lunes, 4 de diciembre de 2017

Calendario de adviento de posesías

Casi huelo el viento como grita que se acerca un nuevo año,
se ha despertado el frío que solo desaparece con el aliento de los besos.

Ha llegado la despedida a un año que ya se ha hecho viejo, que comencé con despedidas y acaba con encuentros.

He cambiado siendo revolución, como comienzan las guerras.

Me he batido en duelos de besos y miradas que disparan a corazón abierto.

He operado al pasado, he esposado los recuerdos a piedras que se tragó el mar.


El viento huele a diciembre y lumbre de hogares que buscan encender los sueños.

Escribo para no quedarme muda, soltar un mar de palabras donde me sumerjo hasta perderme y encontrar en esa pérdida tesoros de piratas que llegaron hace tiempo. 

He capturado al olvido como rehén en una postal
y me hice a sus besos como quien se aferra a un nuevo vicio.

He pintado las paredes de mis cielos con linternas, he mudado la piel este verano con un amor que fue pasajero.

Olvidé la fecha de aquel cumpleaños que se quedó a vivir en mis inviernos, aquel chico de artes.


Florecieron mis almendros en febrero y  el galán en mis noches de agosto, disfruté de mis veinte con ellos.

Encontré una hortaliza en una playa desierta de Ibiza y resultó ser verso.

Aprendí a despedirme y re-aprendí que no era necesario.

Me vestí de luto por mi espalda, por el que pasó pero no fue, como son los dioses. Una noche de febrero, una mañana de marzo y un día de agosto.

Luego un caballero con nombre de pianista se subió conmigo a un escenario y tuvimos una noche de película, tal y como son las estrellas; fugaces.


Luego volví a olvidarme... y me hice arte.

Recordé los poemas que me lanzaron hace eones, las cartas que no envié y ya caducaron.

Volvieron las canciones, le hinqué los dientes al deseo y miré a las estrellas.

Viajé con amigos y sola, conocí lugares y personas...

Hasta recordarme.

Entonces sigo escribiendo y escribiéndoles disfrazada de verdad, por si deciden volver; por si deciden marcharse.

Que siempre fui poesía y libertad a partes iguales.

Que también soy precipicio cuando el huracán aparece, por eso me vuelo.

Que me desnudan antes con las palabras que con las manos, por eso vuelvo.

La chica boomerang de los instantes, que antes de despedirse ya ha vuelto, por si este momento fuese el último del mundo para mirarte.


La chica antisistema del romanticismo, aunque lo lleve como nombre.

Pura contradicción; un caos que asusta.

Ella es mi rival y a la vez la alianza enemiga.

Un año de guerras que acaba en tregua: tu silencio y mi mirada.

BeS.O.S.

Y fui astronauta de recuerdos, de almantes que sucedieron.

Del quizás a bocajarro, del latido de dos cuerpos.

Incógnitas con nombre de ser humano.

Las noches sin sueño,

el incendio del mundo,

el amanecer que nos pilló bailando.

Solo un año.

Me resumo: las mariposas que tenía muertas en el pecho resucitaron al batirme en vuelo.

Mañana quizás continúe....




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