sábado, 31 de agosto de 2019

La carta que llegará tarde...

No te digo que te quiero en Abril, te lo diré cuando acabe el verano...

Querido chico, ¿seguimos vivos?

¿Sigue esta historia en pie? ¿nos hemos olvidado?

¿Nos hemos deshecho ya del miedo? ¿Seguimos siendo unos cobardes por no perdernos?

Ay, chico...

No sé qué está pasando, ¿seremos quizás un sueño cumplido?

Serás una ilusión de mi cabeza... no lo sé.

Solo sé que necesitaba escribirte esta carta para cuando me haya olvidado de ella, quería decirte que sí, que sí te quiero, sí tendría una relación contigo, sí a todo.

Pero no te asustes, es un sí tan íntimo y tan secreto que ni yo misma sabía que estaba.

Lo decía, porque te lo debía, tú que tantas veces me lo preguntaste, pero yo en el fondo de mi ser no quería que te fueras.

Quería vivir contigo, no sé si a día de hoy querré, supongo que sí, pero quería contigo.

Quería contigo parar el tiempo, esa calma que aparece de pronto en el ojo del huracán. El tocarte y sentir que si no lo hacía moriría en el intento.

Dios Griego... No eres para tanto ni yo soy para todo.

A veces me salta la duda de si yo era una buena debilidad para ti, otras si de verdad lo que me decían tus ojos era lo que mi alma me relataba.

No entiendo nada, chico.

No entiendo nada, pero no quiero que se acabe...

Me da miedo el compromiso, pero también me da miedo olvidarme de cómo quererte...

Te elegiría y te seguiría eligiendo mil veces, porque ninguno de los otros hombres en mi vida ha sido tanto como tú has sido para mí.

Estoy sintiendo, puede que llegue un día que no lo pueda controlar,

Te miro y veo la luz más bonita del mundo.

Me miras... y es como si acabase de sobrevivir a un naufragio.

Chico, no sé si esto será amor, no creo en parasiempres, sólo sé que pensar en no volver a verte es un vértigo peor que el de estar al borde de un precipicio.

Gracias por estos días increíbles, por la playa, Blanca, Ulea y Ojós.

Gracias por tanta vida de golpe.

Te quiero, libre, pero te quiero.

¿Saltamos al vacío y dejamos que la red aparezca sola?

16/04/2019

martes, 13 de agosto de 2019

4.1. GIRAR (Escribe Conmigo)

GIRAR:

La mezcla del sol con el mar, el viento y la arena, la sal y la piel húmeda. 

Esa sensación que se siente los verdaderos días de verano, la calma. 

Mi alma había vivido con prisa el año anterior, mucha prisa. 

Vivía con el piloto automático en modo supervivencia, sobrevivir es una palabra que suena a casi derrota, pero en mis últimos días era la única forma de mantenerme a salvo de los naufragios de la sociedad. 

Sobrevivir: por encima de la vida pero sin tocarla.

Mi alma vivía en una batalla constante con el tiempo, la clave era intentar adivinar todos los giros de la vida para evitar que el corazón latiera más fuerte de la cuenta.

La cuenta de los latidos que en su día sobrepasaron la barrera de sonido del universo en aquellas situaciones que el resto de mortales llaman amor. 

En la orilla del mar, la chica que siempre tenía prisa, ahí estaba. 

Porque si es rápido el dolor es seco, algo se rompe pero no deja astillas. 

Así viví este último año. 

Hasta que cerré los ojos y todo mi ser comenzó a girar como si la arena me atrapase y me llevase al centro de la tierra. 

Sentí una calidez extrañan, me olvidé de mí y solo recordaba lo vivido. 

En mi piel aún se podía entrever unos ojos marrones de piel morena, me volvieron a encontrar y esta vez no tenía ni miedo ni prisa.

Todo estaba girando demasiado rápido, como cuando era pequeña y daba vueltas y vueltas sobre mí misma hasta casi volar y mi mente viajaba a otros cielos fuera de la gravedad. 

Eso es lo que ocurre cuando alguien aparece, te coge de la mano y de puntillas lo encuentras en un beso. 

Todo gira de nuevo. 

