viernes, 15 de septiembre de 2017

Fuimos estrellas una noche

Ella iba de  vestido negro, él de camisa blanca. Una pareja ideal en una noche aquella. Acompañantes improvisados, una complicidad sin igual.

Las risas iluminaban la noche, las caricias como un desliz se asemejaban a la brisa de un atardecer en agosto.

Era genial, él la abrazaba, le tomaba la mano, bailaban sin querer, se miraban como si fuesen a ser eternos.

Era genial.

Llegaron los aplausos y desaparecieron, se escaparon a cenar con complicidad y sin prisas. Brindaron y siguieron disfrutando de la vida. Pasearon y saludaron al mundo.

Luego llegó la despedida, ella lo acercó, él se acercó más. Sonó una canción en el coche de él y se enfrentaron desafiantes, la solución: un beso.

Se besaron, ardieron la vida. Pasaban los minutos entre sus labios, besaban las horas con sus lenguas.

Pintaron con sus besos cada una de las estrellas del cielo. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

No se puede escribir ninguna historia

No puedo escribir ninguna historia de lo que nunca volverá a pasar, dejarla aquí como si fuese a ser eterna.

En esta vida en la que tanto amor se escapa por los poros, en la que tantas historias marcaron instantes. En la que hubo un él que pareció ser para siempre, en la que tantos personajes de mi vida fueron plasmando diferentes escenas de películas en mi día a día.

Esta vida en la que tantas veces escribí como si un instante fuese a durar para siempre, en esos para siempre que únicamente duraron un segundo.

No se pueden escribir todas las lágrimas que caerán cuando acaben los créditos de esta historia, que no es tristeza sino recuerdo.

Que me encantaría volver a todas aquellas partes, a todos aquellos instantes. Volver a esa caja de cartón, o a aquella canción que sonaba en la radio cuando me besaron por segunda vez en mi vida, aquel día en la playa donde fuimos eternos, aquella nochevieja donde me prometió la vida.

No puedo volver a escribir todos aquellos parasiempres,

Porque de pronto, un día vuelve la vida a llamar a tu puerta, vuelves a salir volando por la ventana y vuelve a ti La Última Romántica aunque solo sea por culpa de los recuerdos.

Entonces entiendo que no puedo escribir lo que pasará mañana, que lo que sueñe llegará un día en el que me bese los labios. Que no existen sueños grandes ni pequeños, no hay límites.

La vida el único límite que tiene es el tiempo, por eso nos regala flores que vuelven cada primavera, cartas que nunca podrán marchitarse y postales que algún día llegarán a tiempo.

Hemos aprendido a vivir con fecha de caducidad y horario de visita, con todo escrito entre las venas por decir y por aceptar.

Nos creemos dueños de las historias que vivimos y los besos que damos. Sin embargo, todo ello es presente eterno que pinta nuestra alma de colores, parasiempre.



Parasiempres, que no se pueden escribir ni encajar en ningún rompecabezas. Que existen en un instante y ahí se quedan. Aromas, miradas, besos y momentos que estaban escritos en algún lugar del firmamento, indescifrables pero presentes, aquí y ahora.


Para vivirlos,
                               
                   parasiempre.

martes, 12 de septiembre de 2017

Misivas que no envié

He escuchado hablar de ti, en parte estoy orgullosa por lo bien que «te encuentras» porque hayas encontrado tu sitio en el mundo. Sé que cambiaron las cartas, que hoy soy yo la que te escribo, no porque quiera remover cenizas, eso ya se lo llevó el tiempo quién sabe cuándo. Simplemente te hablo sincera, hubo una cosa que me preocupó, una cosa acerca de tu libertad. Apenas sé nada de ti, en todo este tiempo nunca supe nada ni necesitaba saberlo. Pero pasó, como pasa la vida. Como pasa mi vida. Me fui, me fui yo, y no volverán nunca aquellos días de arte pero sí se que ahí éramos totalmente libres. Quizás recordarlos te cueste incluso más que a mí. El otro día leí tus letras... ya no tienen sentido, pero ojalá las recordases. Sé que este mensaje es como el de un fantasma, quiero que lo elimines nada más terminar, que nunca más vuelvas a leerlo ni a borrar todas las barreras que hay entre nosotros. Aún recuerdo tu número de memoria, y cada rincón en el que estuvimos... Pero que ya no existen. Quería decirte esto,  con el fin de que te llegase solo a ti. Aprendí a no huir, sabes? Por fin. Creo que aprendí de verdad a eso, pero me he convertido en una mujer dura de roer y más de alcanzar. Yo... simplemente espero que de aquel chico que existía, en algún lugar del mundo quede algo, que no se muera, que no se conforme y siga vibrando la vida de arte. Lo que más echaré de menos en esta vida serán los días de arte, pero esos, hasta que mi corazón deje de latir vivirán conmigo. Quería decirte, que algo me dice que mataste a aquel chico... pero que él no quería morir y por eso sigue de alguna forma vivo. Sé que algún día volverá... no a mí, quien sabe, pero sí a la vida.

Quería decirte que sigues vivo y libre, aunque sea en algún fotograma perdido de mi memoria...

No te pierdas, quinquinué.

domingo, 3 de septiembre de 2017

De luto por mi espalda.

El sol ha pintado la piel de mi columna, ha dibujado un nuevo mapa.

El sol me besó tanto como aquel chico, aquel día.

El sol en un instante, como él fue, se ha quedado a vivir en mí para siempre.

Joder, yo que creía controlar el momento, yo que creía que tenía el control sobre mi cuerpo, me ha vuelto a ganar la batalla.

En esta espalda donde todo fueron instantes, donde todo lo que fue hoy son cenizas.

Llevo el fantasma de los días vividos en mi piel y la mirada.

Todo lo que pensaba que nunca sería nada, que nunca quedaría nada...

Ahora está aquí, de nuevo.

Estoy de luto por mi espalda, triste al verla de nuevo marcada.

Que parece que ya no son cicatrices, sino tinta.

Historias que pasan, hilos que se cruzan...

Mapas que marcan los senderos por los que caminé.

Las ruinas de los días a los que ya no volveremos.

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...