Soy el vino que baja por tu garganta.
Que seduce tu mente lentamente, que casi no puedes controlar que aparezca de pronto entre tus pensamientos.
Un dulce desliz que recorre tu mente como si de incesto se tratase. Intentando no mover más piezas de las que dan por hecho cómo será la jugada.
El calor que tiembla, un atisbo buscado en un instante como inflieles disimulando inociencia, secreta estampa.
Un torrente de emoción que revive lo oscuro en cada verso.
Una caricia que te perturba, fuerte en la nuca.
El frenesí de la imaginación volando ante el deseo de algo inimaginable.
Conocer, sentir más allá de lo esperable.
Desear, por siempre, alguien que consiga ver la mitad de tu ser y la otra inventarla...
Y, sin remordimientos, encontrarte.
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