jueves, 28 de diciembre de 2017
abrazo el 2017 y lo suelto...
Mira... es una estrella.
Cada año de los últimos colecciono estrellas fugaces, en mi mente.
Colecciono los fotogramas de esas bolas de fuego incandescentes, lentas y gigantes que detienen el tiempo.
Los colecciono en el soplo del corazón desacompasado, ese instante en el que casi ni respiras ni parpadeas.
Recuerdo todos los besos de golpe, tras esas estrellas, los bailes con personajes diferentes de mis historias... Cada Ojalá.
A cada vez que me encontraba una pincelada de fuego en el cielo siempre sentía un alguien...
Hoy sentí un poco a alguien, pero casi nada.
Hoy me sentí esa estrella, todas las anteriores juntas. Todas las historias que pasaron como estrellas fugaces que pasan lento... y esa era yo.
No eran los otros, siempre fui yo la fugaz... aunque en el fondo de mi ser deseara ser eterna en un instante.
Hoy comprendí que ser estrella fugaz no es triste, es un soplo de vida...
Que hay que engancharse a la cola del cometa y navegar.
Que somos fugaces, que somos incendio.
Y aunque de este año solo queden momentos, por primera vez al hacer cuentas me salen más buenos que regulares.
Y no los cambiaría...
Quizás los volvería a vivir dándoles la mano para volar.... o regalándoles algunas alas.
Pero eso no está del todo en mi mano...
Para ver las estelllas fugaces, un consejo:
abre bien el corazón al cielo.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Ya es navidad
Huele a leña, a castañas por las calles.
El pueblo encendido, cantando y regalando ilusión por los rincones.
Huele a reencuentros; a volver.
Huele a lo que nunca quisiste que se marchara y a todo lo que está por llegar.
Huele a papel de regalo y a luces parpadeantes.
Huele a perfume y pintalabios.
Huele a abrazos y besos por dosier.
Huele a sueños y a idilio.
Huele a nosotros y huele también un poco a esa magia que solo algunas personas son capaces de crear.
Huele a Navidad...
sábado, 23 de diciembre de 2017
Hoy nos tocó la lotería.
Sí, hoy tocó.
¡Ha tocado aqui!
Dentro.
Dentro de nuestro ser, en la mirada.
Nos ha tocado la lotería de vivir, en un momento casual y fugaz.
Que la vida vuela cuando somos felices.
Que vivimos rápido caminando lento, buscando excusas para risa siendo motivos.
Lo etéreo del momento. Los números que coinciden, y el tiempo que sigue pasando...
Las personas que llegan por las que se van... los que nunca dejan de marcharse.
Gracias a todos los que se quedaron a encender el mundo.
La calma de una mirada.
La locura de un torbellino de emoción en carne y hueso.
Alguien real.
Una chica casual
disfrazada
cada
día
de un sueño;
de verdad.
lunes, 18 de diciembre de 2017
Cuando te encuentres con una chica que escribe no huyas.
Simultáneos.
Somos palabras simultáneas, circunstancias periféricas.
Somos una pantalla y un Ojalá.
Todo lo que esperamos que la otra persona sea, vivimos en las palabras que nos enviamos en forma de mensaje.
Ya ha pasado una semana, dos desde que compartí un café con él enfrente.
Quizás sea una anécdota más de este bonito año.
Bonito y causal.
Que tenemos mucha vida por caminar y seguimos caminando.
Muchos sueños que cumplir, por los que seguimos luchando.
Hoy anochecí con esa miel en los labios que te dice: escribe.
Escríbele al que se acaba de ir a dormir mientras tú aún sueñas.
Escribe también a los fantasmas que un día soñaste con que no se marcharan.
Escribe y deja que vuelen, simultáneas la palabras.
Hacia sus sueños, hacia mis sueños.
Que quiero vivir por siempre en este instante: el previo.
Este mismo instante en el que todas las mariposas empiezan a batir las alas al despertar.
domingo, 17 de diciembre de 2017
Coches.
Le hemos dado a eliminar las historias que empañaron los cristales.
La pulsera en la palanca de marchas, un trozo de tutú azul, la moneda en el vaciabolsillos, una frase sobre las estrellas...
A lo largo del tiempo he visto cómo un instante se oxidaba, se desintegraba a la vez en forma de olvido.
He conocido más de un coche... quizás la suma no supere los tres, si negociamos no pasaríamos de cinco.
Pero al igual que los he conocido, los desconozco.
Los veo aparcados en la calle, abandonados en un esqueleto donde una vez hubo vida.
Pero la fiera se murió de hambre, le arrancaron las vísceras, se las comieron los buitres del qué dirán.
Y ellos te decepcionan... pero cada vez menos.
Y lo condenas en silencio a un olvido lento.
Olvido: mi segundo nombre aún sin registro.
Coches: objetos animados por historias de esas que las películas intentan hacer eternas.
Pero no...
viernes, 15 de diciembre de 2017
De parte de mi madre: vete a la mierda.
Anoche al llegar a casa, tras más de dieciséis horas fuera de ella. Mi madre me esperaba con la mesa puesta, con una sonrisa como hogar.
Me pilló por banda, me miró a los ojos y me preguntó por la vida.
La vida es curiosa, mi vida es intensa.
Ella me conoce bien, sabe que mi corazón siente a veces más de la cuenta y que mis sueños vuelan lejos cuando cierro los ojos.
Anoche me pidió que respirase, que me diera un respiro al corazón. Que fuese despacio.
Me dice lo que cada madre debería decirle a sus hijos, vuela; olvida; y deja a un lado todo lo que te hace daño.
Me dijo, si vuelve dile de mi parte que se vaya a la mierda.
Ella sabe que no soy capaz, pero también que en cuestión de años he ido creciendo y pragmatizando los sentimientos.
Me dijo: mándalos a la mierda.
Y decir mierda es el taco de mayor rango en su escala de palabrotas, por lo que lo dijo en serio.
Esta mujer, la mejor del mundo. No es simplemente una de mis mejores amigas y compañeras es la mejor profesional de la psicología que yo he tenido el honor de cruzarme por el camino.
Anoche me acosté pensando en todo lo que me dijo mi madre: si vuelven mándalos a la mierda.
Ya está bien la tontería de cobardes a los que le entregas el mundo y lo tiran a la basura, a los que les dedicas las palabras más puras que tienes y las tratan como si fueran un papel de liar que se rompe; lo tiran.
Ella me dice que escriba, que escriba todo lo que llevo dentro y me dedique a lo que mejor sé hacer: vivir.
Ella sabe que ha llegado una persona, por la sonrisa que me ve ante la pantalla.
Le he dicho que vamos con calma, que entre él y yo no pasará nada. Ella me pide que viva, que deje a los fantasmas irse a la mierda de una vez y conozca a este chico sin miedos ni prisas.
Que es un tanto Hércules y una mezcla de todos los anteriores.
Gracias a mi madre soy más fuerte, menos ciega y más real.
"¡QUE SE VAYAN A LA MIERDA, COÑO!
QUE YA ESTÁ BIEN DE TONTERÍAS."
P.D. Buenos días, mundo.
(100/2017)
jueves, 14 de diciembre de 2017
Canciones que se repiten hasta desaparecer.
Hay canciones que suenan en la radio, cada par de horas pares.
Suena intermitente como una estrella fugaz que pasa sujetándote el corazón.
Pero llega un momento en el que dejas de creer en la canción.
Ya no es como aquellas historias de antes que tendían los sueños como si fuesen un parasiempre.
Me cuelgo de la canción por última vez, unos últimos instantes... y ya no es perfecta. Cuando acabe el minuto y medio que le queda se convertirá en anécdota y yo en recuerdo...
Y volverá a sonar... quién sabe cuántas veces, quizás toda la vida.
Pero ya será una historia más, será lo etéreo de una canción que bailamos una vez como bienvenida.
La vida que vuela
Han volando los sueños y llegado otros nuevos.
Vuelan superhéroes por mis cielos, y los fantasmas del pasado se arrastran por mis sueños.
He estado al borde del éxtasis y también de la vida.
He aprendido a marcharme pero también a quedarme.
He odiado cada una de las mentiras, que ruinmente querían venderme de verdad.
Me han decepcionado miradas que creía eternas, personas que creía verdad y acabaron siento un espejismo.
Y está bien, he abierto las ventanas, pisado fuerte el acelerador y dejando que se escapen los fantasmas y vuelen a otros cielos.
He conocido a personas, al final de este año. Me han llegado noticias de aquel pañuelo perdido en un caballero que ojalá volver a mirar a los ojos.
He aprendido, quizás no tanto como debería pero sí lo suficiente como para avanzar.
He comenzado una carrera de fondo hacia la vida.
Que lo mejor de ella es vivirla.
Me he dado de golpe contra cristales, desangrado ante imposibles y asfixiado de impotencias ante más de un quizás que luego se convertía en olvido al amanecer.
He decido jugar a la lotería de mi vida.
Y la vida es eso que existe entre nuestros dedos,
y el amor la risa fértil de un instante.
El olvido fue ese fotograma en blanco y negro que acaba en un cajón del disco duro de la memoria que puede que nunca más vuelvas a abrir.
martes, 12 de diciembre de 2017
Será la mala suerte....
