viernes, 30 de junio de 2017

Sí o sí, saldrá el Sol.

Ya no tenemos 17, ya no tenemos esa inocencia desmedida, esa ilusión a bocajarro, esos pies sin miedo a tropezarse.

Ya no tenemos 17. Por desgracia o por suerte, pero el sol ha seguido apareciendo cada día sin que nada se lo impida.

No tenemos 17, ni volveremos a tenerlos numa. No volveré a tener 19 cuando pasen dos meses ni los mismos exactos días que tengo hoy. Mañana será uno más o uno menos, prefiero sumar ante esa disyuntiva.

Ya no tengo 17, ya no existe ese teníamos. No me encuentran tan desnuda, ni tal ilusa ni tan creyente. Sigo siendo una niña, sí, pero ya no son los dulces 17.

Tú no existes, aquella de mí algún día tampoco.

Quizás sea una mujer más madura, más ocupada, con otras preocupaciones, con otro ritmo.
Crecer era otra historia distinta de la que nos contaron, quizás por eso esta crisis de los veinte.

Esta crisis de sentir que el tiempo pasa, que nadie es indiferente a la vida.

Sin embargo, merece la pena, echarle esa chispa, esa magia; la calderilla de los sueños que ahorré.

El dolor del trabajo en los músculos, la responsabilidad del futuro.

Pero esa pequeña fe en lo ensencial sigue intacta, la llama sigue viva.

Hace viento, el aire se revela contra la quietud, pero falta ese impulso, esa coincidencia y todo volverá a arder con ansia.

El incendio del amanecer mañana, el beso escondido en la comisura derecha, el quizás y la integridad.

Íntegra, en mí.

En la elección de la calma, en el soltar los nudos que dejan marcas y respirar, que mañana llegará de nuevo la vida.

Que el amor no se escapa.

lunes, 26 de junio de 2017

Una tregua con el aire.

He decidido darme una tregua con el aire, olvidar que a veces la vida, hay veces que se lleva media de golpe, te regala una entera de nuevo y el pasado se queda a vivir bajo la sábana del colchón.

Amar es demasiado rápido, si es intenso, más intenso será el olvido. Es directamente proporcional.

Luego de golpe desaparece, desaparece la vida como un instante, recuerdas que estuviste, sientes que estás viva, pero no encuentras los motivos por ningún lado para sustituir los fantasmas por ilusión.

A veces pasa, a veces te vuelves demasiado difícil cuando antes todo era demasiado fácil.

Te vuelves difícil, complicada, como si todos los trozos de cuando te quedaste rota volviesen de nuevo a formar parte de ti pero desordenados.

Pierdes el tiempo, pierdes los minutos, las horas y casi casi que se te escapa la vida.

Entonces te preguntas: ¿qué me pasa? ¿qué quiero? ¿qué cojones estoy haciendo aquí y por qué coño no me he ido antes?

Entonces algo se duerme, el aire envenenado del pasado deja de ser el que entra. Ya no inspiras a cada instante un recuerdo.

Entonces decides marcharte a algún lugar, pero no puedes irte...

y entonces, otra vez, buscas la mejor manera posible de volver a volar y es que antes de volar... hay que ir, lentamente limpiando todo lo que pesa.

Y pedirle, al nuevo aire, que se lleve todo lo que resta, que no está la vida como para perderla.

Quizás la clave esté en que los años cada vez te hacen menos ciega, pero querida última y primera...

Nadie podrá detener tu primavera.

viernes, 16 de junio de 2017

Desapareció, como un soplo de viento.

C A L O R. 

Estás entre mis piernas, entero. Estoy en ti, entera. 

Sin ropa que merezca la pena conservar, sin nada que pueda entorpecer este momento. 

Estamos en la parte de atrás de tu coche, joder. Bendito verano. Tiemblo en ti, entera. Me abrazas como si fuese a desaparecer, me acaricias para que no termine de volarme. Me llevas a las raíces de la tierra, a lo más profundo y hondo génesis del universo. 

Entonces de golpe el tiempo se detiene... me silbas un silencioso soplo de aire que es vida, como si fuese un deseo. Un soplo de viento. Ese aire que hace saltar las chispas de este fuego. 

Todo lo que alguna vez pudimos pedirle al cielo estaba escrito en aquellos cristales empañados. 
Todo estaba dicho en aquellos instantes en el que aquel tiempo; tiempo de verdadera vida. 


