La finalidad primera de este texto es un gracias, gracias a todos los que incendiaron el mundo.
Este año aprendí a muchas cosas, si bien es cierto que sufrí mucho menos también brindé mucho más.
Al final, los sueños se acaban cumpliendo y guardo todos mis sueños cumplidos en el cajón del corazón.
Este año tiré algunas cartas que nunca creí capaz de borrar, aún quedan algunas desparramadas por los rincones secretos de mi habitación pero ya no son monstruos que muerden por las noches.
Ojalá alguien pudiera entender cómo se puede llegar a respirar el aire puro y sentir cómo se convierte más ligera tu alma a cada instante.
Ojalá pudiésemos llegar a entender que la vida es más sencilla que tanto como imaginamos necesario para resolver un instante.
Este año he aprendido que la vida es un abrazo y un café con canela o limón quizás.
Que somos capaces de encender toda la plaza de la catedral, jugar a conocernos sin prisas, he aprendido a despedirme, un poco. He aprendido a despedir los momentos que ya nunca volverán, los dejé marcharse a las estrellas para que siempre vivan en el universo.
Este 2017 me enseñó que las cicatrices de la piel se curan, que el sol no quema tanto, que el incendio de la vida está en las cerillas de nuestras pestañas.
Que ya lo decían los Beatles, al final el amor que das es proporcional al amor que recibes.
También entendí que los demás no son simplemente lo que significan para nosotros, son muchísimo más... aunque a veces seamos capaces de hacerlos eternos.
Este año me he conocido más humana, más sencilla.
Quizás haya comenzado a ser más sensata, he intentado medir mejor las palabras pero estas se me siguen escapando... y que así sigan.
Este 2017 no lo cambiaría, como a ninguno de los anteriores.
Porque al final solo nos arrepentimos de aquello que no hacemos y me enseñó a arriesgar sin perderme. Porque perder implica quedarte con menos de lo que tenías... y si lo que tienes es perenne. Solo puedes sumar.
Porque la verdad y la sonrisa suman.
Porque querer y abrazar no cuesta.
Que si duele un momento, al final cura.
Que las personas que se van siempre serán libres de volver, que las que se quedan llevan siendo verdad toda la vida.
Y al final tenemos la verdad y los abrazos.
Que la verdad es lo que sentimos y no lo que decimos.
Que quien tenemos cerca no implica que sea a quien vemos más.
Este 2017 me enseñó y me abrazó...
Y yo solo puedo darle las gracias, abrazarlo y soltarlo.
Y brindo con él por el año que viene seguir creciendo, caminando y descubriendo este maravilloso arte de vivir.
De volar y volver.
Del buen recuerdo y la eterna bienvenida a instantes eternos.
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