Érase una vez en Cádiz, recuerdo la sensación de querer hacer click y quedarme con ese momento para siempre. Este señor dispuesto a inmortalizar el atardecer con su caña, con su máquina, pescando recuerdos en el mar en calma de aquella tarde de domingo.
Miraba el horizonte, sereno y eterno. Parecía un objeto más del paisaje, ese caballero pertenecía a La Caleta por eso antes de inmortalizar las olas lo capturé a él, me emocionó.
Él era calma y sabiduría, era arte. Era un cazador de magia, su cámara una prolongación de sus ojos.
Aquí guardo mi respeto, mi admiración, por los fotógrafos. Seres capaces de inmortalizar lo que el mundo exterior siente y hacerlo íntimamente público a la vez.
Guardianes de la magia y la luz, perodistas de la vida.
Artistas silenciosos, que con un simple Click consiguen mil eternidades.
En este caso yo la conseguí del viejo y el mar, pero nunca como las de ellos.
Mis fotógrafos desconocidos, artistas que admiro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario