jueves, 28 de diciembre de 2017
abrazo el 2017 y lo suelto...
Mira... es una estrella.
Cada año de los últimos colecciono estrellas fugaces, en mi mente.
Colecciono los fotogramas de esas bolas de fuego incandescentes, lentas y gigantes que detienen el tiempo.
Los colecciono en el soplo del corazón desacompasado, ese instante en el que casi ni respiras ni parpadeas.
Recuerdo todos los besos de golpe, tras esas estrellas, los bailes con personajes diferentes de mis historias... Cada Ojalá.
A cada vez que me encontraba una pincelada de fuego en el cielo siempre sentía un alguien...
Hoy sentí un poco a alguien, pero casi nada.
Hoy me sentí esa estrella, todas las anteriores juntas. Todas las historias que pasaron como estrellas fugaces que pasan lento... y esa era yo.
No eran los otros, siempre fui yo la fugaz... aunque en el fondo de mi ser deseara ser eterna en un instante.
Hoy comprendí que ser estrella fugaz no es triste, es un soplo de vida...
Que hay que engancharse a la cola del cometa y navegar.
Que somos fugaces, que somos incendio.
Y aunque de este año solo queden momentos, por primera vez al hacer cuentas me salen más buenos que regulares.
Y no los cambiaría...
Quizás los volvería a vivir dándoles la mano para volar.... o regalándoles algunas alas.
Pero eso no está del todo en mi mano...
Para ver las estelllas fugaces, un consejo:
abre bien el corazón al cielo.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Ya es navidad
Huele a leña, a castañas por las calles.
El pueblo encendido, cantando y regalando ilusión por los rincones.
Huele a reencuentros; a volver.
Huele a lo que nunca quisiste que se marchara y a todo lo que está por llegar.
Huele a papel de regalo y a luces parpadeantes.
Huele a perfume y pintalabios.
Huele a abrazos y besos por dosier.
Huele a sueños y a idilio.
Huele a nosotros y huele también un poco a esa magia que solo algunas personas son capaces de crear.
Huele a Navidad...
sábado, 23 de diciembre de 2017
Hoy nos tocó la lotería.
Sí, hoy tocó.
¡Ha tocado aqui!
Dentro.
Dentro de nuestro ser, en la mirada.
Nos ha tocado la lotería de vivir, en un momento casual y fugaz.
Que la vida vuela cuando somos felices.
Que vivimos rápido caminando lento, buscando excusas para risa siendo motivos.
Lo etéreo del momento. Los números que coinciden, y el tiempo que sigue pasando...
Las personas que llegan por las que se van... los que nunca dejan de marcharse.
Gracias a todos los que se quedaron a encender el mundo.
La calma de una mirada.
La locura de un torbellino de emoción en carne y hueso.
Alguien real.
Una chica casual
disfrazada
cada
día
de un sueño;
de verdad.
lunes, 18 de diciembre de 2017
Cuando te encuentres con una chica que escribe no huyas.
Simultáneos.
Somos palabras simultáneas, circunstancias periféricas.
Somos una pantalla y un Ojalá.
Todo lo que esperamos que la otra persona sea, vivimos en las palabras que nos enviamos en forma de mensaje.
Ya ha pasado una semana, dos desde que compartí un café con él enfrente.
Quizás sea una anécdota más de este bonito año.
Bonito y causal.
Que tenemos mucha vida por caminar y seguimos caminando.
Muchos sueños que cumplir, por los que seguimos luchando.
Hoy anochecí con esa miel en los labios que te dice: escribe.
Escríbele al que se acaba de ir a dormir mientras tú aún sueñas.
Escribe también a los fantasmas que un día soñaste con que no se marcharan.
Escribe y deja que vuelen, simultáneas la palabras.
Hacia sus sueños, hacia mis sueños.
Que quiero vivir por siempre en este instante: el previo.
Este mismo instante en el que todas las mariposas empiezan a batir las alas al despertar.
domingo, 17 de diciembre de 2017
Coches.
Le hemos dado a eliminar las historias que empañaron los cristales.
La pulsera en la palanca de marchas, un trozo de tutú azul, la moneda en el vaciabolsillos, una frase sobre las estrellas...
A lo largo del tiempo he visto cómo un instante se oxidaba, se desintegraba a la vez en forma de olvido.
He conocido más de un coche... quizás la suma no supere los tres, si negociamos no pasaríamos de cinco.
Pero al igual que los he conocido, los desconozco.
Los veo aparcados en la calle, abandonados en un esqueleto donde una vez hubo vida.