Las noticias inesperadas, los seres que dejan de recibirnos y despedirnos.
Las estrellas cotidianas que se convierten en un día en fugaz.
Será la vida, tan corta y tan efímera.
Seré yo, que solo quería escuchar de nuevo aquella canción.
Que pensé que no estaría, que entre tanta gente no se vería el azul del mar.
Pero llegó la calma.
Hoy se escapó un trocito de alegría... pero en mis recuerdos, moviendo la colita con esos ojos de invierno, se ha quedado a vivir en mí.
Leia, te echaré de menos.
Ojalá sigas con esa felicidad que tanto tenías, estés donde estés.
lunes, 11 de diciembre de 2017
Tatuajes invisibles.
la risa se enreda en las costillas, como si fuesen cosquillas que trepan hasta la nuez.
Se escucha la carcajada del instante, bajo una farola cualquiera que alumbra las aceras por donde pasean los sueños.
En la piel
reseca por el frío, florecen los tatuajes de todos los momentos que fueron grabados por caricias.
La aguja de la rueca de la mentira que te despierta del sueño, el idilio del momento fugaz en el que nos creemos eternos.
La estela que deja una lengua en el cuello cualquiera de la noche vestida de mujer.
Los dedos en busca de las cuerdas del precipicio en el que lanzarse.
El miedo que dice: LUEGO...
Que no quieres parar, pero en tu cabeza aparece un nombre, Los tatuajes incandescentes de los que pasaron y se fueron.
Pasan los dedos por tus secretos, te dibujan la solución del laberinto de tu espalda.
Encuentran el grial de tus alas, planeas entre las estrellas. Caes como una tormenta y el viento te hace ser cometa.
Nunca un ser pesó tan poco.
Los tatuajes saltan de la piel como si fuesen luciérnagas. recuerdas todos los nombres.
Te regalan media vida, le das las buenas noches a tus miedos.
Les dices que es tarde, que se vayan a la cama ya, que es la hora de vivir.
Los arropas como si fuesen niños pequeños y les pides que descansen.
Es la hora de la vida.
Son más de las doce, todo puede suceder.
Sucede, se despierta un miedo, tuvo una pesadilla.
Le canto hasta que se vuelve a dormir.
Yo me desvelo.
Es lunes, lo de los tatuajes fue sólo un sueño.
Lo de los miedos, cada vez tiene menos sentido desde que conocieron el mundo de los sueños.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Personas quitamiedos.
Existen personas quitamiedos, que son casualidades causas.
Que te besan frente a la Catedral y te vuelan hacia una pared.
Existen personas quitamiedos. Contra las que chocas y no pasa nada, que te besan y lentamente van soltando tus amarras.
Personas enigma transparente, que no te meten miedo, que te hacen batir fuerte las alas.
Existen personas efímeras, que pasan por tu vida una noche de diciembre, que desde el minuto uno fueron principio.
Y hacen que te olvides de las prisas, te hacen niña paseando por Gran Vía, en ese juego de caminar hacia atrás y confiar al mirarle.
Existen personas noche, personas que encuentran cosquillas y abrazan fuerte.
De las que te empañan los cristales, de esas con las que brindas por vivir libre.
Personas que encienden de pronto la lumbre de tu vida.
Aún existen personas quitamiedos.
Y solo sé que el accidente fue de vida.
viernes, 8 de diciembre de 2017
He aprendido a dejar de existir.
He olvidado cómo se movían mi lengua en otra piel, se rompieron a pedazos los abrazos que no llegaron a tiempo.
He conocido a otras personas, personas ilusión y he desaprendido a conocerlas. Les doy un portazo a las mariposas y decido dejar una segunda cita para otra primavera. No vaya a ser que traigan hielo en vez de carbón los Reyes Magos en Navidad.
Trabajo en la Navidad, preparando sueños para familias enteras y me pregunto a veces si consigo darles un poco de la ilusión que cuando me encuentro con mi almohada tanto echo de menos.
Escribo con mi ventana bien abierta, como si pueda volarme en ella como un pájaro, que siempre busca el verano, pero me quedo aquí con mis raíces en el invierno.
Aprendí a ser un ojalá en los labios que nunca pronuncié, la que despierta cuando es tarde y ya no le da tiempo a coger ese tren, que no se dio cuenta de que faltaba un ser en él.
A veces me pregunto qué será de aquellos que perdieron el tren, que son adictos a perder trenes, aviones, autobuses y barcos...y vidas.
Mi madre siempre me dice: llegará, no era para ti.
Ninguno de esos era para ti...
Y yo borro las letras que no escribí, cojo los tickets a ninguna parte y los meto en un cajón que abro cuando tengo que sumarle alguno más.
Entonces cada billete tiene un nombre y una canción.
Y dejo de existir un poco más a cada despedida.
Y a día de hoy casi no existo.
Taras.
Estamos llenos de taras, como si fuesen carmín deshecho a roales por la piel.
Vivimos con las marcas proyectándolas en otras personas.
Venimos con un código de identidad en forma de miradas y silencios intermitentes.
Corremos hacia ninguna parte, desnudos y solitarios, por los jardines de nuestros sueños.
Y estamos al borde del abismo de la vida, atados por nuestras taras, con miedo de que nos encuentren y nos las borren. Como si fuera difícil mirarnos siendo enteros y verdad.
Y así vamos, escribiendo las taras en cartas que no enviaremos.
Cerrando las puertas a bienvenidas por si fuera en vez de herida una tara más.
Y creemos que eso es ser fuerte, que así vivimos más enteros...
Y tenemos la estúpida ilusión de vivir plenos.
Cuando se nos escapa la vida por las taras.. . Y los besos se caducan en las cartas.
lunes, 4 de diciembre de 2017
Calendario de adviento de posesías
se ha despertado el frío que solo desaparece con el aliento de los besos.
Ha llegado la despedida a un año que ya se ha hecho viejo, que comencé con despedidas y acaba con encuentros.
He cambiado siendo revolución, como comienzan las guerras.
Me he batido en duelos de besos y miradas que disparan a corazón abierto.
He operado al pasado, he esposado los recuerdos a piedras que se tragó el mar.
El viento huele a diciembre y lumbre de hogares que buscan encender los sueños.
Escribo para no quedarme muda, soltar un mar de palabras donde me sumerjo hasta perderme y encontrar en esa pérdida tesoros de piratas que llegaron hace tiempo.
He capturado al olvido como rehén en una postal
y me hice a sus besos como quien se aferra a un nuevo vicio.
He pintado las paredes de mis cielos con linternas, he mudado la piel este verano con un amor que fue pasajero.
Olvidé la fecha de aquel cumpleaños que se quedó a vivir en mis inviernos, aquel chico de artes.
Florecieron mis almendros en febrero y el galán en mis noches de agosto, disfruté de mis veinte con ellos.
Encontré una hortaliza en una playa desierta de Ibiza y resultó ser verso.
Aprendí a despedirme y re-aprendí que no era necesario.
Me vestí de luto por mi espalda, por el que pasó pero no fue, como son los dioses. Una noche de febrero, una mañana de marzo y un día de agosto.
Luego un caballero con nombre de pianista se subió conmigo a un escenario y tuvimos una noche de película, tal y como son las estrellas; fugaces.
Luego volví a olvidarme... y me hice arte.
Recordé los poemas que me lanzaron hace eones, las cartas que no envié y ya caducaron.
Volvieron las canciones, le hinqué los dientes al deseo y miré a las estrellas.
Viajé con amigos y sola, conocí lugares y personas...
Hasta recordarme.
Entonces sigo escribiendo y escribiéndoles disfrazada de verdad, por si deciden volver; por si deciden marcharse.
Que siempre fui poesía y libertad a partes iguales.
Que también soy precipicio cuando el huracán aparece, por eso me vuelo.
Que me desnudan antes con las palabras que con las manos, por eso vuelvo.
La chica boomerang de los instantes, que antes de despedirse ya ha vuelto, por si este momento fuese el último del mundo para mirarte.
La chica antisistema del romanticismo, aunque lo lleve como nombre.
Pura contradicción; un caos que asusta.
Ella es mi rival y a la vez la alianza enemiga.
Un año de guerras que acaba en tregua: tu silencio y mi mirada.
BeS.O.S.
Y fui astronauta de recuerdos, de almantes que sucedieron.
Del quizás a bocajarro, del latido de dos cuerpos.
Incógnitas con nombre de ser humano.
Las noches sin sueño,
el incendio del mundo,
el amanecer que nos pilló bailando.
Solo un año.
Me resumo: las mariposas que tenía muertas en el pecho resucitaron al batirme en vuelo.
Mañana quizás continúe....
jueves, 30 de noviembre de 2017
Será mejor que pase lo que tenga que pasar...
lunes, 27 de noviembre de 2017
TARDE
jueves, 23 de noviembre de 2017
De golpe un día decides quererte.
Sin embargo, hoy dejé de esperar al café para empezar a ser persona. De vivir media vida esperando todo lo que queda por llegar.
Hoy he hecho meteoritos con las cartas que no envié y las lancé a la canasta del olvido; lo peor: que acerté. Lo mejor: me sentí libre.
Hoy he decidido dejarme las ojeras en la cama y las sábanas las pesadillas bien hechas.
Hoy me pinté los labios de versos.
Y la mirada de retos.
