Sentirme: sentirme ha sido complicado, sentirme rodeada de gente pero totalmente aislada en mis emociones.. En el nudo de mi corazón en mis miedos, mis despedidas de aquellos proyectos que tanto han llenado mi alma, de los que he sido parte.
Por otro lado, al sentirme orbitando entre otros seres sentí miedo, iban a mirarme... Era vulnerable, intentaba escapar al cerrar los ojos y a la vez me sentía ante un precipicio abismal.
El precipicio de sentirme sola, de quedarme sola, del corazón roto, de las decepciones de no estar a la altura, de las personas que se fueron y ya no están. De los achaques emocionales de una vida intensa y sin frenos.
Al sentir a los otros: me sentí como igual, vulnerable, les miraba con la misma ternura con la que miraba mi vida, desde el amor, sentía paz y en cierto modo curiosidad.
Sentí que era la esencia más pura en ese silencio, en ese escrutinio de cuerpos y vidas que se movían a nuestro alrederor, que existen tal y como nosotros.
Notaba los bloqueos de las otras personas, veía en sus miedos los míos, podía tocar con los ojos la historia de su vida sin palabras... La ternura de lo humano y esencial.
Sentí el dolor de ojos cristalinos, de ojos transparentes pero con pestañeos de miedo, necesitaba tocar a esas personas y mi impulso era abrazar a esas personas con mi alma.
El vértigo, el mareo ante la emoción desbloqueada, pero a su vez la seguridad de que otros seres estaban ahí para sostener la lágrima.
Hoy ha sido intenso, he sentido miedo, he escuchado a mi corazón roto, pero también mis latidos valientes con fuerza, las quemaduras del hielo que yo solita he ido metiendo pensando que sería lo mejor... Pero que las prisas y las vidas han ido causando estragos.
El vivir sin mirar, vivir sin silencio.