viernes, 6 de septiembre de 2019

6.2.3. Gasolina y té para tres (Escribe Conmigo)

Tenía prisa, estábamos al borde del abismo del tiempo. 

Tantos días y tan poco tiempo, así funciona mi vida desde que tengo uso de razón, o por lo menos, desde que descubrí que la prisa es una buena aliada para no morir de realidad. 

Tuve que parar para repostar, en ocasiones la vida va en línea paralela a las prisas y al momento, llegaba tarde, como siempre, será mi peculiar manía de creer que el tiempo que llevamos en la muñeca nos pertenece, haciendo que cada segunde dure tanto como nos gustaría. 

Apuré el motor y mientras iba en carretera me pintaba los labios de rojo, quizás porque sabía que ese día no habría beso, era el luto perfecto para el funeral que nos esperaba. 


Iba de negro, porque en ocasiones el color huye de nuestra alma y los días soleados no sirven nada más que para atrapar un trozo de la luz que nos falta. 


Llegué a mi destino casi sin pestañear, me temblaba el pie del acelerador y eché el freno de mano; ya no había salida. 

Tanto había deseado que llegase ese momento que de golpe a un instante de volver a verle ansiaba que solo fuera un espejismo, sentí cómo me precipitaba por el abismo de las emociones cuando lo divisé al otro lado de la acera, mirando el sol con los ojos cerrados: él también tenía miedo. 

Sentí su leve sonrisa al otro lado de la carretera recorrió cada uno de los pasos que di hasta llegar a su altura, no dijimos nada. 

Nos miramos como se mira aquello a lo que siempre has amado pero nunca pudiste tener. 

- ¿ "Un té"  ? -  el "quiero" retumbó en mi alma. 

Nos sentamos en nuestra mesa de siempre y el camarero que intuyó nuestra historia trajo una tetera grande... más de dos tazas. Parecía que todo estaba preparado para que el funeral se alargase. 

- "Me he permitido traeros un té nuevo que nos han traído de muy lejos, dicen que es el té de "La Verdad". 

Él aceptó con una sonrisa mientras yo miraba aquella tetera con un halo de esperanza y pánico a la vez, nunca le he dicho la verdad. 

Mientras servía el té escudriñaba mi silencio, yo estaba centrada ver caer el hilo de agua... él se detuvo de pronto: 

- "Me alegra verte, te he echado de menos"... 

En ese momento el entierro de aquella historia se disolvió como un azucarillo en el agua caliente. 

- "Yo te he echado de menos muchas veces, esperando que algún día fuera la última". 

- Pero yo no quiero que hagas eso... que vuelvas a desaparecer. 

Su mirada me suplicaba en ese instante que le cogiera de la mano, pero el miedo de sentir de nuevo otra despedida era aterrador. 

- Pero yo estoy cansada de vivir despidiéndome de ti... 

- Pues no te despidas nunca más. 



Se saltó todas las reglas... alargó su mano y la posó en mi cuello acariciando mi mejilla. 

Cuando abrí los ojos estaba en su abrazo, un abrazo de esos que solo se dan con el alma en los que los relojes se rompen. 

Me cayó un poco de agua de los ojos. 

Bebimos té para tres, él, yo, y todas las historias que nos esperaban.... 


No podíamos parar de reír, hablar y volar. Era una sensación muy extraña como si hubiesen llenado de gasolina mi alma. 


Al atardecer, como siempre, me besó y ahí comenzó un nuevo día. 

6.1. Entre dos aguas (Escribe Conmigo)

Ahí estaba yo, sumisa al viento entre dos mares, uno bravo y fiero y otro sereno y suave.

Así estaba mi alma mecida por el viento que me brindaba los susurros del mar. 

Era fácil distinguir distinguir las palabras que dejaba en la arena fina, versos de vidas de aquellos que alguna vez se prometieron amor frente al mar. 


Ahí pude divisar nuestra estela, vi nuestro amor en aquellos días dorados, tus ojos cuando me mostraron el mar más bello jamás visto, el de su alma.

Mi mar y su mar se fundieron en uno, ya nunca jamás volveríamos a ser los mismos. 

Hace meses que no nos vemos, sin embargo dentro de mi ser aún siento esa mezcla de los dos mares, no puedo sacarte de mi alma ya que una parte de mí siempre te pertenece. 


Ya han pasado muchos años desde que nuestros caminos de agua se cruzaron, hoy volvió a llover. 

Y cada vez que vuelves, el cielo llora de emoción ante la posibilidad de encontrarnos. 

Como cuando nuestro primer te quiero sin miedo fue bajo la lluvia, como cuando bailo descalza bajo la lluvia y tú me acompañas. 