Pero el verano duró hasta diciembre, hoy volvió ese verano (ese mismo calor). Pero tú ya no existes, sólo existen las letras emborronadas de aquella matrícula que ahora llevará otros alientos, otros latidos... que nunca más serán los mismos como tantas de aquellas veces. 

Si te encuentras entre estas líneas no te asustes, no existes. Esta sensación en mi piel me hizo inevitable escribirte, porque hay personas que nunca volverán a tener ese mismo nombre, esas mismas letras, esa misma voz de idiota. Ni siquiera esa estúpida mirada que podría derribar tanques, nada de eso queda, solo una sensación... un instante que nos visita aunque sea a destiempo. 

Un mero soplo de viento que, igual que viene, desaparece. 

Eso queda de aquel calor que no hay manera de deshacer del cuerpo, que aún no entiendo muy bien de dónde ha salido. 

Pero shhhh, que aquí no ha pasado nada. 

Shhhh, que la "enana" se hizo tan diminuta que no volverás a encontrarla por aquí, ya no existe. 

Cscrrbs, lo poco que queda de aquella palabra que ahora mismo es un esqueleto es la "c" de calor. 

¡CHIM-PÓN!

viernes, 9 de junio de 2017

Sin tacones, de puntillas por las nubes.

(L),

Ele tiene forma de corazón, por «L» empieza su nombre pero para mí es mucho más que cinco letras.

Es la «L» de Amor en inglés, sumándole la grafía en castellano en dosis doble, dibujando una cUrva en forma de sonrisa después, terminando en Risas de esas que solo entiende la Amistad.

Esta chica, me encanta, me vuelve totalmente loca y eternamente yo.

No tenemos citas previas, ni mensajes abusivos ni nos vemos todos los santos Domingos, pero siempre somos nuestras, nuestras pero del viento.

Basamos la vida en instantes, salimos a pasear por las nubes. Dejamos a un lado los relojes y las redes, somos libres. Por eso es mi suerte. «L» es un poco normal y mucho increíble.

«Con su burbuja de cristal y mis rarezas».

Parece como si los semáforos se pusieran en verdes solo para nosotras, el mundo nos tocase canciones y las cicatrices dejaran de ser secretos.

Confío en ella, me confío tanto que si me dice salta y caigo al suelo, acabaríamos rompiendo tímpanos de la risa. Porque siempre quedará alguna cerveza con la que celebrar o arreglarlo.

Y es que cariño, te quiero. No soy demasiado expresiva desde la vida adulta, pero tú consigues encontrar esa parte de mí que me trae de nuevo a los pequeños detalles, a las monedas, al piti, a la tarjeta del parking, al ajedrez, al olor a nuevo, al placer, a las pipas, a las serenatas  y a la luna llena.

Queridísima, amiga:  estamos para siempre. Sin condiciones ni caducidad, porque nunca hemos exigido de más, ni mostrado de menos.

Somos tal cual, sin peso que cargar.

Por eso es tan fácil ver cómo el mundo revive y nosotras caminamos por el cielo con las puntas de nuestros pies.

Teníamos que conocernos para darle sentido a todo esto.

Gracias por uno de los días más sencillos, intensos, bonitos e increíbles de esta aventura.

La magia no entiende de dobleces.

Y tú, te quedas aquí para siempre.

Por muchos años más, hoy celebro este instante, por si fuera el último.

miércoles, 7 de junio de 2017

Una mirada..

Una mirada que aún no sé muy bien cómo explicar, como un niño pequeño que sabe que no se ha portado bien.

O como un adulto que se ha dejado la cartera en casa.

La mirada que no entiende muy bien cómo reaccionar, que nadie habla, que nadie baila.
Una mirada que congela el tiempo.

Un poco de culpa y un mucho de mar.

La sal del tiempo y la brisa del presente, eso era lo que me dijo con la mirada.

Un quizás, una conversación pendiente.

jueves, 1 de junio de 2017

El pañuelo perdido,

Hola, caballero:

Te escribo esto hoy que me he acordado del pañuelo que perdí, bueno para serte sincera quizás no me he acordado únicamente hoy pero me parece una buena excusa.

Parece que no ha pasado nada de tiempo, pero a la vez ha pasado el suficiente como para que la vida haya cambiado demasiado.

Ya se pasó esa emotividad desmedida, esa zalamería y ese juego de hacer magia por los rincones.

He de serte sincera, y no intentar adivinar más de lo que ya intenté.

