viernes, 8 de diciembre de 2017

He aprendido a dejar de existir.

He olvidado hasta mi nombre, se me olvidó cuáles eran mis letras y mis fonemas.

He olvidado cómo se movían mi lengua en otra piel, se rompieron a pedazos los abrazos que no llegaron a tiempo.

He conocido a otras personas, personas ilusión y he desaprendido a conocerlas. Les doy un portazo a las mariposas y decido dejar una segunda cita para otra primavera. No vaya a ser que traigan hielo en vez de carbón los Reyes Magos en Navidad.

Trabajo en la Navidad, preparando sueños para familias enteras y me pregunto a veces si consigo darles un poco de la ilusión que cuando me encuentro con mi almohada tanto echo de menos.

Escribo con mi ventana bien abierta, como si pueda volarme en ella como un pájaro, que siempre busca el verano, pero me quedo aquí con mis raíces en el invierno.

Aprendí a ser un ojalá en los labios que nunca pronuncié, la que despierta cuando es tarde y ya no le da tiempo a coger ese tren, que no se dio cuenta de que faltaba un ser en él.

A veces me pregunto qué será de aquellos que perdieron el tren, que son adictos a perder trenes, aviones, autobuses y barcos...y vidas.

Mi madre siempre me dice: llegará, no era para ti.

Ninguno de esos era para ti...


Y yo borro las letras que no escribí, cojo los tickets a ninguna parte y los meto en un cajón que abro cuando tengo que sumarle alguno más.

Entonces cada billete tiene un nombre y una canción.


Y dejo de existir un poco más a cada despedida.

Y  a día de hoy casi no existo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...