En esa soledad del mar, en aquella orilla un recuerdo desveló mi calma, pensaba que tenía el control mi alma pero no paraba de girar y girar para que me despertara, porque en ocasiones la vida que soñabas la tenías a un beso de distancia. 

Ahora tenía una certeza, tenía que volver a encontrar aquellos ojos marrones llenos de magia. 


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3.3. INDÍGENA (Escribe Conmigo)

Los tambores al atardecer, la belleza de la naturaleza tan salvaje que te deja sin respiración. 


El sabor a origen del universo, el amanecer en la piel.

Los ojos que miran almas, que te viajan y te vuelan. 

La selva en el alma, el sol en el pecho. 


El silbido de la magia que corre por las venas, el aullido del fuego hablando con el cielo. 

La esencia, el ritmo que mueve el mundo. 

La llamada de la tierra, el legado del poder. 

Las generaciones de historias que aún sentimos aquellos que recordamos caminar con los pies descalzos. 

3.2. SOMOS LO QUE DICEN QUE SOMOS (Escribe Conmigo)

El recuerdo del ser es una historia que cuentan las leyendas, dicen que somos fruto de una leyenda.

Existen miles de historias sobre lo que somos, qué somos, cómo somos... 


Pero a mí desde niña hay una que me atrapa con fiereza: "estamos hechos de polvo de estrellas".


Desde que tengo uso de razón miro al cielo buscando respuestas a todas mis preguntas, intentando encontrar el sentido del universo. Sin hallar respuestas alguna. 


Lo único que sabía con certeza es que algún día se acabaría mi vida y algo me mordía el corazón, no podía ser posible. 

Una tarde estaba en Cádiz, un viaje peculiar, me escapé sola a la playa de La Caleta a ver atardecer, en ese atardecer encontré sentido a lo que estaba acaeciendo en mi mente.


El Sol nos dependía con gran belleza y la Luna lo observaba furtiva, recuerdo que la primera estrella me atrapó y me llevó se viaje por el universo.

Podía tocar las estrellas sin quemarme, sentir un dulce cosquilleo en su brillo, una estrella me miró a los ojos y me contó mi historia, quien creía que era yo, quién era en realidad, qué quería ser, qué me decían que fuera... A quién amé. 


Al mirar a los ojos a aquella estrella pude darme cuenta de que realmente nuestra historia tiene un origen en el universo, las estrellas se reían a carcajadas mirando a aquellos seres diminutos vivir vidas de tantas maneras diferentes, pensando tantas cosas diferentes sobre lo que eran, lo que les decían ser. 

Una estrella más anciana me dijo: Niña, nosotras sabemos lo que eres, no hagas caso de lo que te dicen aquellos que nunca supieron vivir más allá de una vida plana sin soñar ni sentir. Déjate ser, conecta con el universo y escucha quién eres desde el fondo de tu alma.


Pasaron los años, cada vez que una estrella fugaz me encuentra sé que es un guiño de mis amigas, que estoy en el lugar correcto. 


3.1. EL ORIGEN DEL MUNDO (Escribe Conmigo)

De niña vivía en mi propio mundo, creía en la magia en las hadas, la vida de los árboles, los deseo de las estrellas fugaces.


De niña vivía en un palacio, paseaba en mi jardín de rosas y vestía vestidos largos. Creía en el amor más puro desde los 3 años, recuerdo aún esa sensación.

El amor es mi bandera y la llevo tatuada en la piel, cuando comencé a ser consciente del mundo de los adultos sentía que no encajaba, no podía ser que no existiera la magia. 

Ahora sé que existe, pronto cumpliré 22 primaveras y para mí el origen del mundo se encuentra en aquellas miradas que albergan un universo. 

El origen de los mundos habita en el alma, si miras bien puedes sentir un cosquilleo como si se te llenara el corazón de aire. 

El origen del mundo está lleno de magia y vida, del latir del universo en un abrazo. 

Podemos definir el mundo con matemáticas, explosiones, leyendas, fábulas y enciclopedias. 

Pero la única certeza que tengo de este mundo es que sin la magia no sería posible sobrevivir. 

Sin amor nuestra existencia no formaría parte de ninguna leyenda,  somos embajadores de este mundo, de esta historia. 

Y en mi historia el mundo son los seres que hacen de esta una existencia memorable.

