Parecen devorar el mundo con las palabras.
Pisan fuerte por las aceras que desconocen, parecen seguras.
Las chicas que escriben es como si no tuviesen miedo, como si lo supieran todo de la vida y del amor contaran con todas las cartas.
Escribir es la excusa perfecta para ser libres.
Ellas sueñan con que estas palabras sean verdad, sean capaces de arreglar algún mundo.
Pero simplemente su palabra es la única manera de calmar el suyo.
Son chicas boomerang, que cuando crees que les ha llegado el olvido vuelven a escribirte en forma de metáfora.
Las chicas palabra tienden a ser volátiles, vuelan lejos cuando escriben y se quedan bien cerca en un abrazo.
Son capaces de inmortalizar el sentimiento de un momento con su cámara de sentimientos, enfocando con la luz precisa esa electricidad invisible que hace que algo se accione, que unos latidos se detengan.
Las chicas palabra, suelen dar miedo.
Miedo de que te digan lo que está pasando antes de tiempo, miedo de que griten algún secreto entre hipérboles.
Las chicas palabras son de las de los ojalás, de palabras enteras que cumplen y regalan.
Da miedo la capacidad de dibujar mariposas con la mirada, con lo que tienen en la mente para incendiar el mundo.
Las chicas vendaval son esas de las que te acuerdas cuando la rutina vuelve a tu vida y echas de menos una profunda carcajada o algo de locura al café con canela.
Las chicas metáfora son esas que alguna vez en tu vida encontraste o incluso tú mismo fuiste alguna vez.
Ellas tienen vocación a ser eternas, pero a veces agonizan entre tanto ruido de prisas.
El ruido de visita de paso un museo, o besa a bocajarro unos labios sin pensar que estás en la entrada a otra alma.
Ellas hacen de trapecistas entre esta sociedad que tan poco sabe de su existencia.
Pero ellas siguen luchando, siguen intentando cambiar el mundo con todo lo que llevan dentro.
Y ojalá nunca las olvides.
Existen, aún quedan un puñado de chicas poesía por el mundo.
Siguen dando miedo, pero ellas solo escriben en forma de anécdota para poder dar salida a todo lo que se les escapa por la válvula del corazón.
Pero tranqui, son solo son cuentos de niñas.
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