He llenado mi reloj de arena de sueños y el tiempo ahora corre más ligero.
Le he puesto canela a mis uñas y toque de limón a la piel, que la canela activa y el limón cura.
He llenado mi cuerpo de agua limpia, para activar en mi ser las mareas.
Y he bautizado de olvido las esperas y el dolor de recuerdo.
Y de pronto un día te conviertes en postal... y dejas a un lado todo lo que viviste.
Decides dejar las maletas deshechas y sin bolso que pese... Te marchas a retar al mundo y a volar.
Y de lo que un día llegaste a ser solo queda el recuerdo de tu nombre.
martes, 21 de noviembre de 2017
Despedida o recuerdo...
Desearía que fuese pájaro emigrando siempre al verano.
En busca de atardeceres mágicos y astronautas bajo la Luna.
No quiero una despedida ya que tiemblo,
me falta el aliento y casi muero en este instante.
Muero por poder volver a aquellos momentos donde éramos dueños de la nada y esclavos de vivir.
Me sumo en el silencio a gritos de querer decirte tanto... pero callo.
Callo de miedo a buscarte de nuevo. Caerme entre las estrellas y que me encuentres.
Y muero de vicio de que me propongas un piti de cinco minutos, que siempre acabo proponiendo yo...
No quiero ser despedida ni recuerdo, porque decir "adiós" significa irse lejos... e irse lejos significa olvido.
Ya no quiero aprender a despedirme, quiero vivir.
¿Cómo lo ves?
lunes, 13 de noviembre de 2017
Aristas.
Puntiagudas en cada pliegue.
Soy un cúmulo de aristas, formando el prisma de mi cuerpo. El corazón de mimbre y la mirada fulminante.
Tengo los pies fríos y la respiración lenta.
Vivo rápido cuando beso lento.
Vivo lento cuando aparecen los silencios, esos que pesan y no se marchan.
Es un poco caos y un tanto vida.
Tantas líneas que se enredan puntiagudas, como si fuese una cárcel de miedos hecha mujer.
Como si fuese los cimientos de un edificio reconstruyéndose.
Estoy repleta de aristas, aristas donde antes habían besos. Aristas de silencios ariscos.
Estoy arista.
Arista ante la hipocresía de caminar en círculos creyendo descubrir el mundo.
Artista ante ir a un museo sin respirar su arte.
Arista de despedidas que se niega a aceptar.
Aristas que prefieren de un adiós un "hasta la vida"
Aristas que solo quiero que desaparezcan.
Aristas que rompo con las palabras...
Aristas que se me vuelan te acercas.
martes, 7 de noviembre de 2017
Volvemos a marcharnos
Cuando nos vamos, aunque sea a la vuelta de la esquina, pero solos siempre hay algo que se acciona.
El miedo a lo desconocido, el cambio en ti de saberte indefenso.
Nuevas personas o las de siempre que vuelven a cruzarse por tu camino.
Las que no sabes en qué parte del camino dejas atrás.
Cuando nos marchamos no sabemos muy bien cuándo volveremos, quizás nunca. Aunque nuestros pies nos traigan de vuelta.
Porque cuando viajas te despides, te despides de todo lo que dejas en su sitio exacto antes de marcharte, te da cuenta una vez allí de que te sobran cosas que creías imprescindibles; otras, sin embargo, se convierten en más necesarias que nunca.
Viajar es liberarte, es en cierto modo el miedo a ser libre lo que tanto me ata.
El miedo de abrir los ojos.
Las últimas veces que me fui, no hubo despedidas antes de partir: un error.
La próxima vez que lo haga quizás tampoco.
Es este imán causal que tengo ante las extrañas circunstancias. Es esa lejanía que me ahoga, ese vértigo que te da salir de tu zona de confort a vivir.
Viajar no son solo los lugares, son también las personas.
Viajar es crecer, aprender que tendrás que decir adiós antes de llegar y marcharte.
Y volvemos a marcharnos antes de llegar, a empezar a meter despedidas en la maleta... por si no volvemos a ser los mismos cuando volvamos.
lunes, 6 de noviembre de 2017
Juega
Si quieres vivir el momento
tienes que jugártelo.
Tengo la lengua en guerra y la boca desatada.
Tengo unos besos por si acaso en tu mirada.
Un silencio que grita con acordes tímidos.
Un frío que arde si me tocas.
Las horas del reloj que se convierten en un instante.
Los besos que no se gastan.
Las risas que parecen ser ocupas de nuestros cuerpos.
Y tiempo, tenemos todo el tiempo del mundo.
Para vivirnos, para guerrear siendo momentos.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Lo de más.
Tengo entre los dientes un beso de esos que no tienen miedo, que no tiene los mil dobleces que caben en mi sombra.
Tengo en la mirada un secreto que a voces te grita cuando callas.
Tengo entre los brazos unas cosquillas, para encenderte siempre que la piedra falle.
Que si quieres jugamos, la vida. Nos besamos las dudas y arrancamos a mordiscos las despedidas del diccionario.
Si quieres te quiero, a ratos. Sin duda: te odiaré siempre.
Te haría cosquillas hasta reventar tu sonrisa, con tus latidos de banda sonora.
Y mi cara de tonta intentando ser avestruz.
Que me tienes enfrente, semidesnuda.
Que te tengo delante, tan real.
Presentes.
Que todo lo demás está de más.
domingo, 22 de octubre de 2017
Las veces que te debo.
Resulta que el NO se convirtió en SÍ, que es certeza pero incierta.
Que somos dos pueñeteros rompecabezas de pasados que se encuentran en un momento presente.
Resulta que pasa, suena «Hotel California» y tú recuerdas la segunda canción, que lo escribo para que no se me olvide.
Resulta que nos echamos las cuentas, a ver quién apostó más, quién se gana la peseta... o el último beso, ya que estamos.
Resulta que se está bien así.... sin saber la hora que marca el reloj, huyendo de un amanecer inminente.
sábado, 21 de octubre de 2017
Ya no hay ojos negros.
Ya no existen esos ojos negros, quizás sea el arrebato. Quizás sea el miedo.
Ya no tengo esos ojos negros dentro. No me ponen nerviosa, solo encuentro hielo.
Quizás mienta, quizás me mienta desde muy dentro.
Ya no tengo esos ojos, ya los pierdo.
No ocurre nada, es el mismo presente, es otro tiempo.
Ya no están esos ojos, casi ni existen sus metáforas en mis adentros.
Quizás fuese el miedo, quizás fuese el olvido... Quizás todo fue uno de mis espejismos.
Ya casi te he olvidado, como mujer con nombre de olvido.
Como si no existiese.
Como si el tiempo fuese un cuento.
Ya casi soy fuerte, como si no te conociera.
miércoles, 18 de octubre de 2017
Enfados
Esos enfados en los que te gustaría tener una cerilla entre los dientes para incendiar el mundo, o encontrar cualquier rincón del espacio para esconderte.
Esos enfados que surgen de la nada, que no tienen sentido, que son sin argumentos; por el simple hecho de no entender este momento.
Y es que la vida viene sin manual de instrucciones, sin un protocolo de actuación frente a las emergencias emocionales.
La vida llega sin un cómo lidiar ante las decepciones ni los argumentos necesarios para vencer el miedo de decir lo que sientes.
Entonces nos enfadamos con el mundo por hacernos unos completos imbéciles, que no sabemos cómo actuar. Que nos rompen el corazón una vez y nos convertimos en cajas fuertes de emociones, y entonces caemos en la droga con la vana esperanza de que nos aporte esa emoción que antes tenía un nombre propio, un pronombre en tercera persona del singular: tan personal como un beso.
Sigo enfadada, me enfado ante la pérdida de control emocional que me provoca su presencia y a la vez ese estúpido sentimiento de ridículo que se asemeja a un semáforo en ámbar parpadeante.
Entonces parpadeo y te huelo, y por un instante lucho por no caer en el agujero negro de un quizás.
Un quizás que se convierte en enfado, en enfado hacia nuestra persona. Tan singular e incoherente.
Que vivimos presas de un enfado constante, de mirada fría y noches de humo,
Un enfado que hace que vivamos pisando el acelerador y respirando con prisas.
¿Y si hiciésemos las paces con el vivir?
¿Y si no necesitásemos tantos seguros de vida y apuestas?
En la vida real apostamos, sabiendo que cuando giren los monigotes puede que nos toque o no. Si nos toca será como si fuese nuestro arte, si no nos toca la culpa es del destino, y no pasa nada.
Así es la vida de caprichosa: mientras nos enfadamos ante gilipolleces vivimos ilusos frente a las banalidades.
sábado, 14 de octubre de 2017
Coliflower
Llegaste con unos pocos acordes, torpes a veces y una mirada. Luego llegaron los piques, como si fuésemos mosquitos.
Tú tirándome al agua, yo tirándote el agua encima, lo mismo volaba el vino que las risas.
Los pellizcos que acababan en risa.
Te he tirado gusanitos, hechos polvo como si nevara en septiembre en mi pequeña ciudad donde, a pesar de ser forastero, ya formas parte de ella.
Te gané al poker apostando tragos, acabamos encontrando en una cueva del mar un tesoro de un barco pirata.
Sin pensarlo te di mi secreto de la suerte, aquella noche en busca de leche sin lactosa. Que lo mejor de la noche no fue la leche, sino compartirnos.
