domingo, 22 de octubre de 2017

Las veces que te debo.

Resulta que el NO se convirtió en SÍ, que es certeza pero incierta.

Que somos dos pueñeteros rompecabezas de pasados que se encuentran en un momento presente.

Resulta que pasa, suena «Hotel California» y tú recuerdas la segunda canción, que lo escribo para que no se me olvide.

Resulta que nos echamos las cuentas, a ver quién apostó más, quién se gana la peseta... o el último beso, ya que estamos.

Resulta que se está bien así.... sin saber la hora que marca el reloj, huyendo de un amanecer inminente.

sábado, 21 de octubre de 2017

Ya no hay ojos negros.

Ya no existen esos ojos negros, quizás sea el arrebato. Quizás sea el miedo.

Ya no tengo esos ojos negros dentro. No me ponen nerviosa, solo encuentro hielo.

Quizás mienta, quizás me mienta desde muy dentro.

Ya no tengo esos ojos, ya los pierdo.

No ocurre nada, es el mismo presente, es otro tiempo.

Ya no están esos ojos, casi ni existen sus metáforas en mis adentros.

Quizás fuese el miedo, quizás fuese el olvido... Quizás todo fue uno de mis espejismos.

Ya casi te he olvidado, como mujer con nombre de olvido.

Como si no existiese.

Como si el tiempo fuese un cuento.

Ya casi soy fuerte, como si no te conociera.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Enfados

¿Recuerdas esos enfados como si el mundo se acabase en un instante?
Esos enfados en los que te gustaría tener una cerilla entre los dientes para incendiar el mundo, o encontrar cualquier rincón del espacio para esconderte.

Esos enfados que surgen de la nada, que no tienen sentido, que son sin argumentos; por el simple hecho de no entender este momento.

Y es que la vida viene sin manual de instrucciones, sin un protocolo de actuación frente a las emergencias emocionales.

La vida llega sin un cómo lidiar ante las decepciones ni los argumentos necesarios para vencer el miedo de decir lo que sientes.

Entonces nos enfadamos con el mundo por hacernos unos completos imbéciles, que no sabemos cómo actuar. Que nos rompen el corazón una vez y nos convertimos en cajas fuertes de emociones, y entonces caemos en la droga con la vana esperanza de que nos aporte esa emoción que antes tenía un nombre propio, un pronombre en tercera persona del singular: tan personal como un beso.

Sigo enfadada, me enfado ante la pérdida de control emocional que me provoca su presencia y a la vez ese estúpido sentimiento de ridículo que se asemeja a un semáforo en ámbar parpadeante.

Entonces parpadeo y te huelo, y por un instante lucho por no caer en el agujero negro de un quizás.

Un quizás que se convierte en enfado, en enfado hacia nuestra persona. Tan singular e incoherente.

Que vivimos presas de un enfado constante, de mirada fría y noches de humo,

Un enfado que hace que vivamos pisando el acelerador y respirando con prisas.

¿Y si hiciésemos las paces con el vivir?

¿Y si no necesitásemos tantos seguros de vida y apuestas?

En la vida real apostamos, sabiendo que cuando giren los monigotes puede que nos toque o no. Si nos toca será como si fuese nuestro arte, si no nos toca la culpa es del destino, y no pasa nada.

Así es la vida de caprichosa: mientras nos enfadamos ante gilipolleces vivimos ilusos frente a las banalidades.

sábado, 14 de octubre de 2017

Coliflower

Utilizaba ese adjetivo como si fuese una pija prepotente, pero llegaste tú y te lo quedaste.

Llegaste con unos pocos acordes, torpes a veces y una mirada. Luego llegaron los piques, como si fuésemos mosquitos.

Tú tirándome al agua, yo tirándote el agua encima, lo mismo volaba el vino que las risas.

Los pellizcos que acababan en risa.

Te he tirado gusanitos, hechos polvo como si nevara en septiembre en mi pequeña ciudad donde, a pesar de ser forastero, ya formas parte de ella.

Te gané al poker apostando tragos, acabamos encontrando en una cueva del mar un tesoro de un barco pirata.

Sin pensarlo te di mi secreto de la suerte, aquella noche en busca de leche sin lactosa. Que lo mejor de la noche no fue la leche, sino compartirnos.

Esa sensación de odiarte pero que a la vez seas una leve debilidad.

No hay nada de lo que preocuparse. Yo sigo lanzando dados mientras tú disparas.

¿Te cuento un secreto? Nunca imaginé querer desaparecer tras un dirparo; el de tu cámara. No saber cómo mirarte, para que no te quedases con ese brillo grabado, ni el rubor de mis mejillas ni mi ortopédica forma de posar contigo enfrente, con aquel árbol te gustaba más detrás.


Apostar a ganar, pasar desapercibidos entre tanta gente que puede que destroce todo lo que queda.

Tú no eres de leer, chico de los ojos negros, a veces marrones, otras infinitos; por eso estoy a salvo.

Anoche, muerta de miedo acepté aquella invitación, al volver el sueño me vencía... y como si te conociera desde siempre me decanté por tu hombro y no por otro.

Me despertaste al acabar el trayecto como si en mi mano cupiesen mil acordes, una sutil caricia de tus yemas; pedante recuerdo.

No necesito más. Estás, estoy: existimos. Nos re-conocimos.


Solo falta seguir jugando.


P.D. : Volví a escribirte.

lunes, 2 de octubre de 2017

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de un cigarro?

Recuerdo esa pregunta que me hacía, un sujeto pretérito perfecto que ya nunca más será.

Recuerdo el humo entre nuestros labios, jugando como si fuese un beso.  Dibujando en nuestras lenguas sensaciones.

Pero después todo fue amargor, el olor a tabaco en la ropa, olor a viejo. Los dedos rancios y amarillentos de algo que te va consumiendo lentamente. La boca seca de los besos que ya no llegaban después, la vida lenta del olvido.

El sabor al olvido que me dejaste en cada calada que fui dando por la vida.

Recuerdo que fue muy difícil volver a disfrutarlo. Hasta hoy, hoy que fue el último y lo disfruté como si estuviera hablando contigo. Cuando te decía que eligieras si besar una colilla o besarme a mí. Que estuve celosa de esa mísera colilla porque te tenía más tiempo que yo entre tus labios.

Hoy ya no volverá a ser. No volverás a pertenecer a mi rutina.

El olor se quedará más tiempo a vida que a muerte. La frescura de la vida, el sabor de mis besos, ya no tendrán ese regustillo a pasado.

Fuiste humo, y yo por una promesa más fuerte que mi vida, ahora soy vida.

Algo nuevo que crear.

Gringoringuinga...

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...