jueves, 6 de abril de 2017

He perdido un tren,

Literal, ya no es tan grave como perder un vuelo a París, pero aún así es grave.

He perdido un tren, como lo hacen todas las personas mortales de este mundo si no salta la alarma.

Parece casi a propósito, pero la realidad es otra.

La realidad es que quería coger ese tren, quería ir de verdad pero quizás no puse todo el empeño que debería.

A las personas así siempre nos pasa algo, total parcial.

Si algún día tengo nietos les contaré todas estas anécdotas que al final son las que nos definen.

Sigo yéndome a Madrid, pero si algo está claro es que siempre pasará algo en forma de señal caprichosa del destino. O puede que sea simple casualidad, pero no me cuadra.

He estado demasiado tiempo dándole vueltas sobre ir y no ir, y ahora pienso que debería no haber ido directamente, pero la vida es así. Una vez que estoy metida en el viaje, con la maleta hecha y las emociones revueltas estoy esperando que llegue un desconocido, con un coche lleno de desconocidos, con los que lleguemos allí.

¿Qué puede que nos depare las casualidades?

Simplemente tener más valor para una despedida, o quizás una tregua.

Quien sabe, no sabemos dónde estaremos mañana, ni mucho menos en veinte minutos.

Pero total general, si no tuviese emoción no sería vida.

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