Esa sensación de odiarte pero que a la vez seas una leve debilidad.
No hay nada de lo que preocuparse. Yo sigo lanzando dados mientras tú disparas.
¿Te cuento un secreto? Nunca imaginé querer desaparecer tras un dirparo; el de tu cámara. No saber cómo mirarte, para que no te quedases con ese brillo grabado, ni el rubor de mis mejillas ni mi ortopédica forma de posar contigo enfrente, con aquel árbol te gustaba más detrás.
Apostar a ganar, pasar desapercibidos entre tanta gente que puede que destroce todo lo que queda.
Tú no eres de leer, chico de los ojos negros, a veces marrones, otras infinitos; por eso estoy a salvo.
Anoche, muerta de miedo acepté aquella invitación, al volver el sueño me vencía... y como si te conociera desde siempre me decanté por tu hombro y no por otro.
Me despertaste al acabar el trayecto como si en mi mano cupiesen mil acordes, una sutil caricia de tus yemas; pedante recuerdo.
No necesito más. Estás, estoy: existimos. Nos re-conocimos.
Solo falta seguir jugando.
P.D. : Volví a escribirte.
lunes, 2 de octubre de 2017
¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de un cigarro?
Recuerdo esa pregunta que me hacía, un sujeto pretérito perfecto que ya nunca más será.
Recuerdo el humo entre nuestros labios, jugando como si fuese un beso. Dibujando en nuestras lenguas sensaciones.
Pero después todo fue amargor, el olor a tabaco en la ropa, olor a viejo. Los dedos rancios y amarillentos de algo que te va consumiendo lentamente. La boca seca de los besos que ya no llegaban después, la vida lenta del olvido.
El sabor al olvido que me dejaste en cada calada que fui dando por la vida.
Recuerdo que fue muy difícil volver a disfrutarlo. Hasta hoy, hoy que fue el último y lo disfruté como si estuviera hablando contigo. Cuando te decía que eligieras si besar una colilla o besarme a mí. Que estuve celosa de esa mísera colilla porque te tenía más tiempo que yo entre tus labios.
Hoy ya no volverá a ser. No volverás a pertenecer a mi rutina.
El olor se quedará más tiempo a vida que a muerte. La frescura de la vida, el sabor de mis besos, ya no tendrán ese regustillo a pasado.
Fuiste humo, y yo por una promesa más fuerte que mi vida, ahora soy vida.
Algo nuevo que crear.
Gringoringuinga...
viernes, 15 de septiembre de 2017
Fuimos estrellas una noche
Ella iba de vestido negro, él de camisa blanca. Una pareja ideal en una noche aquella. Acompañantes improvisados, una complicidad sin igual.
Las risas iluminaban la noche, las caricias como un desliz se asemejaban a la brisa de un atardecer en agosto.
Era genial, él la abrazaba, le tomaba la mano, bailaban sin querer, se miraban como si fuesen a ser eternos.
Era genial.
Llegaron los aplausos y desaparecieron, se escaparon a cenar con complicidad y sin prisas. Brindaron y siguieron disfrutando de la vida. Pasearon y saludaron al mundo.
Luego llegó la despedida, ella lo acercó, él se acercó más. Sonó una canción en el coche de él y se enfrentaron desafiantes, la solución: un beso.
Se besaron, ardieron la vida. Pasaban los minutos entre sus labios, besaban las horas con sus lenguas.
Pintaron con sus besos cada una de las estrellas del cielo.
miércoles, 13 de septiembre de 2017
No se puede escribir ninguna historia
En esta vida en la que tanto amor se escapa por los poros, en la que tantas historias marcaron instantes. En la que hubo un él que pareció ser para siempre, en la que tantos personajes de mi vida fueron plasmando diferentes escenas de películas en mi día a día.
Esta vida en la que tantas veces escribí como si un instante fuese a durar para siempre, en esos para siempre que únicamente duraron un segundo.
No se pueden escribir todas las lágrimas que caerán cuando acaben los créditos de esta historia, que no es tristeza sino recuerdo.
Que me encantaría volver a todas aquellas partes, a todos aquellos instantes. Volver a esa caja de cartón, o a aquella canción que sonaba en la radio cuando me besaron por segunda vez en mi vida, aquel día en la playa donde fuimos eternos, aquella nochevieja donde me prometió la vida.
No puedo volver a escribir todos aquellos parasiempres,
Porque de pronto, un día vuelve la vida a llamar a tu puerta, vuelves a salir volando por la ventana y vuelve a ti La Última Romántica aunque solo sea por culpa de los recuerdos.
Entonces entiendo que no puedo escribir lo que pasará mañana, que lo que sueñe llegará un día en el que me bese los labios. Que no existen sueños grandes ni pequeños, no hay límites.
La vida el único límite que tiene es el tiempo, por eso nos regala flores que vuelven cada primavera, cartas que nunca podrán marchitarse y postales que algún día llegarán a tiempo.
Hemos aprendido a vivir con fecha de caducidad y horario de visita, con todo escrito entre las venas por decir y por aceptar.
Nos creemos dueños de las historias que vivimos y los besos que damos. Sin embargo, todo ello es presente eterno que pinta nuestra alma de colores, parasiempre.
Parasiempres, que no se pueden escribir ni encajar en ningún rompecabezas. Que existen en un instante y ahí se quedan. Aromas, miradas, besos y momentos que estaban escritos en algún lugar del firmamento, indescifrables pero presentes, aquí y ahora.
Para vivirlos,
parasiempre.
martes, 12 de septiembre de 2017
Misivas que no envié
He escuchado hablar de ti, en parte estoy orgullosa por lo bien que «te encuentras» porque hayas encontrado tu sitio en el mundo. Sé que cambiaron las cartas, que hoy soy yo la que te escribo, no porque quiera remover cenizas, eso ya se lo llevó el tiempo quién sabe cuándo. Simplemente te hablo sincera, hubo una cosa que me preocupó, una cosa acerca de tu libertad. Apenas sé nada de ti, en todo este tiempo nunca supe nada ni necesitaba saberlo. Pero pasó, como pasa la vida. Como pasa mi vida. Me fui, me fui yo, y no volverán nunca aquellos días de arte pero sí se que ahí éramos totalmente libres. Quizás recordarlos te cueste incluso más que a mí. El otro día leí tus letras... ya no tienen sentido, pero ojalá las recordases. Sé que este mensaje es como el de un fantasma, quiero que lo elimines nada más terminar, que nunca más vuelvas a leerlo ni a borrar todas las barreras que hay entre nosotros. Aún recuerdo tu número de memoria, y cada rincón en el que estuvimos... Pero que ya no existen. Quería decirte esto, con el fin de que te llegase solo a ti. Aprendí a no huir, sabes? Por fin. Creo que aprendí de verdad a eso, pero me he convertido en una mujer dura de roer y más de alcanzar. Yo... simplemente espero que de aquel chico que existía, en algún lugar del mundo quede algo, que no se muera, que no se conforme y siga vibrando la vida de arte. Lo que más echaré de menos en esta vida serán los días de arte, pero esos, hasta que mi corazón deje de latir vivirán conmigo. Quería decirte, que algo me dice que mataste a aquel chico... pero que él no quería morir y por eso sigue de alguna forma vivo. Sé que algún día volverá... no a mí, quien sabe, pero sí a la vida.
Quería decirte que sigues vivo y libre, aunque sea en algún fotograma perdido de mi memoria...
No te pierdas, quinquinué.
domingo, 3 de septiembre de 2017
De luto por mi espalda.
El sol ha pintado la piel de mi columna, ha dibujado un nuevo mapa.
El sol me besó tanto como aquel chico, aquel día.
El sol en un instante, como él fue, se ha quedado a vivir en mí para siempre.
Joder, yo que creía controlar el momento, yo que creía que tenía el control sobre mi cuerpo, me ha vuelto a ganar la batalla.
En esta espalda donde todo fueron instantes, donde todo lo que fue hoy son cenizas.
Llevo el fantasma de los días vividos en mi piel y la mirada.
Todo lo que pensaba que nunca sería nada, que nunca quedaría nada...
Ahora está aquí, de nuevo.
Estoy de luto por mi espalda, triste al verla de nuevo marcada.
Que parece que ya no son cicatrices, sino tinta.
Historias que pasan, hilos que se cruzan...
Mapas que marcan los senderos por los que caminé.
Las ruinas de los días a los que ya no volveremos.
sábado, 26 de agosto de 2017
Dama obscura
Sin cura, toda locura.
Viste de luto, la única manera de no sentirse un Arlequín en Semana Santa.
Se pinta de negro y en cada esquina de su laberinto aguarda un rincón secreto que solo pocos conocieron, quizás ya nadie.
Mujer de negro, entera. Por dentro, todos los colores del arcoiris pero hace meses que ya no salen.
La única luz, la de sus pupilas que nunca se apagan. Llena de silencios y de amaneceres, una una mujer suspiro.
Lo que nunca volverá a ser, se viste de negro en pleno agosto, como si fuese de luto. Llorando la pérdida de la esencia de la magia a la vez que ríe sin saber por qué ante su presencia.
Mujer espada, con doble filo en la lengua que desangra e hiere cuando solo intenga ser mujer caricia.