Una vida de vivirla para contarla. 

miércoles, 7 de agosto de 2019

2.3. AUTÓGRAFO (Escribe Conmigo)

De todos mis almantes guardo un autógrafo. 
Almantes: aquellas personas que llegan a tu alma, despiertan la pasión y el amor y por un instante vuelves a creer en la magia. Va más allá de lo físico, en ocasiones los almantes nunca llegan a tocar se jamás en esta vida.
Autógrafo: el propio trazo que deja una señal auténtica y única de nuestra identidad, de nuestra existencia, el trazo que nos permite demostrar que somos nosotros, espontáneo y personal, intransferible.
De todos mis almantes guardo un autógrafo, una señal que muestra que pasaron por mi vida, a todos les di el mío. 
El primer autógrafo que llegó a mi vida llevaba tenía los ojos marrones y el pelo rubio cobrizo, el autógrafo que me dio era un disco antiguo que cada canción definía su historia, la canción principal de ese disco era una de Jeff Buckley : Lover, you should've come over... Él siempre besaba mi hombro y sonaba esta canción, era pura tristeza y pesimismo a la vez que un segundo de sediento amor.
El segundo autógrafo que llegó a mi vida tenía un calor inconfundible, una calma inefable, me regaló una bombilla pequeña que aún funcionaba porque hay luces que porque no las veamos eso no significa que no existan.
El tercer autógrafo de mi vida fue un mechero, el chico llevaba siempre un mechero encima hasta que una vez me confesó: no fumo, estaba esperando que te dignaras a pedirme fuego alguna vez. 
Después llegaron otros autógrafos: una carta de una baraja, una bufanda de emergencia en noches de frío, un libro, un imán para el frigorífico, el ambientador del coche, un sacacorchos, una copa de vino, las palomitas de un cine, un sobre de sal, una canica, un pendiente perdido. 
De muchos no recuerdo si dejaron algún autógrafo, de muchos otros tal autógrafo no lo quise conservar.
Yo casi siempre he dejado algún autógrafo, como si fuera una delincuente dejando pistas para ser encontrada: regalé una bola de nieve al chico que me robó un pañuelo con la excusa de volver a verme y nunca me volvió a encontrar, envié postales que siempre llegaron tarde, les regalé alguna que otra estrella, lazos de tela como pulseras. A mi primer amor le hice un cazasueños para que nunca tuviera pesadillas. Al segundo le regalé una pulsera que creía que había tirado y luego me sorprendió ver que la llevaba en la palanca de marchas del coche. Al tercero le regalé una moneda pintada con una luna y un corazón.
A otros muchos, les di muchos autógrafos, momentos únicos y singulares: una caja de cerillas, una piedra, una libreta, un secreto, una palabra que solo fuera nuestra, ese adjetivo era cómo yo siempre los guardaría en mi vida, porque guardar con nombres y apellidos una historia es más difícil que con lo que significaron en verdad o por lo menos, gracias a la palabra a la que ellos cobraron sentido.
De todos mis almantes guardo un autógrafo, menos de uno, el único del que aún no he encontrado un solo autógrafo porque  cuando coexistimos parece que viajamos a una dimensión paralela a este universo y en ese lugar no existen autógrafos, solo almas haciendo de las suyas.
Algún día, cuando consiga un autógrafo de esa historia podré escribirla... Hasta entonces es como si no existiera. 
Los autógrafos son la prueba de que existimos comienza con un nombre, una rayajo que nos define. 
En mi trabajo cada día veo cientos de firmas, esas firmas me permiten imaginar cómo serán los autógrafos que otras personas guardaron de su existencia... 
El autógrafo es la huella de un recuerdo de lo que fuimos, somos y seremos. 
La única forma mortal de demostrar que estuvimos vivos. 

martes, 6 de agosto de 2019

2.2. FOTOGRAFÍA ( Escribe Conmigo)

Fotografía:

El objetivo de una cámara siempre me pareció un ojo divino capaz de capturar el alma, desde muy pequeña antes de exponerme a una cámara pasaban por mi mente los momentos más importantes de mi vida para que si me inmortalizaran para siempre alguien algún día pudiese leer en mi mirada mi verdad. 

