domingo, 13 de septiembre de 2020

El último domingo del verano

 Técnicamente aún nos queda un domingo este verano, pero mañana los niños vuelven al cole... 


Mi prima Laura no ha pensado que al verano que viene sus sandalias brillantes ya quedarán pequeñas y Alejandro seguirá con esa sonrisa de duende pero cada grande. 


Esta última tarde del verano me ha abrazado una leve melancolía, de la infancia que se nos escapa, los veranos que esperamos que nunca acaben y septiembre que no perdona. 


Todos los años septiembre era el mejor mes del año, los algaideros bien teníamos nuestras fechas reservadas, para saludarnos, para reencontrarnos, para brindar, para bailar, para disfrazarnos, para por lo menos una noche esperar que abriera el bar del cuco a desayunar bien desayunados y llegar a casa a dormir a ritmo de pasacalles. 


Con unos días tan bonicos como son nuestras fiestas, nunca había sido consciente de si la tristeza era por si se acababa el verano o aún teníamos por delante un año entero hasta las próximas fiestas. 



Es el último domingo de este verano y aún tengo un amor entre los dientes, de esos de los de toda la vida. 


Flipy, tantas veces él, como siempre y a su vez como nunca. 


No recordaba que el amor habitase dentro del pecho haciendo cosquillas y a su vez dando tanto vértigo que no sabes si tragar aire antes de verle y suspiras de vez en cuando cuando el amor se convierte en algo así como un secreto y la mayor verdad. 


Tengo un poco de nostalgia en los ojos mezclada con magia, de esa que tienen los niños y al crecer se nos escapa. 




Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...