Diciembre fue un mes de cerrar capítulos, de llenar el vacío de las historias a medias de mí misma y dejar aquella despedida en el hotel sin un atisbo de ojalá. Diciembre fue un mes de silencios, silencios también para mí, de conectar con la ausencia y dejar de lado las migajas.
Es verdad aquella frase que reza que aceptamos el amor que creemos merecer. Por lo que decidí dejar en Barcelona aquellas cosas que pesaban en la maleta, no facturé más ilusiones e hice balanza, puedo afirmar que solté, dolió, lo que más me unía a ti era aquel hilo de esperanza que corté a cucharadas de realidad y sentirme, sentir que mi lugar no estaba en tu vida.
Pero entonces todo cambió, el 29 de diciembre podría llamarse causalidad o destino de nuevo invito a la vida a otra ronda. Hace veintiún días que conocí a ALGUIEN, alguien que es el nuevo él.
Tocó suavemente a mi puerta y entró en mi mundo con cautela, dejando cada cosa en su sitio y besando con los ojos cerrados y cogiendo mi mano para que no me vaya.
Tiene todo lo que a lo largo de mi historia pensaba que era pedir demasiado, esa mezcla de calma y magia. Esa facilidad para ser, esa combinación perfecta de un beso rico, una mirada atenta y una risa con su punto de vida.
Terminé y comencé el año con sus besos, con cada cita perfecta, con queso, vino, el mar, nuevas canciones, besos que no se gastan y abrazos en los que te quedarías a vivir.
Con él me apetece escribir, me apetece decir tonterías y se me ríen los huesitos con cada una de las cosas que hace.
Su olor se ha colado en mi alma y es la primera vez en toda mi vida que siento que puedo ser sin tener que hacer barricadas para protegerme y esconderme.
Enero ha llegado intenso, lleno de aquellas pequeñas tonterías que me tienen como una adolescente enamorada: bailar en el salón, comer chuches en un sitio bonito de sus labios, que me regale bombones, que se emocione con una palabra, que me acaricie las lágrimas cuando lloro al ver una película, que mientas le cuento mi historia me abrace con la mirada calmando todo lo que dolió, que se preocupe por los demás y cuide a sus amigos como a la familia, que podamos hablar de amor y lo hagamos.
Enero ha llegado lleno de primeras veces de hacerlo sin miedo, con vértigo. Pero al vértigo, alas.
Estoy llena de ganas y no quiero frenar esta intensidad aun a riesgo de colapsar. Es la primera vez que duermo abrazada a alguien y quiero quedarme sin salir corriendo, que el tiempo pasa tan rápido que ya lo echo de menos antes de volver a verle.
Si algo tengo claro de este 2023 que acaba de empezar es que tengo un amor sin estrenar dentro del pecho que quiero que dure mucho tiempo si sigue pasando así de rápido.
Compartiendo con él todos mis silencios y cada pequeña tontería que incendia mi vida con una magia muy bonita.
Tengo un nuevo ojalá hacia el que camino, una certeza en el alma.