jueves, 14 de diciembre de 2017

La vida que vuela

Vuelan los días, las personas que se marchan. Las personas que llegan.

Han volando los sueños y llegado otros nuevos.

Vuelan superhéroes por mis cielos, y los fantasmas del pasado se arrastran por mis sueños.

He estado al borde del éxtasis y también de la vida.

He aprendido a marcharme pero también a quedarme.

He odiado cada una de las mentiras, que ruinmente querían venderme de verdad.

Me han decepcionado miradas que creía eternas, personas que creía verdad y acabaron siento un espejismo.

Y está bien, he abierto las ventanas, pisado fuerte el acelerador y dejando que se escapen los fantasmas y vuelen a otros cielos.

He conocido a personas, al final de este año. Me han llegado noticias de aquel pañuelo perdido en un caballero que ojalá volver a mirar a los ojos.

He aprendido, quizás no tanto como debería pero sí lo suficiente como para avanzar.

He comenzado una carrera de fondo hacia la vida.


Que lo mejor de ella es vivirla.


Me he dado de golpe contra cristales, desangrado ante imposibles y asfixiado de impotencias ante más de un quizás que luego se convertía en olvido al amanecer.


He decido jugar a la lotería de mi vida.

Y la vida es eso que existe entre nuestros dedos,
y el amor la risa fértil de un instante.


El olvido fue ese fotograma en blanco y negro que acaba en un cajón del disco duro de la memoria que puede que nunca más vuelvas a abrir.

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