Una chica que bebe whisky con hielo, que camina ligera pero besa lento.
El tiempo convierte en flores sus lunares.
Una mujer joven, adulta.
Que ha aprendido a decir «NO», que conduce rápido pero vive lento.
Que puede que alguna de sus manías la hiciese eterna en algún recuerdo, aunque ella se piense olvidada.
Quizás aún en su mirada algún día vuelva a desatar ese fuego que empañaba cristales y ahora levanta polvo del suelo al despedirse.
Que ya no mira atrás al marcharse.
Que guarda todas las postales en un cajón y quema los sellos, para que no vuelen a otros cielos.
Si esa joven mujer llora, será un breve instante antes de un trago más de whisky.
Ya no se deja hilos es otros pulsos que en ella aún laten.
Deja la un sello rojo en la copa, suave beso de arte que ya no recorre cuellos.
Ahora, que ya sabe el final de todos los cuentos...
Lleva unos meses serena, sin sorpresa en su rostro.
Pero sus mejillas aún delatan que siente.
Pero para los adultos son más fáciles las despedidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario