Me dijo: «quiero hacer algo... »
Los puntos suspensivos definen el silencio de dos minutos de tregua para que llegase el tranvía, que también estaba en huelga.
Y a la vez en este cuento como si la Cenicienta tuviese prisa por que llegasen las 12 antes de tiempo.
Era Luna llena, yo no lo sabía, pero siempre influye. Entonces aparecen los mismos ojos de ayer, un viaje entre culturas y varias cervezas de propina.
Aparece el quizás de nuevo, el «algo» se traduce al idioma de los besos para aquel inesperado encuentro.
¡Qué caprichosa la vida cuando dedicide inventarte!
Tras horas de intentar entender el mundo, de explicar lo simple increíblemente complejo, de entender lo complejo en la sencillez.
Entonces llega un punto que no tienes escapatoria, ni salida. Que en cierta medida tampoco quieres irte. Te quedas en ese pequeño punto anclado en la tierra, exacto para tus pies y el viento.
No se te ocurre la ligera idea de un dedal con un sabor a cerveza.
Entonces ocurre.
Inventa una noche de la nada, una aventura volando por las líneas del cielo.
Me presenta su ciudad, a la vez que me enseña cómo alguien inquilino entiende el mundo donde vivo; y yo aprendo a quererlo más.
Viajo, vuelo y me encuentro.
No soy nada más que un beso, libre y tímida a la vez.
Soy un dedal entre las agujas del mundo.
Ese encuentro casual tan concreto en la humanidad.
Somos un instante, dos minutos, dos idiomas y un beso.
Una palabra después que no entendí, pero tan bella como el viajar.
Una bonita postal para este recuerdo.
«Quiero hacer algo...»
P.D. Algún día habrá que dejar que el azar nos lleve hasta allí. (H)
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