Lanzar al viento los suspiros.
Dejar que vuelen como mariposas hacia ti.
¿Dónde quedó la realidad? ¿Los días sin reproches?
Dime tú, cómo consigo la paz en esta eterna guerra que nunca quise empezar.
Lanzar al viento los suspiros.
Dejar que vuelen como mariposas hacia ti.
¿Dónde quedó la realidad? ¿Los días sin reproches?
Dime tú, cómo consigo la paz en esta eterna guerra que nunca quise empezar.
Los días.
Días intermitentes, difusos, despiadados.
El dolor sana y cura la herida que sangra.
La brecha del infierno en mis sienes, de tu infierno.
Dolor, de sentirme un cuerpo inerte.
Mis curvas y mis cicatrices, todo desordenado.
Caer.
Temblar.
Llorar.
Doler.
Verbos en el infinitivo de tu desamor.
Decepción: recordar tu mirada y los días de arte.
Angustia, un gato en mis vísceras recordando la traición de una espada que no dudó en clavarse en mi pecho.
Las cuchillas de tus manos rajando mis pechos.
El sudor de la mentira recorriendo mi cuerpo.
Más suicio que el sexo.
Más ruin que la impasividad de tu ser ante el asesinato.
Degollados andan los días del pasado por las tinieblas de nuestra historia.
La masacre mundial.
El crimen perfecto, de aquella niña que nunca más seré.
De aquel niño que creyó que su armaduras de palabras y su espada en busca de sangre caliente, sería capaz de protegerlo de la justicia de la vida cuando se hiciese hombre.
La soledad más peligrosa es aquella en la que jamás podrás confesar la verdad de la batalla en la que los dos bandos perdieron.
La soledad más peligrosa es esa que nunca abandonará tu alma:
La verdad.
Dime, dime dónde escondiste la verdad.
El pasado te lo llevaste con tus mentiras, destrozaste los futuros, lo hiciste todo añicos sólo por llenarte de caramelos podridos el bolsillo de tu entrepierna.
Me pregunto si podrás dormir por la noche, cuando el escenario de tu teatro se derrumbe sobre tu cabeza.
Ahora, con la perspectiva de estos futuros pasados que no fueron contigo, días del calendario con la paz sin puñales que es la vida sin ti. Ahora, ¿qué va a ser de ti?
Seguirás engañando y fingiendo para siempres en faldas desconocidas. Seguirás creyendo en la felicidad de las estrellas fugaces de una noche, que atraparás para meter en el agujero negro de tus infiernos.
Sinceramente: buena suerte.
Aunque te envíe la ponzoña que me dejaste en cada postal firmada con mi pintalabios. No te ilusiones, ya no te quiero.
Simplemente es el recordarte, o lo que es lo mismo, el volverte a pasar por el corazón, es el romper los silencios.
Es el saber que todo fue un timo, mi magia por tus mentiras. A veces aún me cuesta ceerlo, por eso te recuerdo como el trueque que pasó la factura más cara del amor a mi corazón.
Por eso;
para no olvidarlo.
El brindis de tus silencios con los míos.
El chin-chin más peligroso del mundo,
se rompieron las copas, los cristales se clavaron en el cuerpo.
La sangre es vino; el cadáver es el momento.
Una mirada bastaría, pero no... sólo hay distancia, cristales, sangre... y un muerto.
El olvido, el crimen perfecto.
Semáforos en ámbar, eternos e impacientes.
Presente que ruge, presente que espera que se ponga en verde.
En ámbar...
Esperando, recordando respirar...
Recordando cómo era esto de la soledad.
Pronto se pondrá en verde, pronto toca olvidar.
Anudar las palabras en el pecho y las lágrimas en la garganta.
Atragantarte con un te quiero.... y dejar ir.
Porque así es el viento, así es la vida, así el momento...
Dejar ir por amor.
Crecer, caer, correr... dejar ir es el verbo más difícil de aprender, de aceptar, de creer.
Amar con luz es dejar que los vientos te lleven, es intentar cuidar desde lo lejos que nunca se quiebren sus alas, desde hace años, como un hada que se llenaba de magia al verlo batir sus alas... que me hizo crecer y creer.
Que me ha hecho sentir la persona más feliz del mundo y que el vivir valía la pena si era a su lado.
A la persona que me cambió la vida... Con un para siempre, que nunca se irá pero sin embargo, dejar ir significa que puede que nunca llegue...
