas que serán amarillentas al amanecer mañana en este blog.

Adiós.

La imaginación algunas veces nos mata, y así fue esta vez.


domingo, 8 de abril de 2018

El dedo que apunta a un beso.

Ha vuelto a pasar, un dedo que apunta a un beso... Hace años que no pasaba, la última vez que ocurrió fue mi dedo, fue el que señalaba.

Pero esta vez no, esta vez fue otro dedo, una señal para mí. Dos besos, dos dedos. Estúpidos adolescentes que han vuelto.

Joder.

Me pongo nerviosa, me convierto en azul y desaparezco.

Me han encontrado, han encontrado a que aquella niña que enseñaba con los dedos los lugares donde se escondía un beso.

El beso de Wendy...

La chica que prefiere desaparecer a Nunca Jamás antes de que un guerrero, la encuentre.

Porque frente a él no controla, es capaz de girarla sin darse cuenta y le encuentra las cosquillas de la mente sin avisar.

Y en secreto espera que vuelva a ocurrir... Pero en silencio mantiene que está prohibida esa señal.

Es como decir... Voy a entrar en tu alma...

Es como por un momento desear que el fuego arrase con todo antes de que el dedo apunte al beso.

Antes de que nos volvamos a encontrar en destinos que creíamos equivocados.

En el momento concreto y carcajada perfecta.

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...