Tenemos tiempo.
Tenemos luciérnagas bajo la piel,
un farol en el pecho
alumbrando el camino
tres lunas nuevas en la pena
y minutos guardados en el cajón
para gastar en este instante.
No es tarde,
tenemos noches por delante
y mañanas de montaña por subir,
tenemos el cansancio propio
del que arriesga la guerra
por encontrar un remanso
de maremotos brutales
a la hora de la siesta.
No es tarde
y por eso estamos despertando antes.
Tenemos espacio,
no ocupamos más que todo el hueco
que no le pertenece ni al viento,
nos expandimos sigilosos,
desocupando cada rincón que conquistamos.
Tenemos tiempo,
tenemos todas las promesas
amordazadas en el sótano
y un eterno compromiso interno
con el silencio nutritivo de los actos.
Tenemos tanto por lo que luchar
que hemos desmontado ya los rifles
para hacer esculturas de paz,
arrojado al barranco las balas
y tomado las armas
que la naturaleza nos prestó.
Tenemos horas, días y semanas
por delante
y por eso hemos empezado ya
a desbrozar el prado del pasado,
estamos quemando los muebles,
desarraigándonos del barrio,
estamos desapegándonos de la placenta,
abriendo bien los ojos y las piernas
para recibir el calor y la yaga del sol,
sin caparazón,
nutriendo con dolor las alegrías.
Tenemos un sinfín de fotos que no hacer,
por eso no posamos sin querer cuando no toca.
Estamos aprendiendo a olvidar lo inútil,
recordando para aprender la esencia,
deseando prender la mecha
para deforestar el bosque de vacío material
y arrasar el almacén de estorbos decorativos.
Tenemos la necesidad de no necesitar
más de lo que ya tenemos,
nos hemos puesto a elaborar el ahora
para tener más luego.
Nos hemos deshecho ya de los disfraces,
no tenemos nombre ni registro
ni bandera ni reglas ni contratos
hemos desenraizado las ideologías
para plantar semillas de sencillez
y regarlas con la naturalidad
del agua de lluvia.
Tenemos tiempo de parar a descansar,
por eso no vamos a hacerlo todavía.
Tenemos todo el tiempo
así que comencemos ya.
Suso Sudón
«Hace dos semanas me escribieron este poema en una carta, una chica que tenía un mundo interior precioso, una amiga. Ella me escribió esto en una carta anónima... creo que es de las cartas más preciosas que he recibido. Y pocas vecss un poema puede cobrar un sentido tan grande conmigo. Gracias amiga, por ponerme música en forma de poesía»