miércoles, 28 de febrero de 2018

Te escribo esto para cuando estés a punto de irte.

He programado esta publicación a día 14/11/2017 hoy que volverás de Madrid, para cuando acabe febrero y ya te hayas marchado o sea demasiado tarde como para no irte.

Me gusta mucho esto de jugar con los silencios, escribir y dejarlo en el olvido como la verdadera postal que no te envié. 

Aprender a despedirnos por miedo a quedarnos. 

Te cuento un secreto, suena egoísta pero me apetecía quererte, y así hice. 

Te quise, disfrazada de un NADA gigante y un ALGO a gritos. Te quise con miedo, enfadada conmigo misma por el simple hecho de quererte.

Desaparecía por miedo, me llenaba de dudas.

Dejaba morir de hambre ese sentimiento nuevo que estaba creciendo dentro de mí.

Me marchaba con el fin de creerme de una vez que te había olvidado, pero eso no es verdad.. .

Te he esperado, te he querido. Dos palabras estúpidas para estos tiempos. Para una chica como yo, que todo lo vive cuando NO ES EL MOMENTO.

Espero, que algún día llegues hasta aquí y no sea tarde, coliflower.

Con todas las fotos que no hicimos, los besos que dejé olvidados, todos los planes que se quedaron en el olvido.


Espero no ser del todo olvido, por eso me escribo.

Para recordarme lo mucho que me costó aprender a despedirme cuando a cada traspiés te tenía en frente.

A cada soplo de vida estabas a mi lado.

Ese "piti" que nunca duró cinco minutos.

Supongo que para cuando se publique esto, serás anécdota y yo arista.

Supongo que el olvido es más fácil cuando dejas que vuele, cuando no te lo guardas... cuando no te callas ni una puta palabra.

Te quise, un poco y un tanto quizás.

Gracias y hasta la vida.

Porque, coliflower.... nos pilló el atardecer y la vida; huimos del amanecer y vivimos.

Porque no hay nada más natural que quererse, como dicen algunas canciones...

Pero no era el momento, aún no he aprendido despedirme y no sé si quiero... por lo menos, creo que ya algo más entiendo.

Buen viaje.  

domingo, 25 de febrero de 2018

"Te veo bien"

Lo miro, me mira como el juego de hace un año.

Lo busco y no quiero encontrarlo, pero como un imán me atrapa.

Camino, huyendo y me encuentra.

Se accionan todos los fuegos artificiales, de golpe.

Siento la rabia e impotencia de querer morderle y besarle a la vez, NO PUEDE SER.

La impotencia de no saber cómo el tiempo se detiene al mirarnos, ojalá parar el tiempo de una vez, hablando sin metáforas.

Me pregunto cómo podría ser posible, porqué a pesar de que pase el tiempo sigue apareciendo y deteniéndome el instante.

Llegó por casualidad a mi vida, como llegan todos los almantes, pero esta sí que fue de verdad una historia que nunca llegó a ser.

Le habría arrebatado cualquier duda, cualquier tormento que hubiese estado en mi mano sanarle.

Le habría traído el incendio de un amanecer a sus ojos, hecho cenizas los miedos.

Le habría dado tanto, que luego pienso que menos mal que no lo di.

Porque desaparece, porque luego pienso "esta ha sido la última" y luego toca volver a empezar... el bucle, meses, semanas o años después.



Y yo te miro, y me miras.

Y nunca necesitaré nada más que eso para dormir bonito.

Hasta pronto, si no olvidas la promesa del meñique.

P.D. Tengo muchas cosa que contarte, caballero del pañuelo.

viernes, 23 de febrero de 2018

Coincidencias

Cada vez ocurren más cercanas, más exactas.

Estamos en este momento casual, personas que vuelven a incendiarte el mundo.

Que te traen la paz de pronto con una cerveza fría y decidís convertiros en girasoles haciendo la fotosíntesis al sol.

Estamos en esta coincidencia, va pasando el tiempo. Personas que nunca se marcharon, que potencian la vida cuando te demostraron que nunca desaparecieron.

Personas con las que acabas a carcajadas.

La vida que te demuestra que la amistad es la aceptación y tolerancia infinita.


Hoy estoy feliz por las coincidencias que llenan mi vida, que hacen las malas buenas.

Hoy me abrazo a ellos y me devuelven la magia.

Me recuerdan mi nombre y accionan la locura.