A su vez, me sentía desnuda ante el objetivo, desnuda de secretos. Los fotógrafos para mí son artistas del instante utilizan su cámara para afinar la mirada y disparan a un latido del corazón. 

Una vez conocí conocí a un fotógrafo peculiar, que quería seguir conociendo. Tuvimos una conexión muy fuerte desde la primera vez que me disparó sin permiso, algo estaba sucediendo: de su cámara no tenía miedo.

Una noche me invitó a pintar con luz, es una técnica novedosa de fotografía que gracias a una alta exposición la cámara va absorbiendo toda la luz que hay en el ambiente, me parecía alucinante esa técnica. Si bien es cierto que para hacer una foto buena necesitas toda una noche, con suerte, el poder coger una luz y dibujar bajo el cielo de estrellas era una sensación increíble. 

Hicimos un buen equipo, yo le ponía alma en sus fotos, él la técnica. Buscábamos el lugar perfecto y los elementos luminiscentes que mejor encajase con la composición, en una ocasión recuerdo una foto especial: yo tenía que estar quieta sujetando una luz en mi mano de espaldas por un camino salvaje, él mientras a mi alrededor dibujaba finas líneas de luces iluminando mi figura, cuando vimos por primera vez el resultado los dos supimos que estábamos haciendo un buen equipo.

Fotografíamos la luna, expresábamos qué sentíamos a través de una simple foto compleja. En otra ocasión, entre los dos comenzaban a aparecer los nervios y los piques, éramos incapaces de hablar de sentimientos juntos que no fueran acerca de la fotografía entonces su cámara se volvió nuestro lenguaje. En esta imagen fue como si un escudo de fuego saliera de nuestro ser estando subidos en una roca; la última que hicimos juntos como si una luz divina saliera del pecho. 

Cuando el sentimiento que estaba naciendo por él ya era demasiado intenso no miraba el objetivo de la cámara, hasta que me volvió a capturar.

Yo siempre le decía: ve más allá de esa cámara, mira aquí tenemos un trozo de alma, una historia, un sentido.

Pero quizás, hizo caso omiso de mis indicaciones, para guardar esas imágenes como un secreto. 

Nunca vi esas fotos en las que aparecía, solo tuve la primera.

Esas imágenes se convirtieron en un secreto... Porque nunca tuvimos el valor de ver más allá del instante que teníamos delante. 

Desde que lo conocí descubrí una curiosidad: los fotógrafos son cazadores de historias pero no quieren que nadie descubra la suya.

De vez en cuando vuelvo a fotografiar estrellas, sola y con el objetivo del smartphone. 

Pero he vuelto a pintar en el universo alguna que otra historia y capturo lo bonito que me rodea en el momento preciso para convertirlo en eterno, sin olvidar nunca que un trozo de alma vivirá siempre en esa imagen. 

La fotografía es el mayor acto de rebeldía contra el olvido. 

2.1. PERFUME DE CADÁVER (Escribe Conmigo)

Lo único que me quedaba de él era el sabor de los cigarrillos de Winston y el olor que estos dejaban en mi piel, algo tan horrible como fumar era la única manera de mantenerme aferrada a ese recuerdo. 

Daba caladas intensas cerrando los ojos y explulsaba el humo con fuerza para alejar los fantasmas, los momentos que andaba distraída se inmiscuían en mi mente los recuerdos de amor y dolor que tan intensamente viví a su lado. 

El olor a tabaco era lo único que quedaba vivo de aquella historia... La única cicatriz de su existencia en mi vida era esa, ahora era otra chica una chica más fuerte, menos soñadora, más real, más fría, más ligera. 

Cuando me corté el pelo dejé a un lado el sentirme presa, esa fue la primera liberación, las semanas pasaban ligeras pues estaba centrada en vivir una vida digna de recordar y ser la mujer que en un futuro siempre soñé. 

Los sábados era el único día que salía de mi rutina, bailar me hacía sentir libre, pero un sábado que no era casual apareció y me encontró. 

Me sentí vulnerable en mucho tiempo, creí tener el control de poder controlar el pasado, olvidarlo y vivir, como él me convenció, como siempre. 

Volví a ser sumisa a sus encantos, a sus manos, a sus besos, estábamos en el rincón de siempre. Hicimos lo de siempre, pero ya nada era igual. 

Yo sentía su anhelo de mi piel, yo anhelaba aquella sensación de paz y calma, pero no la encontré. 

Me encontraba abatida, abandonada en otro cuerpo que no era el mío, abrazada por un ser que creía amar. 

De pronto algo en mí se activó, de forma salvaje di los pasos exactos para noquearlo de placer, quería salir corriendo, pero antes debía cometer el crimen perfecto. 

Cuando estaba exhausto entre mis brazos le di mi sentencia: te quise más que a nada en este mundo, fui tan idiota de querer salvarte de esa oscuridad en la que vivías, pero acabé perdiéndome yo. Me pediste que te perdonara y lo he hecho, me has pedido una oportunidad y la has tenido.... Pero todo acaba muriendo, hasta lo que creía que era inmortal, ya no soy tu chica de artes, hoy has estado en mí pero no conmigo. Espero que lo único que te quede de mí sea un recuerdo, porque acostarse con el pasado es la forma más exacta de sentir la muerte en el vacío de unos ojos.

Me vestí sin preocuparme, sin prisas, sabía que en ese momento acababa de lapidar un recuerdo. 

Al llevar a casa no recuerdo si lloré bajo el agua de la ducha, lo que sí sé es que su olor impregnado en mi piel ya solo me producía repugnancia, la angustia de la muerte en vida.

Enmascaré su olor con mi perfume, con la certeza de que nunca más volvería a perderme. 

1.3. BELLEZA INDÓMITA (Escribe Conmigo)

Belleza indómita:


En ocasiones la piel esconde nuestro mayor tesoro: el tiempo. Vivimos rodeados de piel, la piel con la que conocemos el mundo que duele, gime, llora, ríe, ama... En definitiva: siente.

Pero olvidamos que esta piel es a su vez un lienzo en el que otras personas van dejando sus huellas y los días de sol radiante aparecen nuevos mapas por explorar, coordenadas de las constelaciones que nos llevan al cielo. 

Llega un día, sin saber que ese día ha llegado, que de golpe te descubres en la selva de la sociedad, escondes tu piel de desconocidos bajo capas de maquillaje y telas finas, te conviertes en otra piel, una que no has vivido. Ese día te encuentran, desisten toda fachada con la sutileza de una serpiente trepando por tus rincones, abres los ojos y estás ante un espejo, otra piel, sin nada que esconder con todas sus historias incandescentes la belleza de la pureza te abruma, quieres tocar esa piel, conocerla, sentirla, agarrarla, pero es a ti a quien descubren.

Descubren que todo lo que escondías es una obra de arte convertida en historia, es tu historia. 

Y como quien visita un museo entra en la salvaje selva de otra piel... 

Mi piel en este caso está repleta de estrellas fugaces y cada vez que un visitante se acerca me vuelvo incandescente.

Cada vez que descubro una piel una nueva estrella aparece en la mía... Y yo, curiosa por naturaleza, comienzo la expedición por  la naturaleza de su historia, lo salvaje de la esencia del ser que esconde una piel si aprendes a sentirla.

La osada belleza del vivir en un instante infinito pero tan efímero como la exactitud de la chispa de esta estrella que acaba de grabar en mi piel un suspiro. 

1.2. INTROSPECCIÓN (Escribe Conmigo)

INTROSPECCIÓN:

Ayer soñé que unos malvados científicos querían robarme los recuerdos para dárselos a un androide, ellos querían suplantar una vida humana con la de un puñado de huesos de metal, cables y coraza de acero. Me desperté sudorosa y angustiada entre gritos, no quería que supieran qué  tesoros guardaba en mi cerebro, o el corazón, según donde se considere que habita la memoria... 

Ese sueño, el temor por perder mi bien más preciado me hizo descubrir un nuevo temor, el que salieran a la luz aquellas recuerdos que guardamos sin palabras bajo siete llaves. 

Freud lo llamaría inconsciente o ello, yo diría que son miedos, esos miedos tan íntimos y tan bien escondidos por los que paseamos de vez en cuando, cuando nos sentimos inseguros y vulnerables. 