Mujer empedernida, con la valentía de todo ser humano entre sus piernas.
Mujer hombre, mujer incendio, mujer entera.
Mujer de negro, ya que es la única forma de ser todas las mujeres del mundo.
Mujer desnuda, la que tuviste entre tus brazos.
Mujer que recuerda, que no olvida.
Mujer presente, que sigue escribiendo aún cuando todo muere.
Mujer silencio, la de estos versos.
Mujer soñadora, la que te nombra.
Mujer olvido, la que nunca vuelve.
Mujer océano, la que naufraga hasta encontrarte.
Dama obscura, la que cuando no puedes ver nada enciende tu mundo con su ser.
Mujer incendio.
Mujer leal, la que prometió que nunca dejaría de ser mujer. De ser suya.
Mujer pájaro, la que vuela a otros cielos.
Mujer que existe, que es ser, que soy.
Mujer melancolía, mujer azul.
lunes, 21 de agosto de 2017
Bañándome en sus ojos.
Nos jugamos la vida y los labios en este día. Yo de espaldas al mar bañándome en tus ojos verdes.
Tú, casi increíble, eterno en los míos. Ojalá poder escribir en ese instante un parasiempre. Mi piel, tu piel, el simple roce.
Besos, más besos. Todos los de el mundo entero.
Todo lo que siempre soñé en un día. Aún creo que despertaré mañana. Quedan unos fotogramas por el corazón, otros en mi baúl secreto en los que me veo ahí, en tus ojos, bañándome en ese cielo.
El secreto para no pensar en nada más, el tiempo rompiendo con la fiereza de las olas.
Una vuelta de tuerca a la vida. Volar en un abrazo y quedarme ahí, quieta, sin nada más.
Cantar mi banda sonora ida y vuelta, que cada canción te guste más... la calma.
La calma de un amor libre, de llevar años en este juego, de poder estar eones sin encontrarnos y volver al mismo punto en el que se quedaron nuestros corazones.
Me gusta así, me encanta así. Es precioso así.
La belleza más pura en un alma ligera, mis labios risueños que se derriten cuando me besas.
No sabes nada, dios griego.
Pero te juro, que hoy el mar estaba en huelga pero eso sí, no hay mejor baño que el de tu mirada.
Un brindis por vivir, un homenaje a sentirnos vivos.
domingo, 13 de agosto de 2017
Lluvia de estrellas.
Ya no es la magia, ni la inocencia de hace años ni el último verano.
Hace más frío por aquí, se cuela hasta en el alma la escarcha.
Navego por un cielo estrellado sin luz, me llega un aroma a un nuevo «él», fugaz.
Fugaz como yo me convertí desde hace tiempo. Más fría, más mujer.
Capaz de decir lo que siente y capaz de decir no. Algo que nunca imaginé que aprendería. Hoy pienso que hace dos años que un otro él volvía, quizás el más fuerte de todos... el que nunca supo irse del todo hasta que un día de pronto en mi ventana solo quedaron sus cenizas.
Hoy sé que si vuelve, será un NO.
Que tengo todos los Síes en otros ojos, que no dudo aunque tiemble.
Que ya no quiero que ningún fantasma me encuentre.
Qué genial pedir eternidades, pero es mejor pedir presentes.
Pedirme aquí, a una estrella. Y ser yo la que se queda en mí para siempre.
lunes, 7 de agosto de 2017
Cráteres.
Gris plata por el suelo, el brillo de todas las estrellas fugaces de mi vida dibujando estelas en el viento.
Sentada, en una inmensa luna me baño de sus historias, me enamoro con los enamorados, sufro con todos los que amaron tenerla de farol.
Me levanto, camino por sus cráteres que no son más que balazos fallidos de Cupido, de historias que se envenenaron y meteoritos de besos que cayeron con tal fuerza que extinguieron todos los miedos.
Aún no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí, veo luces diminutas de millones de personas que estarán deshaciendo y haciendo el amor, descubriendo la vida o acabándola.
Desde aquí todo se ve diferente, somos seres ínfimos, íntimos y únicos, pero parecemos de lejos todos iguales.
Y aquí están cada uno de aquellos que por instante fueron eternos.
Sigo caminando, llego hasta un bosque en medio de la Luna. Un bosque con lianas que dibujan versos y música que resucita a la vida.
Camino lenta, me abrazo a los troncos de los árboles de diamante negro que cubren su rostro oculto.
Que protegen la belleza y no dejan que se filtre ni un ápice de su verdad. Un bosque incógnita que se siente como eterno.
Y yo me quedo aquí, en este lugar tan pequeño como tu pulgar. Me quedo entendiendo por fin que al igual que la Luna es la que provoca las mareas, es wl amor lo que nos atrae y nos mueve.
Es el arma más letal de la historia es el amor. El que nos empuja, nos atrae y nos mueve.
Por eso el amor tiene todas las respuestas y muy pocas preguntas. Por eso yo me quedo aquí a vivir, hasta el día que me muera, entonces seré como el dulce polvo de la luna, el elixir decls vida.
martes, 1 de agosto de 2017
Ojos negros.
Todo sentío.
martes, 18 de julio de 2017
Hoy ya casi no estoy.
Mi abuela me preguntó el otro día si seguía escribiendo, me quedé muda, no sabía qué responderle si un sí o un no. Aún no sé muy bien qué ocurre.
Si he dejado de escribir de verdad o solo es un momento. Estoy un tanto perdida, sigo perdida durante los últimos meses. Loca por amar, pero atada de pies y manos ante un nuevo beso. Sin ganas de arriesgar más, con ganas de arder la vida, todo son palabras.
La realidad es otra, vivo en un día a día monótono, una vida de adultos. En ocasiones escapo y vuelvo a vivir una aventura increíble cada día, vuelvo a encontrar canicas y cada día. Luego las dejo todas en un baúl, como cada recuerdo.
Y en un recuerdo me convertí, en recuerdo.
Entonces de mí queda una foto en blanco y negro. Una mujer que ya no está, una niña que formaba parte de un cuento.
Así funciona este instante, me sumo en un devenir de recuerdos que ya ni siquiera forman parte de mi piel, una suma de cicatrices en mis pupilas que hacen insensible mi piel. Eso es todo lo que me queda, 1,7 y pico metros de historias, piel llena de heridas. Ya no queda nada.
Ya no quedo.
¿Me llenaré?
viernes, 30 de junio de 2017
Sí o sí, saldrá el Sol.
Ya no tenemos 17, ya no tenemos esa inocencia desmedida, esa ilusión a bocajarro, esos pies sin miedo a tropezarse.
Ya no tenemos 17. Por desgracia o por suerte, pero el sol ha seguido apareciendo cada día sin que nada se lo impida.
No tenemos 17, ni volveremos a tenerlos numa. No volveré a tener 19 cuando pasen dos meses ni los mismos exactos días que tengo hoy. Mañana será uno más o uno menos, prefiero sumar ante esa disyuntiva.
Ya no tengo 17, ya no existe ese teníamos. No me encuentran tan desnuda, ni tal ilusa ni tan creyente. Sigo siendo una niña, sí, pero ya no son los dulces 17.
Tú no existes, aquella de mí algún día tampoco.
Quizás sea una mujer más madura, más ocupada, con otras preocupaciones, con otro ritmo.
Crecer era otra historia distinta de la que nos contaron, quizás por eso esta crisis de los veinte.
Esta crisis de sentir que el tiempo pasa, que nadie es indiferente a la vida.
Sin embargo, merece la pena, echarle esa chispa, esa magia; la calderilla de los sueños que ahorré.
El dolor del trabajo en los músculos, la responsabilidad del futuro.
Pero esa pequeña fe en lo ensencial sigue intacta, la llama sigue viva.
Hace viento, el aire se revela contra la quietud, pero falta ese impulso, esa coincidencia y todo volverá a arder con ansia.
El incendio del amanecer mañana, el beso escondido en la comisura derecha, el quizás y la integridad.
Íntegra, en mí.
En la elección de la calma, en el soltar los nudos que dejan marcas y respirar, que mañana llegará de nuevo la vida.
Que el amor no se escapa.
lunes, 26 de junio de 2017
Una tregua con el aire.
He decidido darme una tregua con el aire, olvidar que a veces la vida, hay veces que se lleva media de golpe, te regala una entera de nuevo y el pasado se queda a vivir bajo la sábana del colchón.
Amar es demasiado rápido, si es intenso, más intenso será el olvido. Es directamente proporcional.
Luego de golpe desaparece, desaparece la vida como un instante, recuerdas que estuviste, sientes que estás viva, pero no encuentras los motivos por ningún lado para sustituir los fantasmas por ilusión.
A veces pasa, a veces te vuelves demasiado difícil cuando antes todo era demasiado fácil.
Te vuelves difícil, complicada, como si todos los trozos de cuando te quedaste rota volviesen de nuevo a formar parte de ti pero desordenados.
Pierdes el tiempo, pierdes los minutos, las horas y casi casi que se te escapa la vida.
Entonces te preguntas: ¿qué me pasa? ¿qué quiero? ¿qué cojones estoy haciendo aquí y por qué coño no me he ido antes?
Entonces algo se duerme, el aire envenenado del pasado deja de ser el que entra. Ya no inspiras a cada instante un recuerdo.