Pero la fiera se murió de hambre, le arrancaron las vísceras, se las comieron los buitres del qué dirán.
Y ellos te decepcionan... pero cada vez menos.
Y lo condenas en silencio a un olvido lento.
Olvido: mi segundo nombre aún sin registro.
Coches: objetos animados por historias de esas que las películas intentan hacer eternas.
Pero no...
viernes, 15 de diciembre de 2017
De parte de mi madre: vete a la mierda.
Anoche al llegar a casa, tras más de dieciséis horas fuera de ella. Mi madre me esperaba con la mesa puesta, con una sonrisa como hogar.
Me pilló por banda, me miró a los ojos y me preguntó por la vida.
La vida es curiosa, mi vida es intensa.
Ella me conoce bien, sabe que mi corazón siente a veces más de la cuenta y que mis sueños vuelan lejos cuando cierro los ojos.
Anoche me pidió que respirase, que me diera un respiro al corazón. Que fuese despacio.
Me dice lo que cada madre debería decirle a sus hijos, vuela; olvida; y deja a un lado todo lo que te hace daño.
Me dijo, si vuelve dile de mi parte que se vaya a la mierda.
Ella sabe que no soy capaz, pero también que en cuestión de años he ido creciendo y pragmatizando los sentimientos.
Me dijo: mándalos a la mierda.
Y decir mierda es el taco de mayor rango en su escala de palabrotas, por lo que lo dijo en serio.
Esta mujer, la mejor del mundo. No es simplemente una de mis mejores amigas y compañeras es la mejor profesional de la psicología que yo he tenido el honor de cruzarme por el camino.
Anoche me acosté pensando en todo lo que me dijo mi madre: si vuelven mándalos a la mierda.
Ya está bien la tontería de cobardes a los que le entregas el mundo y lo tiran a la basura, a los que les dedicas las palabras más puras que tienes y las tratan como si fueran un papel de liar que se rompe; lo tiran.
Ella me dice que escriba, que escriba todo lo que llevo dentro y me dedique a lo que mejor sé hacer: vivir.
Ella sabe que ha llegado una persona, por la sonrisa que me ve ante la pantalla.
Le he dicho que vamos con calma, que entre él y yo no pasará nada. Ella me pide que viva, que deje a los fantasmas irse a la mierda de una vez y conozca a este chico sin miedos ni prisas.
Que es un tanto Hércules y una mezcla de todos los anteriores.
Gracias a mi madre soy más fuerte, menos ciega y más real.
"¡QUE SE VAYAN A LA MIERDA, COÑO!
QUE YA ESTÁ BIEN DE TONTERÍAS."
P.D. Buenos días, mundo.
(100/2017)
jueves, 14 de diciembre de 2017
Canciones que se repiten hasta desaparecer.
Hay canciones que suenan en la radio, cada par de horas pares.
Suena intermitente como una estrella fugaz que pasa sujetándote el corazón.
Pero llega un momento en el que dejas de creer en la canción.
Ya no es como aquellas historias de antes que tendían los sueños como si fuesen un parasiempre.
Me cuelgo de la canción por última vez, unos últimos instantes... y ya no es perfecta. Cuando acabe el minuto y medio que le queda se convertirá en anécdota y yo en recuerdo...
Y volverá a sonar... quién sabe cuántas veces, quizás toda la vida.
Pero ya será una historia más, será lo etéreo de una canción que bailamos una vez como bienvenida.
La vida que vuela
Han volando los sueños y llegado otros nuevos.
Vuelan superhéroes por mis cielos, y los fantasmas del pasado se arrastran por mis sueños.
He estado al borde del éxtasis y también de la vida.
He aprendido a marcharme pero también a quedarme.
He odiado cada una de las mentiras, que ruinmente querían venderme de verdad.
Me han decepcionado miradas que creía eternas, personas que creía verdad y acabaron siento un espejismo.
Y está bien, he abierto las ventanas, pisado fuerte el acelerador y dejando que se escapen los fantasmas y vuelen a otros cielos.
He conocido a personas, al final de este año. Me han llegado noticias de aquel pañuelo perdido en un caballero que ojalá volver a mirar a los ojos.
He aprendido, quizás no tanto como debería pero sí lo suficiente como para avanzar.
He comenzado una carrera de fondo hacia la vida.
Que lo mejor de ella es vivirla.
Me he dado de golpe contra cristales, desangrado ante imposibles y asfixiado de impotencias ante más de un quizás que luego se convertía en olvido al amanecer.
He decido jugar a la lotería de mi vida.