Y es que las hogueras se acaban extinguiendo, pero el agua es indestructible. 

Ya puede congelarse, evaporarse, sublimarse, condensarse, licuarse... Pero nunca desaparece. 

Por eso tú siempre formarás parte del mar de mi alma. 

5.2. MUNDO (Escribe Conmigo)

Suena John Lennon con su canción de Imagine, el mundo se une y la tararea, culturas, razas, países, se conectan al son de una única melodía.


Sonríen a pesar de la barrera del idioma, complicidad.

Bailan con el alma en fiesta cada uno a un ritmo diferente. 


Comen y beben para celebrar esta existencia. 

Se miran como si la magia existiera... 

Laten como si todo fuera un único corazón. 


Viven como si fueran a morirse de vida. 


Cuando el dolor se atisba dejan de hacer lo anterior, cuando el amor vuelve todo gira de nuevo. 


El amor, el motor del mundo. El punto de inflexión ante las diferencias, el cable a la misma tierra de los 7 millones de almas que habitan en este globo de colores azules, marrones, rojizos y verdes. 

¿Cuál es el color del mundo? Mira a los ojos de la gente, cada persona tiene un pigmento peculiar con esos iris puedes encontrar cada pigmento de este mundo, el nuestro.

Los colores de las miradas son los que colorean el mundo. 

5.1. Rápido y fijo (Escribe Conmigo)

Los días han pasado rápidos y fijos, el síndrome vacacional coincidiendo con una vida rápida ha dado lugar a que el tiempo se detenga y todo suceda de una forma diferente. 



Me halló frente al mar, en una terraza acristalada donde frente a mí tengo la inmensidad del mar mediterráneo, ruge y con el viento quiere llevarse todos los ecos del pasado, de la rutina. A mi espalda hay otro mar. El lugar específico se llama La Manga del Mar Menor, una carretera infinita de varios kilómetros conectada por un puente que separa dos mares, uno rápido y bravo y otro fijo y sereno. 

Hace sol, yo no quería venir de vacaciones porque para mí parar significa vértigo, tiempo para pensar en todo aquello que la rutina no te deja. 


Conclusión: todo está bien, era necesario... Y el mar mece el alma como a un niño pequeño la cuna. 

4.3. Me gusta inspirarme inhalando (Escribe Conmigo)

Desde que descubrí que con un papel y un bolígrafo podría plasmar lo que mi mente vivía a la edad de ocho o nueve años no he dejado de escribir. 

Al principio y al final siempre acababa escribiendo sobre un tema central: el amor.

Una chica que a la edad de 15 años se puso de seudónimo "La Última Romántica", y comenzó escribiendo por precipicios y acabó en las palabras de aquel silencio.


Siempre el amor, el motor del mundo.  

Me pregunto qué vino primero la inspiración o el amor.

Sentir tristeza, miedo, incertidumbre, dolor, alegría, paz, calma, deseo... 

Cuando no sentía nada caía en un vacío oscuro de no tener palabras en mis labios, de no remover mi alma, no me sentía viva. 

Para mí escribir es esa inhalación de aire que precede a un suspiro y llena tu pecho de cosquillas, esa sensación ante el abismo de una hoja en blanco de una hoja en blanco que nos aporta la efímera certeza de que estamos vivos. 

Entonces el amor se convirtió en una droga, vivir era el fin de esta existencia pero sin escribir no me sentía viva. 

4.2. CASTIGO (Escribe Conmigo)

Lo miré con alevosía, pasaron los últimos meses como quien únicamente se dedica a tachar días del calendario. 

Esperaba una señal del universo, del destino, de alguna postal o una llamada al timbre de casa. 

Todo me aceleraba el corazón cada vez que existía la más mínima posibilidad de volver a encontrarme en sus ojos. 


Sin embargo, cuando lo encontré por fin no me encontré. 

El mayor castigo fue el olvido en un recuerdo, la parte que desaparece de esa magia causal que nos encontraba  junto al atardecer. 


Había olvidado cómo reconocerle, ya nada era igual, seguía siendo él pero ya no significaba ese él. 

En mi interior sentí un pequeño hilo de cristal rompiéndose, un tintineo. 


Había llegado el olvido que tanto temía, los días vividos estaban grabados en mi memoria pero ya nada podría volver a vivirse. 

La condena del tiempo, que no perdona las vidas ni el dolor ni la alegría. 

Yo en esta ocasión aprendí que lo que consideraba un castigo era un favor del universo. 

Aunque siempre guarde el recuerdo por si dicen que fue un farol. 

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...