Intentaba ser más fuerte contigo de lo que de verdad era, intentaba obviar que me habías cambiado en parte, al igual que intentaba apostar cartas de una manera sutil, pero desde la retaguardia, aunque me enfrentase cara a cara a ti.

Creo que contigo es con quien más silencios he guardado en toda mi vida, y ni siquiera aquí me he atrevido a desnudarles.

En este tiempo he aceptado mil errores que yo misma negaba, sobre mí, sobre mi vida.

He dejado de verlo todo tan ideal, para verlo más adulto.

No era una niña grande, era una niña pequeña; y la incongruencia llega cuando vives en una sociedad de adultos más que de adolescentes.


Tocaba crecer, tocaba crecer y yo no quise verlo.

No quise entender que a veces lo único que necesitas es no pensar tanto, no analizar tanto, y no jugar tanto a tensar cuerdas mentales hasta agotarnos y cortar la cuerda con unas tijeras de plástico, haciendo más daño en el proceso de cortar que en el corte en sí.

Quizás por eso aún hoy te escribo, cuando he invertido semanas en intentar entender qué era todo, todo lo que en mi vida me ha traído hasta aquí.

No sé nada de ti, eso es lo complicado, no te conozco apenas. Porque ya no confío en los recuerdos, ya que ellos solo daban forma a mis cuentos. Pero la verdad, es que a pesar de que he intentado reescribirlos hay partes que no hay manera de transformarlas, que siguen intactas.

Y, por eso mismo, quizás deba escuchar un poquito más y hablar un poquito menos.

He de confesarte que una fuerza sobrenatural me impide volver a ese páramo, he pasado por allí, pero ni la inspiración, ni el color, ni la concentración, ni el olor son los mismos. Es lo que tiene vivir momentos tan diferentes y que de golpe todo vuelva a una escala de grises, neutra y sin música ni silbidos.

He caminado descalza, he caminado tanto que he conseguido encontrar algo de significado a mis huellas y entender que la parte de mí que conociste, no era del todo yo. Había una parte escondida, como la excusa de aquel pañuelo para una próxima cita.

También he de decir que he vivido, que he viajado por aquí a otros lugares, que he conocido un poco más esas cicatrices que gritaban en mi cuerpo y yo disimulaba.

La vida no es tan fácil, ahora soy yo la que llevo semanas encerrada en mí misma, en contacto con el mundo pero oxidada, desafiante.

He decidido quitarme filo, dejar la armadura colgada en los barrotes de la cama y ser sincera con todo lo que esconde mi piel y mi pelo rizado.


Sé que por la vida, no volveré a encontrarte a menos que tú quieras. Que si hago memoria de la última vez que te vi un sabor amargo aparece. No me entiendo, y no he sido capaz de seguirnos el hilo.

Quizás ya tampoco quiero entenderlo, que hay ciertos enigmas que son bellos por el simple hecho de ser una incógnita.


Ya se me pasó la rabieta del pañuelo, de no tener respuestas, de querer saberlo todo en bandeja de plata.

Ya se me pasó la rabieta porque había ciertas cosas que ni yo sabría qué responder.

Quizás ahora sería más sencillo, más sencillo afirmar y reconocernos. Más sencillo discutir sin escondernos, por miedo a que descubramos algo de nosotros mismos que nos dé miedo a encontrar.

Lo que nos hace únicos en la vida son los errores que cometemos, los rincones que encontramos y los cafés que compartimos.

No hay más, me resumo en eso. Me resumo ya no tan histriónica y más humana. No era para tanto, pero sí era suficiente para escribirte.


Espero volver a encontrarte, sin tensión y sin reproches.

Porque un insignificante pañuelo ha dado mucho que escribir, y si lo hubiese perdido podría haber culpado al destino. Pero esta vez fue más una causalidad que casual, y con eso basta.

Ya no intento entender, solo quería que supieras que quizás hablé demasiado rápido mostrándome de menos.

Que quizás te diga más ahora que en todos los otros meses, y como decía Peter Pan: "crecer es aprender a despedirse".

Me despido por ahora, con la calma y un sentimiento extraño que no ha desaparecido del todo, pero es bonito tal cual.

¿Sabes lo único que odio de la vida adulta? Que a veces olvidamos la sinceridad de los niños, nos sentimos indefensos ante estupideces y valientes  cuando  podemos escondernos.

Intentaré no esconderme más, quizás tenga algo de hipermnesia... por eso quizás viva con recuerdos de más, en este lugar donde habitan.


Todo acaba, supongamos...

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...