Y la vida es eso que existe entre nuestros dedos,
y el amor la risa fértil de un instante.
El olvido fue ese fotograma en blanco y negro que acaba en un cajón del disco duro de la memoria que puede que nunca más vuelvas a abrir.
martes, 12 de diciembre de 2017
Será la mala suerte....
Las noticias inesperadas, los seres que dejan de recibirnos y despedirnos.
Las estrellas cotidianas que se convierten en un día en fugaz.
Será la vida, tan corta y tan efímera.
Seré yo, que solo quería escuchar de nuevo aquella canción.
Que pensé que no estaría, que entre tanta gente no se vería el azul del mar.
Pero llegó la calma.
Hoy se escapó un trocito de alegría... pero en mis recuerdos, moviendo la colita con esos ojos de invierno, se ha quedado a vivir en mí.
Leia, te echaré de menos.
Ojalá sigas con esa felicidad que tanto tenías, estés donde estés.
lunes, 11 de diciembre de 2017
Tatuajes invisibles.
la risa se enreda en las costillas, como si fuesen cosquillas que trepan hasta la nuez.
Se escucha la carcajada del instante, bajo una farola cualquiera que alumbra las aceras por donde pasean los sueños.
En la piel
reseca por el frío, florecen los tatuajes de todos los momentos que fueron grabados por caricias.
La aguja de la rueca de la mentira que te despierta del sueño, el idilio del momento fugaz en el que nos creemos eternos.
La estela que deja una lengua en el cuello cualquiera de la noche vestida de mujer.
Los dedos en busca de las cuerdas del precipicio en el que lanzarse.
El miedo que dice: LUEGO...
Que no quieres parar, pero en tu cabeza aparece un nombre, Los tatuajes incandescentes de los que pasaron y se fueron.
Pasan los dedos por tus secretos, te dibujan la solución del laberinto de tu espalda.
Encuentran el grial de tus alas, planeas entre las estrellas. Caes como una tormenta y el viento te hace ser cometa.
Nunca un ser pesó tan poco.
Los tatuajes saltan de la piel como si fuesen luciérnagas. recuerdas todos los nombres.
Te regalan media vida, le das las buenas noches a tus miedos.
Les dices que es tarde, que se vayan a la cama ya, que es la hora de vivir.
Los arropas como si fuesen niños pequeños y les pides que descansen.
Es la hora de la vida.
Son más de las doce, todo puede suceder.
Sucede, se despierta un miedo, tuvo una pesadilla.
Le canto hasta que se vuelve a dormir.
Yo me desvelo.
Es lunes, lo de los tatuajes fue sólo un sueño.
Lo de los miedos, cada vez tiene menos sentido desde que conocieron el mundo de los sueños.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Personas quitamiedos.
Existen personas quitamiedos, que son casualidades causas.
Que te besan frente a la Catedral y te vuelan hacia una pared.
Existen personas quitamiedos. Contra las que chocas y no pasa nada, que te besan y lentamente van soltando tus amarras.
Personas enigma transparente, que no te meten miedo, que te hacen batir fuerte las alas.
Existen personas efímeras, que pasan por tu vida una noche de diciembre, que desde el minuto uno fueron principio.
Y hacen que te olvides de las prisas, te hacen niña paseando por Gran Vía, en ese juego de caminar hacia atrás y confiar al mirarle.
Existen personas noche, personas que encuentran cosquillas y abrazan fuerte.
De las que te empañan los cristales, de esas con las que brindas por vivir libre.
Personas que encienden de pronto la lumbre de tu vida.
Aún existen personas quitamiedos.
Y solo sé que el accidente fue de vida.
viernes, 8 de diciembre de 2017
He aprendido a dejar de existir.
He olvidado cómo se movían mi lengua en otra piel, se rompieron a pedazos los abrazos que no llegaron a tiempo.
He conocido a otras personas, personas ilusión y he desaprendido a conocerlas. Les doy un portazo a las mariposas y decido dejar una segunda cita para otra primavera. No vaya a ser que traigan hielo en vez de carbón los Reyes Magos en Navidad.
Trabajo en la Navidad, preparando sueños para familias enteras y me pregunto a veces si consigo darles un poco de la ilusión que cuando me encuentro con mi almohada tanto echo de menos.
Escribo con mi ventana bien abierta, como si pueda volarme en ella como un pájaro, que siempre busca el verano, pero me quedo aquí con mis raíces en el invierno.
Aprendí a ser un ojalá en los labios que nunca pronuncié, la que despierta cuando es tarde y ya no le da tiempo a coger ese tren, que no se dio cuenta de que faltaba un ser en él.