Entonces decides marcharte a algún lugar, pero no puedes irte...
y entonces, otra vez, buscas la mejor manera posible de volver a volar y es que antes de volar... hay que ir, lentamente limpiando todo lo que pesa.
Y pedirle, al nuevo aire, que se lleve todo lo que resta, que no está la vida como para perderla.
Quizás la clave esté en que los años cada vez te hacen menos ciega, pero querida última y primera...
Nadie podrá detener tu primavera.
viernes, 16 de junio de 2017
Desapareció, como un soplo de viento.
viernes, 9 de junio de 2017
Sin tacones, de puntillas por las nubes.
(L),
Ele tiene forma de corazón, por «L» empieza su nombre pero para mí es mucho más que cinco letras.
Es la «L» de Amor en inglés, sumándole la grafía en castellano en dosis doble, dibujando una cUrva en forma de sonrisa después, terminando en Risas de esas que solo entiende la Amistad.
Esta chica, me encanta, me vuelve totalmente loca y eternamente yo.
No tenemos citas previas, ni mensajes abusivos ni nos vemos todos los santos Domingos, pero siempre somos nuestras, nuestras pero del viento.
Basamos la vida en instantes, salimos a pasear por las nubes. Dejamos a un lado los relojes y las redes, somos libres. Por eso es mi suerte. «L» es un poco normal y mucho increíble.
«Con su burbuja de cristal y mis rarezas».
Parece como si los semáforos se pusieran en verdes solo para nosotras, el mundo nos tocase canciones y las cicatrices dejaran de ser secretos.
Confío en ella, me confío tanto que si me dice salta y caigo al suelo, acabaríamos rompiendo tímpanos de la risa. Porque siempre quedará alguna cerveza con la que celebrar o arreglarlo.
Y es que cariño, te quiero. No soy demasiado expresiva desde la vida adulta, pero tú consigues encontrar esa parte de mí que me trae de nuevo a los pequeños detalles, a las monedas, al piti, a la tarjeta del parking, al ajedrez, al olor a nuevo, al placer, a las pipas, a las serenatas y a la luna llena.
Queridísima, amiga: estamos para siempre. Sin condiciones ni caducidad, porque nunca hemos exigido de más, ni mostrado de menos.
Somos tal cual, sin peso que cargar.
Por eso es tan fácil ver cómo el mundo revive y nosotras caminamos por el cielo con las puntas de nuestros pies.
Teníamos que conocernos para darle sentido a todo esto.
Gracias por uno de los días más sencillos, intensos, bonitos e increíbles de esta aventura.
La magia no entiende de dobleces.
Y tú, te quedas aquí para siempre.
Por muchos años más, hoy celebro este instante, por si fuera el último.
miércoles, 7 de junio de 2017
Una mirada..
Una mirada que aún no sé muy bien cómo explicar, como un niño pequeño que sabe que no se ha portado bien.
O como un adulto que se ha dejado la cartera en casa.
La mirada que no entiende muy bien cómo reaccionar, que nadie habla, que nadie baila.
Una mirada que congela el tiempo.
Un poco de culpa y un mucho de mar.
La sal del tiempo y la brisa del presente, eso era lo que me dijo con la mirada.
Un quizás, una conversación pendiente.
jueves, 1 de junio de 2017
El pañuelo perdido,
Te escribo esto hoy que me he acordado del pañuelo que perdí, bueno para serte sincera quizás no me he acordado únicamente hoy pero me parece una buena excusa.
Parece que no ha pasado nada de tiempo, pero a la vez ha pasado el suficiente como para que la vida haya cambiado demasiado.
Ya se pasó esa emotividad desmedida, esa zalamería y ese juego de hacer magia por los rincones.
He de serte sincera, y no intentar adivinar más de lo que ya intenté.
Intentaba ser más fuerte contigo de lo que de verdad era, intentaba obviar que me habías cambiado en parte, al igual que intentaba apostar cartas de una manera sutil, pero desde la retaguardia, aunque me enfrentase cara a cara a ti.
Creo que contigo es con quien más silencios he guardado en toda mi vida, y ni siquiera aquí me he atrevido a desnudarles.
En este tiempo he aceptado mil errores que yo misma negaba, sobre mí, sobre mi vida.
He dejado de verlo todo tan ideal, para verlo más adulto.
No era una niña grande, era una niña pequeña; y la incongruencia llega cuando vives en una sociedad de adultos más que de adolescentes.
Tocaba crecer, tocaba crecer y yo no quise verlo.
No quise entender que a veces lo único que necesitas es no pensar tanto, no analizar tanto, y no jugar tanto a tensar cuerdas mentales hasta agotarnos y cortar la cuerda con unas tijeras de plástico, haciendo más daño en el proceso de cortar que en el corte en sí.
Quizás por eso aún hoy te escribo, cuando he invertido semanas en intentar entender qué era todo, todo lo que en mi vida me ha traído hasta aquí.
No sé nada de ti, eso es lo complicado, no te conozco apenas. Porque ya no confío en los recuerdos, ya que ellos solo daban forma a mis cuentos. Pero la verdad, es que a pesar de que he intentado reescribirlos hay partes que no hay manera de transformarlas, que siguen intactas.
Y, por eso mismo, quizás deba escuchar un poquito más y hablar un poquito menos.
He de confesarte que una fuerza sobrenatural me impide volver a ese páramo, he pasado por allí, pero ni la inspiración, ni el color, ni la concentración, ni el olor son los mismos. Es lo que tiene vivir momentos tan diferentes y que de golpe todo vuelva a una escala de grises, neutra y sin música ni silbidos.
He caminado descalza, he caminado tanto que he conseguido encontrar algo de significado a mis huellas y entender que la parte de mí que conociste, no era del todo yo. Había una parte escondida, como la excusa de aquel pañuelo para una próxima cita.
También he de decir que he vivido, que he viajado por aquí a otros lugares, que he conocido un poco más esas cicatrices que gritaban en mi cuerpo y yo disimulaba.
La vida no es tan fácil, ahora soy yo la que llevo semanas encerrada en mí misma, en contacto con el mundo pero oxidada, desafiante.
He decidido quitarme filo, dejar la armadura colgada en los barrotes de la cama y ser sincera con todo lo que esconde mi piel y mi pelo rizado.
Sé que por la vida, no volveré a encontrarte a menos que tú quieras. Que si hago memoria de la última vez que te vi un sabor amargo aparece. No me entiendo, y no he sido capaz de seguirnos el hilo.
Quizás ya tampoco quiero entenderlo, que hay ciertos enigmas que son bellos por el simple hecho de ser una incógnita.
Ya se me pasó la rabieta del pañuelo, de no tener respuestas, de querer saberlo todo en bandeja de plata.
Ya se me pasó la rabieta porque había ciertas cosas que ni yo sabría qué responder.
Quizás ahora sería más sencillo, más sencillo afirmar y reconocernos. Más sencillo discutir sin escondernos, por miedo a que descubramos algo de nosotros mismos que nos dé miedo a encontrar.
Lo que nos hace únicos en la vida son los errores que cometemos, los rincones que encontramos y los cafés que compartimos.
No hay más, me resumo en eso. Me resumo ya no tan histriónica y más humana. No era para tanto, pero sí era suficiente para escribirte.
Espero volver a encontrarte, sin tensión y sin reproches.
Porque un insignificante pañuelo ha dado mucho que escribir, y si lo hubiese perdido podría haber culpado al destino. Pero esta vez fue más una causalidad que casual, y con eso basta.
Ya no intento entender, solo quería que supieras que quizás hablé demasiado rápido mostrándome de menos.
Que quizás te diga más ahora que en todos los otros meses, y como decía Peter Pan: "crecer es aprender a despedirse".
Me despido por ahora, con la calma y un sentimiento extraño que no ha desaparecido del todo, pero es bonito tal cual.
¿Sabes lo único que odio de la vida adulta? Que a veces olvidamos la sinceridad de los niños, nos sentimos indefensos ante estupideces y valientes cuando podemos escondernos.
Intentaré no esconderme más, quizás tenga algo de hipermnesia... por eso quizás viva con recuerdos de más, en este lugar donde habitan.
Todo acaba, supongamos...
miércoles, 31 de mayo de 2017
Whisky con hielo.
Una chica que bebe whisky con hielo, que camina ligera pero besa lento.
El tiempo convierte en flores sus lunares.
Una mujer joven, adulta.
Que ha aprendido a decir «NO», que conduce rápido pero vive lento.
Que puede que alguna de sus manías la hiciese eterna en algún recuerdo, aunque ella se piense olvidada.
Quizás aún en su mirada algún día vuelva a desatar ese fuego que empañaba cristales y ahora levanta polvo del suelo al despedirse.
Que ya no mira atrás al marcharse.
Que guarda todas las postales en un cajón y quema los sellos, para que no vuelen a otros cielos.
Si esa joven mujer llora, será un breve instante antes de un trago más de whisky.
Ya no se deja hilos es otros pulsos que en ella aún laten.
Deja la un sello rojo en la copa, suave beso de arte que ya no recorre cuellos.
Ahora, que ya sabe el final de todos los cuentos...
Lleva unos meses serena, sin sorpresa en su rostro.
Pero sus mejillas aún delatan que siente.
