La tinta se convierte en cicatriz,
la risa se enreda en las costillas, como si fuesen cosquillas que trepan hasta la nuez.
Se escucha la carcajada del instante, bajo una farola cualquiera que alumbra las aceras por donde pasean los sueños.
En la piel
reseca por el frío, florecen los tatuajes de todos los momentos que fueron grabados por caricias.
La aguja de la rueca de la mentira que te despierta del sueño, el idilio del momento fugaz en el que nos creemos eternos.
La estela que deja una lengua en el cuello cualquiera de la noche vestida de mujer.
Los dedos en busca de las cuerdas del precipicio en el que lanzarse.
El miedo que dice: LUEGO...
Que no quieres parar, pero en tu cabeza aparece un nombre, Los tatuajes incandescentes de los que pasaron y se fueron.
Pasan los dedos por tus secretos, te dibujan la solución del laberinto de tu espalda.
Encuentran el grial de tus alas, planeas entre las estrellas. Caes como una tormenta y el viento te hace ser cometa.
Nunca un ser pesó tan poco.
Los tatuajes saltan de la piel como si fuesen luciérnagas. recuerdas todos los nombres.
Te regalan media vida, le das las buenas noches a tus miedos.
Les dices que es tarde, que se vayan a la cama ya, que es la hora de vivir.
Los arropas como si fuesen niños pequeños y les pides que descansen.
Es la hora de la vida.
Son más de las doce, todo puede suceder.
Sucede, se despierta un miedo, tuvo una pesadilla.
Le canto hasta que se vuelve a dormir.
Yo me desvelo.
Es lunes, lo de los tatuajes fue sólo un sueño.
Lo de los miedos, cada vez tiene menos sentido desde que conocieron el mundo de los sueños.
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