Odio enfadarme, y tú lo consigues.
Lo consigues con ese juego tan extraño al que juegas, del despiste, de buscarte y sobre todo de mentir.
Odio, odio las mentiras y lo sabes, no hay nada que me duela más que eso en este mundo.
Y tú, miserablemente has conseguido que me crea todas tus mentiras.
Un ladrón de tiempo y un experto de la expectativa de algo que nunca llegará, ya está bien de jugar con la gente y no hablar claro.
Ya basta de juegos, de rompecabezas y de ajedrez.
No seré perfecta, pero soy fiel a lo que me comprometo.
Y si algo me enseñaron una vez, es que el tiempo de otra persona es incluso más valioso que el mío propio.