Pero para los adultos son más fáciles las despedidas.
domingo, 28 de mayo de 2017
Silencio ensordecedor...
Por primera vez estoy en un silencio ensordeceror que asusta.
Me sumo en la oscurridad, se taponan todos mis sentidos y hasta el sonido de mi respiración parece un estruendo, lento y pausado.
Silencio en la madrugada que retumba, sin palabras.
Sin nada más que añadir, silencio.
Caigo en el vacío de la oscuridad, la génesis de un todo.
Un todo por inventar de nuevo.
Silencio.
El silencio llegados a este extremo provoca miedo.
No tengo ni siquiera palabras, solo una hoja en negro para escribir con tinta de estrellas.
Hoy ni siquiera las estrellas brillan, no hay Luna que sirva de punto para estas letras.
Esta noche soy silencio, al alba seré la espuma del mar que lleve a la orrilla el naufragio de esta velada.
Silencio, una sutil muerte.
Una preciosa revolución.
martes, 23 de mayo de 2017
Toca crecer,
Toca crecer, este año he llegado a la conclusión de que todas las decisiones que fui tomando me han llevado a crecer, CRECER.
Tener responsabilidades, conseguir objetivos de mujer adulta, pensar más con la cabeza y menos con el corazón.
Los últimos meses me he dedicado a pasar por hielo todas las emociones, quizás sea contraproducente. Quizás simplemente sea un catarro de adultez momentáneo; quizás simplemente siempre viví demasiado rápido.
He aprendido a cometer errores, hoy tuve un accidente con el coche a la vez que he firmado el contrato de mi primer coche, mi nuevo novio.
Aceptar un grado universitario como un mero trámite también es otra historia, renunciar a irme fuera para tomar responsabilidades. Abandonar la poesía. Trabajar de manera complementaria con los estudios...
Y sinceramente, todo son mierdas, siempre odié a los adultos, me caen mal, tienen prisas para todo y poco tiempo para las cosas importantes.
Quizás deba empezar pronto una nueva hoja en blanco, dejar de pensar tanto en mi nuevo DEBERÍA, para apostar más por el QUIERO.
No me gustan los adultos, ahora que ya no es que sea mayor de edad, sino que simplemente ya no soy tan como una niña.
La parte romántica e idílica la he plantado en una maceta, a ver si algún día salen brotes.
He aprendido mucho, quizás más que en mucho tiempo antes, en todo este real silencio he aprendido de personas que se van, personas que nunca existieron, personas que existían solo porque tú creías en ellos.
La metáfora de Los Reyes Magos en la vida adulta, hasta que de pronto ves que son los padres (que también tiene su mérito, no lo niego), me refiero a esa sensación de reaccionar, de pronto ver de pronto las cosas desde una perspectiva llana.
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Ahora que he soltado mi discurso de turbación, he de decir que aquí sigo. Que si he de crecer intentaré hacerlo con estilo, por lo menos.
Que aún "tenemoss tiempo", que crecer no es simplemente aprender a pasar el tiempo. Crecer es no dejar nunca de buscar nuevas formas de alzar el vuelo.
Pero eso sí, solo sientes los pies cuando tocas la tierra.
Y en parte, siempre me encantó ir descalza.
He pisado una piedra, he cometido muchos errores y me he estrellado contra un poste de hierro.
Pero eso no es nada, los errores enseñan mucho más que los aciertos.
Joder, que no vamos a dejarnos morir tan pronto.
Pronto se me quitará este catarro de adultez, lo prometo.
viernes, 12 de mayo de 2017
Me dijo: «Quiero hacer algo»...
Me dijo: «quiero hacer algo... »
Los puntos suspensivos definen el silencio de dos minutos de tregua para que llegase el tranvía, que también estaba en huelga.
Y a la vez en este cuento como si la Cenicienta tuviese prisa por que llegasen las 12 antes de tiempo.
Era Luna llena, yo no lo sabía, pero siempre influye. Entonces aparecen los mismos ojos de ayer, un viaje entre culturas y varias cervezas de propina.
Aparece el quizás de nuevo, el «algo» se traduce al idioma de los besos para aquel inesperado encuentro.
¡Qué caprichosa la vida cuando dedicide inventarte!
Tras horas de intentar entender el mundo, de explicar lo simple increíblemente complejo, de entender lo complejo en la sencillez.
Entonces llega un punto que no tienes escapatoria, ni salida. Que en cierta medida tampoco quieres irte. Te quedas en ese pequeño punto anclado en la tierra, exacto para tus pies y el viento.
No se te ocurre la ligera idea de un dedal con un sabor a cerveza.
Entonces ocurre.
Inventa una noche de la nada, una aventura volando por las líneas del cielo.
Me presenta su ciudad, a la vez que me enseña cómo alguien inquilino entiende el mundo donde vivo; y yo aprendo a quererlo más.
Viajo, vuelo y me encuentro.
No soy nada más que un beso, libre y tímida a la vez.
Soy un dedal entre las agujas del mundo.
Ese encuentro casual tan concreto en la humanidad.
Somos un instante, dos minutos, dos idiomas y un beso.
Una palabra después que no entendí, pero tan bella como el viajar.
Una bonita postal para este recuerdo.
«Quiero hacer algo...»
P.D. Algún día habrá que dejar que el azar nos lleve hasta allí. (H)
jueves, 11 de mayo de 2017
Vértebras quebradas.
Tengo las vértebras esportilladas por los cristales que tantas veces saltaron por los aires.
Tengo la voz rota por dejar que el corazón hablase demasiado.
Di muchos pasos perdida, siguiendo la línea que dejaba la estúpida excusa de quererle.
Tengo la mente fría, el corazón en una caja fuerte y demasiadas cicatrices en la mirada.
Tengo un revolución las trincheras de mis madrugadas y un quizás bajo la chistera por si llueve.
Mi piel se la lleva el viento, mientras el tiempo se enfría como un té y amarga.
De pronto aparecen unos ojos, una primera vez de muchas en la vida.
De golpe, en unos minutos surge un quizás al igual que todo el posible daño tras la catástrofe.
Entonces el té se enfría, pero no sabe amargo. Entonces te dibujan distinta. Es solo un instante que puede que nunca más sea.
Se despierta la niña y sueña. Antes de dormir recuerda el café que dejó de ser solo y un té verde acompañado.
A veces la vida te sorprende...
Luego dejas que el viento vuele ese instante.
Pero justo antes de dormir, por arte de magia, abro una ventana... ¡y aparece!
Siguen quebradas las vértebras, sé que puedo fallar en el vuelo, pero si tengo alas son para volar.
domingo, 7 de mayo de 2017
Podría.
Podría haber cambiado el momento tras tantos instantes increíbles de revelación. De cómo podría ser todo si lo de mi mente cobrase sentido.
Tantas versiones de tantos instantes que me encantaría haberme olviddado de mí y vivido.
Tantos momentos llenos de emoción evaporada con un quizás.
Podría sí, pero no fue.
Y así nos pasó la vida.
miércoles, 3 de mayo de 2017
A tu vera, canción.
Nos recuerdo en aquella Galicia, hace tantos años ya pero, tan sumamente.
Pero bien sabes que siempre fui incondicional y nunca pude disfrazarme ante ti.
Estabas ahí siempre, estuve ahí siempre.
Desde el primer abrazo hasta el penúltimo, siempre.
Últimamente me congelé contigo, no quería aceptar que existiese la pequeña posibilidad de que ese capítulo ya hubiese llegado a su punto y final, por eso lo congelé. Pero entonces llegas con tu fueguito para volver a encenderme la vida, sin compasión.
Todo a lo que teníamos miedo, nos hemos tenido que enfrentar, sobre todo al peor reto de todos: C R E C E R.
Hemos crecido, pequeño amigo. Hemos crecido marcando miles de recuerdos pero no hemos dejado de cantar y jugar nunca. Inventando a cada instante mil nuevos momentos, dejando notas por los rincones para nunca perder el rastro, aunque caigamos en medio de un nuevo universo.
Hemos crecido, sí. Valientes capaces de aceptar el miedo pero siempre con un alma dispuesta a ganar cada batalla.
Nos perdemos, nos perdemos sin miedo a formar parte del tiempo. Porque hay cigarros que no se deben apagar nunca. Y si se apaga, siempre conseguimos bajar alguna estrella para encenderlo.
Vivimos sin miedo a morir, capaces de caminar por el horizonte, en la línea perpendicular que nos lleva directos a la utopía.
Nunca te lo confesé, somos dos mundos con un puente directo que los conecta, que va enlazando cada parte de nuestros caminos, que siempre caminamos juntos aunque no nos veamos. Que la amistad nunca atiende a reproches ni exigencias. Por eso te quiero, porque nunca exigiste nada, porque nunca nos pedimos nada, sin embargo siempre nos lo hemos dado todo.
Y todo es una palabra demasiado pequeña para todos estos años, pero más pequeña soy yo, casi diminuta pero, eso sí, con un matiz indestructible ya que siempre tendrás las coordenadas para encontrarme.
Ya que siempre nos encontramos.
Eterno amigo, siempre acabamos parando el tiempo, jugando a escondernos de la rutina... y a cada paso experimentar algo nuevo.
Vivimos intensamente, tanto que es como si quisiéramos morirnos de vida.
