viernes, 21 de abril de 2017

Y mañana serán todos los principios

Hoy es el pasado lleno de motas de polvo de todos mis amantes.

Hoy camino ligera por las calles y vuelvo a recordar los prados donde ayer caminaba descalza.

La hierba fresca siempre acoge mi piel.
Las piedras forman parte del paisaje.

Ya no me lleno los bolsillos de piedras, las dejo en el lugar al que pertenecen. Ya que yo soy y seré siempre el recuerdo que les quede de mí.

Mañana siempre es difuso, acaba el día y aún no sé si ha acabado. No entiendo los comienzos, cuando todo nace de un recuerdo inesperado.

Somos partes del pasado que cobran sentido en un instante.

Y a cada estrella fugaz comienza un nuevo principio.

A cada estrella instantánea le sigue un fotograma del mismo deseo sin palabras que siempre me persigue.

Algo me deja el corazón quieto unos instantes y luego la vida rebobina.

«La chica de las estrellas fugaces» vuelve un instante y solo quiere que el mundo se encienda de magia.

Hoy vuelvo a tener los pies fríos y el corazón caliente.

Y siento entonces la libertad de una estrella casual, pero eterna.

Que cada año me secuestra y me vuela.

Entonces me siento libre, ligera, como una pluma rozando el sol en primavera.

Un brizna en el viento de la noche.

Una pequeña hormiga encontrando mis cosquillas.

Un grano de arena entre mis rizos.

En eso me convierto hasta el en el brillo instantáneo en el cielo de aquella estrella, callendo hacia el horizonte, lentamente, como si quisiera ser eterna.

Y yo la pinto en mis pupilas, desnuda y sincera.

Termino el cuadro con un suspiro, me convierto en azul y desaparezco.

Desaparecen las palabras y en este instante ni siquiera yo existo.

Solo existe lo que recuerdas de mí.

Solo quedarán objetos en mi cuarto.

Iluminado por la noche incluso en los días más oscuros.

Simplemente mañana ya no repetiré todas los nombres que me definen.

Comenzaré el día casual y mundana.

Y todas mis eternidades quedarán en cuadernos de tapa dura, reliquias si algún explorador decide buscar cuando desaparezca del todo.

Y ya no sea partículas que coexisten.

Ya no seré millones de células que cobran vida tras cada latido.

Seguiré en el viento, cuando la vida que nunca dejaré de amar me abandone.

Seguiré viva, en cada búsqueda de la utopía de una niña que nunca se conformó con lo establecido.

Que siempre necesitó esas mil eterninades que, a veces, solo duran un segundo.

Y eso es lo bonito que aprendió de tantas estrellas instantáneas; lo de siempre nunca te abandonará. Pero los instantes eternos, solo ocurren una vez en la vida.

Aunque se repitan pero diferentes.

El día que se acabe el mundo, será cuando lo invisible no sea lo fundamental.

Mañana, sin embargo, es el comienzo de todos mis principios.

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