Anudar las palabras en el pecho y las lágrimas en la garganta.
Atragantarte con un te quiero.... y dejar ir.
Porque así es el viento, así es la vida, así el momento...
Dejar ir por amor.
Crecer, caer, correr... dejar ir es el verbo más difícil de aprender, de aceptar, de creer.
Amar con luz es dejar que los vientos te lleven, es intentar cuidar desde lo lejos que nunca se quiebren sus alas, desde hace años, como un hada que se llenaba de magia al verlo batir sus alas... que me hizo crecer y creer.
Que me ha hecho sentir la persona más feliz del mundo y que el vivir valía la pena si era a su lado.
A la persona que me cambió la vida... Con un para siempre, que nunca se irá pero sin embargo, dejar ir significa que puede que nunca llegue...
Aceptar, que los vientos que nos guían quizás nos hicieron confundirnos de sentir....
Y al final los miedos se convirtieron en realidades...
Pero, por ahora: silencios.
Algún día, te prometo que te contaré por qué diablos te dejé ir o no fui a buscarte.
Algún día leerás esto, mientras el mundo existe por nosotros.... Y quizás perdones mis silencios algún día, no decirte nada por miedo a que se rompiese ese hilo de magia que teníamos... Por aceptar que tu sitio es en el viento... y el amor que pensaba revelarte llegó tarde por el invierno.... por querer para ti un amor sin estrenar, por eso no te dije nada...
Por eso, callé y te dejé ir... con el te quiero más fuerte del mundo.... en un «te quiero, amigo»
Sentencia final...
Gracias por tantas eternidades que me trajiste con tu sonrisa.
Gracias..... por enseñarme tanto.
Siempre serás mi luz...
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