Descubrí un miedo peculiar: el olvido. Pensar que todas mis historias no podrían volver a pasear por mi mente me parecía una de las cosas más tristes de esta vida, por eso el escribir, por si algún día perdiese la memoria pudiese volver a ella....

A la tarde, fuimos a la playa el mar estaba en guerra por lo que nos quedamos en las rocas a ver atardecer. Recuerdo que me bañé en sus ojos, al vernos en los ojos reflejados de otra persona dentro de nuestra alma se da un vuelco, si la persona es la indicada. 

Me sentí la persona más pequeña del mundo con el sentimiento de paz más grande. Yo andaba callada, solo lo miraba y reía, él me miraba con la intensidad como se mira el mar. 

Me sentí tan vulnerable como en el sueño, pensé que él iba a descubrir mis secretos en esa mirada tan cerca, tan transparente. 

Pensé que él descubriría otro de mis secretos: el miedo a encontrar en una mirada un amor de esos que nunca olvidas, el silencio de un te quiero. 

Me sentía tan vulnerable al borde de caerme por las rocas y decirle al mar que me llevase con él... 

Pero entonces él rompió el silencio: es una sensación increíble ver que estoy dentro de tus ojos, dentro de tu alma. 

Me besó como si los besos hablaran... 

Y desde entonces, desde que existen los besos se me olvida que los miedos solo son como monstruos debajo de la cama. 

lunes, 5 de agosto de 2019

1.1. TRAICIÓN (Escribe Conmigo)

(este texto es el primero de participar en un proyecto llamado Escribe Conmigo, hace un par de semanas)


Disparador: Traición 

Llegó a destiempo a mí vida, siempre a tiempo. Yo andaba distraída en vivir una vida equivocada, tú andabas a media estrella de vivir la vida que soñabas.


La mayor mentira fue no decirte nunca a tiempo que te quería, la única verdad que teníamos fue aquella mirada y la brisa del mar.


Tú te fuiste antes de tiempo, yo me quedé hasta que subió la marea en nuestro rincón secreto. No estaba triste, pero los colores del mundo eran diferentes, era de día y no aparecía ni una chispa de magia por ningún rincón de mi alma.


Han pasado ya varias semanas y kilómetros desde que no volví a verte, sí, echo de menos esos ojos de mar pero no puedo obviar que esos ojos algo tramaban, un final inesperado un final que nunca sabremos si era el final, sin final. 


Desde entonces ando como si mi cajita de música estuviera rota. No cuestiono el amor, no creo ya en su magia.


Llegó otro hombre, con ojos más verdes que los tuyos, con olor a verano. Me encontró y estuvo en mí pero nunca entró a mi mundo, él sí llegó con fecha de caducidad, tenía novia en Italia pero ansiaba conocer a una española. ¿Qué hice? Borré de mi mirada el amor y volví a la más pura esencia animal, agresiva y sutil de deseo, sin beso de despedida. Estuvimos juntos cuatro días, reímos y nos hicimos de placer, pero al sentir que un sentimiento llamaba a mi puerta salí de aquel hotel, le dije "la veritá" : no volverás a verme porque esto siempre fue una aventura, no puedes conocer mi mundo y yo nunca voy a formar parte del tuyo, buen viaje de vuelta a tu vida, has sido una bonita aventura.


Salí de aquel hotel con la certeza de que no había matado a nadie, que habíamos cometido el crimen perfecto, sexo sin control y risas sin tapujos, pero algo en mi interior se rompía, si no hay amor no importaba ser la otra parte del engaño, él sí tenía su amor en Italia... Yo el mío no sé si fue amor, pero mis primeros ojos verdes estaban en Holanda.


Vivimos confundiendo amor con sexo y rutina con amor, buscando de vez en cuando una aventura sin nombres y sin mundos que nos haga sentir vivos, amados y desconocidos por un momento.


No está bien, pero ocurre. 

Al llegar a casa me quité con agua toda la estela que dejó en mi cuerpo la aventura de otro, el engaño de otro. 


Abrí el baúl de fotos, me descubrí fría y confusa.


Descubrí que nunca olvidaría los primeros ojos verdes, aquellos en los que mi alma se reflejaba en la suya y, como quien comete un delito, le escribí: Hola, chico... ¿Qué tal es un verano sin Murcia? 


Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...