Vivimos en coincidencias causales.

Y gracias a ellas colecciono todas aquellas personas que hacen que esto de vivir merezca la pena.

lunes, 19 de febrero de 2018

Algo se ha accionado.

He pasado estos días en silencio, durmiendo mucho más de lo habitual, viviendo más de lo habitual a la vez.

Conseguí desquitar de mi mente lo que se aferraba con fuerza a mi sueños y al despertar tenía la sensación de no haber dormido nada en toda la noche.

Algo ha cambiado, quizás simplemente haya cambiado de camino. Quizás hayan surgido nuevas metas en mi vida que antes creía imposibles.

Quizás simplemente vuelve a existir una oportunidad y puede que sea la mía.

Y creo en ella.

Creo en mí.

Ha pasado mucho tiempo de autoboikotear mis sentimientos.

Quizás por eso ahora soy más verdad y menos presa.

Que no hay nada más bonito que quererse.

Que cuando aceptas que echaste de menos ganaste una partida al olvido.

Estoy genial en mí,

Serena como el amanecer.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Aprendiendo a echar de menos...

Estoy en mí, desde hace ya unas semanas.

En mis labios ha caído la nieve del tiempo quedándose a vivir, no hay quien haya conseguido derretirla de nuevo.

Te echo de menos, aunque esté de más.

He aprendido a echar de menos como quien aprende a despedirse.

Te echo de menos a ratos, pero no como quien quiere tenerte sino para compartir.

No olvido aunque ya no sé si soy capaz de recordarte. No sé si el viento también se llevó esa parte de mí de ti.

Te echo de menos, echo de menos esa capacidad de parar el tiempo. Extraño el no contarte como un huracán lo que los días me traen, que no es novedad sino esencia.

Pero ya no puedo esperarte, coliflower.

Sólo tarareo en silencio alguna canción cuando nadie escucha.

Pero ya no llegarás hasta estas líneas, sigues parte de tu viento y está bien.

Yo te echaré de menos en voz baja, en secreto... hasta que consiga echarte del todo.

Que pasará, que ese día algún día nos atrapará.

Y será una anécdota más que se quedará entre estas páginas.

Y yo seguiré caminando por las nubes, volando a otros cielos...

Que no me pesan ya todas las palabras que te escribí y nunca saldrán a la luz, con los mecheros eternos que nos encendían las noches.

Te echo de menos como quien echa de menos ver un atardecer, pero es tan fácil sanarlo como mirar al sol...

Y estoy entera, lo he aceptado. Ya no me miento diciéndome que no importa.

Importa y te echo de menos.

Pero lo acepto y me acepto...

Y mañana estas palabras solo serán un torcito más de aquella despedida o recuerdo, que no quise ver.

A la que ahora abrazo fuerte y suelto...

Te contaré otro secreto: Ojalá esos ojos negros en el mar, nada más.

sábado, 10 de febrero de 2018

Seremos solo lo que sucedió en un instante

Lo que quizás nunca más vuelva a ocurrir.

Un instante de calma, Madrid.

Personas que estuvieron antes, que aparecieron, con las que compartiste.

Quizás nunca más vuelva a ocurrir, quizás nunca más vuelvas a tener una oportunidad.

Pero la vida es así, son los instantes y cómo los decidamos vivir.

lunes, 5 de febrero de 2018

hoy no queda nada de ti.

Ayer fuiste un espejismo, yo: la que sufre.

La que se queda embobada bajo la lluvia y al llover se llueve ella.

Ayer creí reconocerte, pero hoy... apenas éramos dos títeres que cada uno olvidó el diálogo, guión e historia.

Seguiré aprendiendo a despedirme, soltándolo todo de golpe hasta olvidarte ...

Seguiré en mi línea curva, en mis montañas rusas, pero no quedarán de ti más que el tizne de la despedida, de lo que nunca fue.

Hoy ya no estabas, ayer fuiste un espejismo.

Hoy, vuelvo a los círculos donde me resistía a olvidar. Pero he roto el círculo, lo he cortado con los dientes y lo he estirado, como quien estira los brazos al despertarse... dispuesta a seguir su línea recta hasta que acabe, pero sin volver a empezar.

De aquí a poco acabaré tu línea ... la de la despedida.

El dolor que reside en el fondo de una ilusa que creía poder sentir sin el riesgo de doler.