Aceptar, que los vientos que nos guían quizás nos hicieron confundirnos de sentir....
Y al final los miedos se convirtieron en realidades...
Pero, por ahora: silencios.
Algún día, te prometo que te contaré por qué diablos te dejé ir o no fui a buscarte.
Algún día leerás esto, mientras el mundo existe por nosotros.... Y quizás perdones mis silencios algún día, no decirte nada por miedo a que se rompiese ese hilo de magia que teníamos... Por aceptar que tu sitio es en el viento... y el amor que pensaba revelarte llegó tarde por el invierno.... por querer para ti un amor sin estrenar, por eso no te dije nada...
Por eso, callé y te dejé ir... con el te quiero más fuerte del mundo.... en un «te quiero, amigo»
Sentencia final...
Gracias por tantas eternidades que me trajiste con tu sonrisa.
Gracias..... por enseñarme tanto.
Siempre serás mi luz...
... cuando se acaba la batalla, cuando te rindes y ya no puedes seguir sosteniendo la espada. Miras al frente, al batallón de mentiras que tenías ante tus ojos, la trinchera de promesas que creías a corazón abierto.
Ahí te das cuenta de que el único daño que te queda por hacerte es tener esperanzas en que despertarás de la pesadilla.
Pero la vida sigue... la batalla ya pasó, y nadie se dignó a ser verdad.
Érase una vez en Cádiz, recuerdo la sensación de querer hacer click y quedarme con ese momento para siempre. Este señor dispuesto a inmortalizar el atardecer con su caña, con su máquina, pescando recuerdos en el mar en calma de aquella tarde de domingo.
Miraba el horizonte, sereno y eterno. Parecía un objeto más del paisaje, ese caballero pertenecía a La Caleta por eso antes de inmortalizar las olas lo capturé a él, me emocionó.
Él era calma y sabiduría, era arte. Era un cazador de magia, su cámara una prolongación de sus ojos.
Aquí guardo mi respeto, mi admiración, por los fotógrafos. Seres capaces de inmortalizar lo que el mundo exterior siente y hacerlo íntimamente público a la vez.
Guardianes de la magia y la luz, perodistas de la vida.
Artistas silenciosos, que con un simple Click consiguen mil eternidades.
En este caso yo la conseguí del viejo y el mar, pero nunca como las de ellos.
Mis fotógrafos desconocidos, artistas que admiro.
El agua fría corre por mis manos, se llenan como una jarra y acarician plenas de vida la piel de mi rostro; limpia.
Cierro los ojos y la tela suave me seca, absorbe suspiros y motas de polvo del pasado.
Miro al espejo: directa, serena y clara. En las venas de mis ojos aún te cuento, pero de eso tratan mis silencios. Las comisuras de mis labios irritadas de sonreír a destiempo. Mis pecas impares aún sueñan con ser constelaciones en el cielo.
Suspiro, me empapo de ti un segundo al recordarte, mi semblante se torna de niña triste con miedo a estar perdida.
Cojo el maquillaje del neceser del sueños, una capa fina de crema color caramelo suave con las yemas de mis dedos me aporta una capa perfecta de invisibilidad, un poco de magia.
El lápiz de Kohl dibuja una fina línea sobre las pestañas, esa misma línea negra que siempre acababa espolvoreada por las sábanas tras tus orgasmos, en los míos. El carboncillo se desliza lentamente, cada vez asanchando el asfalto que sabe que mi mirada pisará fuerte.
La máscara de mis pestañas, como los flecos que giran en los lavaderos automáticos del coche. Llueve pintura negra que solidifica y alarga las pocas pestañas que me quedan de las que me arranqué para pedirles que te quedaras.
El carmín.... bien sabes que fue de pintalabios valiente, de ese que no se calla aunque me besen, de ese carmín de "no me beses en la boca que yo decido dónde posar mis huellas".
Entonces me descubro tan nueva, con una capa de pintura, como la que necesita un artista para pintar su cuadro. Esa es mi artillería para lanzarme al mundo, a veces me enfado por ponerme mi vestido de Romántica en las facciones, pero... y lo bonito que es el arte, cuando la mirada se hace fuerte con la oscuridad, los labios se fortalecen y gritan más alto. Y se piensan que es por seducción, pero es exactanente por la guerra con el arte.
Estoy a un paso de volverme loca de remate. Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...