Y busco motivos para explicarte es "hubb" que tengo por ti, pero ya sabes que fui de silencios.
Pero eso sí, pase lo que pase, a tu vera aunque tú no me veas.
Ya lo decía el Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos"
Te quiero...
Mis tachones
Guarda todos los nombres en mi libreta, una lista llena de tachones y casualidades.
Días marcados por pequeños trazos de abismos de eternidades.
Pequeños duendes que pasan la noche en mi almohada y se cuelan por mis sueños.
Al amanecer, cada mañana cojo una nueva hoja que arranco al anochecer. Y así pasan los días.
A veces se burlan de mí las casualidades, otras resuelven mis dudas y me llenan de alas.
Hace meses que no sé si me invento o me borro.... que vuelo pero no recuerdo cómo he aterrizado de nuevo entre mis sábanas deshechas.
Luego vuelven los días llenos de luz, los giros que da mi peonza que mi abuelo tan bien me enseñó a lanzar, tensando la cuerda en el aire.
Luego vuelven las luciérnagas a mis sueños y olvido todos los nombres, incluso el mío mismo.
Y es tan extraña la sensación de amar por una caprichosa corazonada de mi pecho.
Entonces ayer ya es hoy y voy y te encuentro.
domingo, 30 de abril de 2017
Colillas dibujando estrellas fugaces...
Le di la vuelta al primer cigarrillo del paquete, hoy lo fumé y cuenta la leyendo que el último es el del deseo.
Me miro, me miro desnuda con ese peculiar cigarrillo que desde hace unas épocas me identifica, a lo Audrey Hepburn.
Me desangro al desear, internamente, rajo las entrañas de mi ser para desear libre.
Desear internamente esa casualidad para que desaparezcan los imposibles.
Entonces como una artista pinto la noche del cielo desde mi ventana, acabando esta noche e intentando dejar un mundo un poquito mejor para mañana.
Con más gestos humanos en el ayer.
Me visto con las sábanas deshechas y respiro.
Solté el deseo como quien puede crear estrellas fugaces... y vuelo.
Vuelo en el mundo de una manera sutil.
Nadie puede ver mis alas, quien las consiguan ver, como otros hicieron... entonces ese nadie de convertirá en un ser que volverá a creer en la magia.
sábado, 29 de abril de 2017
Vino tinto.
Soy el vino que baja por tu garganta.
Que seduce tu mente lentamente, que casi no puedes controlar que aparezca de pronto entre tus pensamientos.
Un dulce desliz que recorre tu mente como si de incesto se tratase. Intentando no mover más piezas de las que dan por hecho cómo será la jugada.
El calor que tiembla, un atisbo buscado en un instante como inflieles disimulando inociencia, secreta estampa.
Un torrente de emoción que revive lo oscuro en cada verso.
Una caricia que te perturba, fuerte en la nuca.
El frenesí de la imaginación volando ante el deseo de algo inimaginable.
Conocer, sentir más allá de lo esperable.
Desear, por siempre, alguien que consiga ver la mitad de tu ser y la otra inventarla...
Y, sin remordimientos, encontrarte.
jueves, 27 de abril de 2017
Perdona si desaparezco.
Me desnudé entera ante ti, pudiste ver cada surco en mi piel, cada cicatriz, cada lunar y lugar por los que perdía fuerza.
Conociste cada escondite secreto de mi ciudad que se ilumina cuando el mundo duerme, cuando nadie puede ver nada más allá que sus sueños. Me viste llena de secretos y trucos de magia para creer que la felicidad puede convertirse en realidad.
Que busco mis gafas para ver picotear los pájaros que visitan mi jardín cuando llueve, tan felices y ajenos. Que me corto el pelo cada vez que pesan los recuerdos y no basta con pintarme los labios de rojo valiente.
Te miro de lejos en mis recuerdos, paseando, escondiéndonos del mundo entre hierbas salvajes. Buscando nuevos horizontes donde pintar una eternidad difusa en la que vivir un futuro que ya caducó.
Pasado.
domingo, 23 de abril de 2017
No more...
Escribo mientras estás cerca
Tú, imbécil caballero.
Que ya me queda claro que la idiota siempre fuir yo ... y así va la vida de fácil.
Y haré como si no hubiese visto nada...
Pero la vida es así de dura.
Y yo ya he sido demasiado tonta.
La única verdad: me importabas.
sábado, 22 de abril de 2017
Quinquinué 2.0
Volvimos a cruzarnos sin mirarnos,
curiosa casualidad casi a propósito.
Gracias al cielo que me abrazaron.
Gracias a la vida que me hizo más fuerte y supe ponerme en la perspectiva necesaria para ser invisible.
Algo se remueve por dentro, el pasado que provoca un tsunami con tu presencia.
Ya no tienes olor que me perturbe.
Ya no existe mirada que me secuestre.
Ya nada queda de ese sinrazón motivo para volver a encontrarte.
No vuelven las canicas ni las causalidades.
Cada uno vive en un presente en el que ya nada existe.
Y yo le escribo a un ente invisible, al polvo que queda tras la incineración del tiempo.
No quedan ni las pisadas sobre la tierra fértil de nuestra juventud, ni los polvos de emergencia.
Ni las estrellas fugaces que te regalé con el único deseo de que fueses feliz, aunque en ese momento estuviésemos abrazados. Solo quería que fuese cual fuere nuestro destino, tú fueras feliz.
Parece que surgieron efecto.
Ya no te pido en las estrellas fugaces.
Ya no existes en cada suspiro.
Te escribo como se le escribe a un difunto al que amaste.
Que no existe resurrección que nos salve.
Que todos mis amantes tienen un pequeño atisbo de ti, pero no eres tú y eso en parte me salva.
Y hoy soñé que estaba al borde de una cascada, intentando no caer al vacío, toda la noche. Había tiburones y yo me paralizaba por el miedo, conseguía sobrevivir pensando en la belleza del tiempo, teniendo fe aún no sé si en mí misma o en el cielo.
Luego llegaba a una piscina inmensa, sin peligros pero seguía sin soltarme del borde... quizás debí nadar hacia el abismo...
Entonces aparecía mi abuelo, era la hora del baño de las seis de la mañana, entonces el sol comenzaba a salir y yo llegaba a los escalones. Un nuevo día empieza.
Y el miedo solo se convierte en el recuerdo de un sueño.
Sobreviví.
viernes, 21 de abril de 2017
Y mañana serán todos los principios
Hoy es el pasado lleno de motas de polvo de todos mis amantes.
Hoy camino ligera por las calles y vuelvo a recordar los prados donde ayer caminaba descalza.
La hierba fresca siempre acoge mi piel.
Las piedras forman parte del paisaje.
Ya no me lleno los bolsillos de piedras, las dejo en el lugar al que pertenecen. Ya que yo soy y seré siempre el recuerdo que les quede de mí.
Mañana siempre es difuso, acaba el día y aún no sé si ha acabado. No entiendo los comienzos, cuando todo nace de un recuerdo inesperado.
Somos partes del pasado que cobran sentido en un instante.
Y a cada estrella fugaz comienza un nuevo principio.
A cada estrella instantánea le sigue un fotograma del mismo deseo sin palabras que siempre me persigue.
Algo me deja el corazón quieto unos instantes y luego la vida rebobina.
«La chica de las estrellas fugaces» vuelve un instante y solo quiere que el mundo se encienda de magia.
Hoy vuelvo a tener los pies fríos y el corazón caliente.
Y siento entonces la libertad de una estrella casual, pero eterna.
Que cada año me secuestra y me vuela.
Entonces me siento libre, ligera, como una pluma rozando el sol en primavera.
Un brizna en el viento de la noche.
Una pequeña hormiga encontrando mis cosquillas.
Un grano de arena entre mis rizos.
En eso me convierto hasta el en el brillo instantáneo en el cielo de aquella estrella, callendo hacia el horizonte, lentamente, como si quisiera ser eterna.
Y yo la pinto en mis pupilas, desnuda y sincera.
Termino el cuadro con un suspiro, me convierto en azul y desaparezco.
Desaparecen las palabras y en este instante ni siquiera yo existo.
Solo existe lo que recuerdas de mí.
Solo quedarán objetos en mi cuarto.
Iluminado por la noche incluso en los días más oscuros.
Simplemente mañana ya no repetiré todas los nombres que me definen.
Comenzaré el día casual y mundana.
Y todas mis eternidades quedarán en cuadernos de tapa dura, reliquias si algún explorador decide buscar cuando desaparezca del todo.
Y ya no sea partículas que coexisten.
Ya no seré millones de células que cobran vida tras cada latido.
Seguiré en el viento, cuando la vida que nunca dejaré de amar me abandone.
Seguiré viva, en cada búsqueda de la utopía de una niña que nunca se conformó con lo establecido.
Que siempre necesitó esas mil eterninades que, a veces, solo duran un segundo.
Y eso es lo bonito que aprendió de tantas estrellas instantáneas; lo de siempre nunca te abandonará. Pero los instantes eternos, solo ocurren una vez en la vida.
Aunque se repitan pero diferentes.
El día que se acabe el mundo, será cuando lo invisible no sea lo fundamental.
Mañana, sin embargo, es el comienzo de todos mis principios.
Luchar contra la realidad
Estoy a un paso de volverme loca de remate. Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...