Y sí, seré sincera: duele.

domingo, 4 de febrero de 2018

Estás...

No has desaparecido aún, me pregunto porqué aun no puedo olvidar.

Estás y me cuesta escribir.

Estás y no sé cómo desaparecer si aún sigues aquí.

Y estás y no me olvido.

Intento dar un paso al frente hacia la nada pero no te vas.

He intentado olvidarte, pero no sé si nos hemos olvidado.

Cómo hacemos borrón del tiempo...

Cómo nos vamos hacia la nada.

¿Era lo que queríamos?

Supongo que eras lo que querías, pero a mí me sigue costando respirar.

Es difícil tenerte en frente y no temblar.

Es difícil el olvido cuando estás presente.

sábado, 3 de febrero de 2018

Un encuentro casual sin nombres.

Ella estaba en el Starbucks, tomando un frappé de chocolate blanco con café y nata, contando su historia, entera y de raíz, desde la infancia hasta la vida.

Todo el dolor y las decepciones a una amiga que nunca había sido amiga del todo pero habían compartido la misma vida, por primera vez desangrando cada secreto.

Ella contaba su vida, mientras en la mesa de al lado un chico monero y de película se dio cuenta de que existía, en un instante le dijo: ¿Sabes lo que significa ese tatuaje? ... Ahí comienza una conversación cruzada de las que paran el tiempo, sobre el árabe, tatuadores y una persona en común.

Él sería árabe, no estoy segura... era un chico con apariencia occidental.

Nos miramos y en unos breves segundos seguimos conversando.

Luego seguí contándole mi vida a mi amiga, y ella a mí la suya. Recuerdo que lloré, no por dolor, sino por el recuerdo del dolor. El chico seguía pendiente, sin decir nada en la conversación con su amigo.

Pensé en darle mi número, pensé en quedar algún día para un café, seguir conversando sobre cualquier cosa relacionada con el árabe o el amor.

Pero no lo hice, entonces lentamente su tiempo del café se acababa....

«ha sido un placer»... «nos vemos»...

Nos quedamos por un instante pensando porqué no.... y si...,?

Pero nada de eso ocurrió, nos despedimos sin saber ni siquiera nuestros nombres.

Quizás nunca más vuelva a encontrármelo, quizás las películas se conviertan en realidad.

Ya lo decía Cortázar: "un encuentro casual era lo menos casual de nuestras vidas".

Me quedo con la anécdota y lo que no fue.

Otra estrella fugaz sin nombre.

El chico del starbucks....

(Pero no tenía los mismos ojos que habitaban en mí, quizás por eso no hice nada por retenerlo)...

Quizás, nos pilló la vida demasiado pronto. Quizás seguimos siendo idiotas.

Quizás vuelva a escribir de nuevo por él o puede que se convierta en un recuerdo de lo que existió, pero no fue.

jueves, 1 de febrero de 2018

Decepciones.

Hoy le tocó el día a la decepción, las personas que se van, las que creías conocer. Amistades que nunca volvieron para aquel café.

Me pregunto cuántas veces habré decepcionado, esas palabras que se hacen un nudo en la garganta pero que la decepción hace que tragues saliva y continúes tus pasos.

Una mirada que decía un ojalá y un silencio que pesaba como una losa sobre el instante.

Cuántas veces nos habrán decepcionado que ya hemos dejado de contarlas, simplemente dejamos ir, avanzamos en otra dirección y esperamos que la próxima vez duela menos.

Tenemos la esperanza de que para la próxima vez no sea demasiado tarde como para que nos hagan daño, tenemos la falsa fe en que esa vez será la última.

Pero somos humanos, y por ende sentimos, y por ende olvidamos.... y por tanto nos volvemos a lanzar al vacío de la confianza con la certeza de que esta vez no pasará, pero pasa.

No podemos controlar quién nos va a decepcionar, no somos videntes para evitarlo.

Pasará como pasa la vida y seguiremos en el bucle de emociones haciéndonos cada vez más fuertes hasta que llegue un día en el que aceptemos la decepción como una realidad, algo que tenía que pasar y que nos enseña.

Una decepción que nos empuja a seguir adelante, a no mirar atrás y a ser valientes de vivir sin miedo a que nos decepcionen, con la certeza de que NO nos estamos decepcionando a nosotros mismos.

Gracias por enseñarme tanto, amiga.
 ~S~

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...