A veces me pregunto qué será de aquellos que perdieron el tren, que son adictos a perder trenes, aviones, autobuses y barcos...y vidas.
Mi madre siempre me dice: llegará, no era para ti.
Ninguno de esos era para ti...
Y yo borro las letras que no escribí, cojo los tickets a ninguna parte y los meto en un cajón que abro cuando tengo que sumarle alguno más.
Entonces cada billete tiene un nombre y una canción.
Y dejo de existir un poco más a cada despedida.
Y a día de hoy casi no existo.
Taras.
Estamos llenos de taras, como si fuesen carmín deshecho a roales por la piel.
Vivimos con las marcas proyectándolas en otras personas.
Venimos con un código de identidad en forma de miradas y silencios intermitentes.
Corremos hacia ninguna parte, desnudos y solitarios, por los jardines de nuestros sueños.
Y estamos al borde del abismo de la vida, atados por nuestras taras, con miedo de que nos encuentren y nos las borren. Como si fuera difícil mirarnos siendo enteros y verdad.
Y así vamos, escribiendo las taras en cartas que no enviaremos.
Cerrando las puertas a bienvenidas por si fuera en vez de herida una tara más.
Y creemos que eso es ser fuerte, que así vivimos más enteros...
Y tenemos la estúpida ilusión de vivir plenos.
Cuando se nos escapa la vida por las taras.. . Y los besos se caducan en las cartas.
lunes, 4 de diciembre de 2017
Calendario de adviento de posesías
se ha despertado el frío que solo desaparece con el aliento de los besos.
Ha llegado la despedida a un año que ya se ha hecho viejo, que comencé con despedidas y acaba con encuentros.
He cambiado siendo revolución, como comienzan las guerras.
Me he batido en duelos de besos y miradas que disparan a corazón abierto.
He operado al pasado, he esposado los recuerdos a piedras que se tragó el mar.
El viento huele a diciembre y lumbre de hogares que buscan encender los sueños.
Escribo para no quedarme muda, soltar un mar de palabras donde me sumerjo hasta perderme y encontrar en esa pérdida tesoros de piratas que llegaron hace tiempo.
He capturado al olvido como rehén en una postal
y me hice a sus besos como quien se aferra a un nuevo vicio.
He pintado las paredes de mis cielos con linternas, he mudado la piel este verano con un amor que fue pasajero.
Olvidé la fecha de aquel cumpleaños que se quedó a vivir en mis inviernos, aquel chico de artes.
Florecieron mis almendros en febrero y el galán en mis noches de agosto, disfruté de mis veinte con ellos.
Encontré una hortaliza en una playa desierta de Ibiza y resultó ser verso.
Aprendí a despedirme y re-aprendí que no era necesario.
Me vestí de luto por mi espalda, por el que pasó pero no fue, como son los dioses. Una noche de febrero, una mañana de marzo y un día de agosto.
Luego un caballero con nombre de pianista se subió conmigo a un escenario y tuvimos una noche de película, tal y como son las estrellas; fugaces.
Luego volví a olvidarme... y me hice arte.
Recordé los poemas que me lanzaron hace eones, las cartas que no envié y ya caducaron.
Volvieron las canciones, le hinqué los dientes al deseo y miré a las estrellas.
Viajé con amigos y sola, conocí lugares y personas...
Hasta recordarme.
Entonces sigo escribiendo y escribiéndoles disfrazada de verdad, por si deciden volver; por si deciden marcharse.
Que siempre fui poesía y libertad a partes iguales.
Que también soy precipicio cuando el huracán aparece, por eso me vuelo.
Que me desnudan antes con las palabras que con las manos, por eso vuelvo.
La chica boomerang de los instantes, que antes de despedirse ya ha vuelto, por si este momento fuese el último del mundo para mirarte.
La chica antisistema del romanticismo, aunque lo lleve como nombre.
Pura contradicción; un caos que asusta.
Ella es mi rival y a la vez la alianza enemiga.
Un año de guerras que acaba en tregua: tu silencio y mi mirada.
BeS.O.S.
Y fui astronauta de recuerdos, de almantes que sucedieron.
Del quizás a bocajarro, del latido de dos cuerpos.
Incógnitas con nombre de ser humano.
Las noches sin sueño,
el incendio del mundo,
el amanecer que nos pilló bailando.
Solo un año.
Me resumo: las mariposas que tenía muertas en el pecho resucitaron al batirme en vuelo.
Mañana quizás continúe....
Luchar contra la realidad
Estoy a un paso de volverme loca de remate. Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...