Los tambores al atardecer, la belleza de la naturaleza tan salvaje que te deja sin respiración.
El sabor a origen del universo, el amanecer en la piel.
Los ojos que miran almas, que te viajan y te vuelan.
La selva en el alma, el sol en el pecho.
El silbido de la magia que corre por las venas, el aullido del fuego hablando con el cielo.
La esencia, el ritmo que mueve el mundo.
La llamada de la tierra, el legado del poder.
Las generaciones de historias que aún sentimos aquellos que recordamos caminar con los pies descalzos.
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