miércoles, 27 de enero de 2021

Un paseo...

 Ojalá un asesino en serie, como pensaba al principio de conocerte. 

Luego te vi, yo llegaba tarde, como siempre a la vida, y tú al lado de las bicicletas: ¿será? Encarna, no dudes, es él. Es alto y guapo, ¿y si me voy ahora que aún no he hablado con él?  Mejor hacerme la remolona, miro el móvil y disimulo. Sí, mejor me voy... pero, ¿y si merece la pena? 


Lo que no me imaginaba, es que en ese paseo visitaríamos un museo, beberíamos un café horrible y un bourbon, pasearíamos y me cogerías del hombro. Cómo explicar que me sentí tan cómoda... tan yo. 


Luego llegó la despedida que se convirtió en encuentro, y de un beso acabamos en dos elevados al infinito. 

Si hablamos de metros, como tanto les gustan a los italianos, fue un gran salto. 

Eso fue viernes, de viernes saltamos a lunes. 


Otro paseo más lento, más íntimo, hablamos de heridas e historias, fuimos quitándonos capas de piel, las ruinas de la ciudad nos miraban con envidia, la luz de la ciudad era diferente y yo tenía a mi lado unos ojos marrones infinitos. Pusimos límites, prometimos no ser amor, pero sí hacerlo. Total... la única certeza de esta coincidencia era que tenía una fecha de caducidad. Luego buscando una azotea nos encontramos y volvimos a tener 16. 


Hoy es miércoles, te escribo al llegar a casa. Te escribo con la nueva certeza de que serás parte de mi historia, porque aquí pocas veces saco a la luz los nombres de mis almantes. Yo llegaba con vino pensando que huiríamos un rato de la rutina, sin embargo me devolviste a mí. 

Será por la forma de mirar, por la forma de encontrarnos, de escucharnos y de llegar más allá de lo que decimos, será el abrazo piel con piel y quedarme atrapada en tu latido.

Será que estamos vivos, que de un paseo me has hecho saltar a mí misma. 

Me recordaste la palabra abrazo, fuerte, enlazados, sin prisa y sin soltar, corazón con corazón. También la palabra caricia, suave y sutil. Finalmente acabamos en la risa. 


Como dice Marwan: sé que mi próxima cicatriz llevará tu nombre, por ahora solo puedo darte las gracias, por inspirarme, por cada paseo: por mi ciudad, por nuestra historia, por nuestra alma. 




domingo, 24 de enero de 2021

La carta que me escribí esta cuarentena.

De vez en cuando es necesario parar, parar para ver qué nos pasa qué sentimos, qué está latiendo dentro de nosotros, por qué no avanzamos... o qué, dentro de tanto ruido, no dejamos que salga. 

Esta carta me la escribí en la cuarentena, cuando el agobio del silencio y la rutina de mi mente se volvió en mi contra.

  < El mayor problema que tengo es que desde que empecé la carrera me ha dado miedo fallar en todo lo que hacía, porque cuando lo perdí todo se me olvidó todo lo que yo había conseguido. 

A veces toca vaciarse para poder empezar de nuevo, cuando "el hijo de puta miserable" volvió me di cuenta de que estos años había avanzado mucho sin él, pero también me había llenado de miedos, me malacostumbré a que la gente me reafirmara una y otra vez que todo estaba bien, perfecto y si no era así no valía, siempre había que luchar por la perfección y es más fácil luchar por aquellos lugares donde siempre gano aunque sea en un partido de segundas de mi vida, con la creencia de que no soy suficiente y lo mejor es conformarse con menos. 

Me he valorado en base a lo que me follaban, me besaban o incluso me entendían, cambiaba siempre mi discurso para que encajara con lo que era adecuado.

 No me arrepiento de la vida que he vivido, pero gran parte de ella me la he pasado pensando y buscando si mis sentimientos eran los adecuados o no, porque yo necesitaba en cierto modo para mí que así fuese.

 También me cansé de ser... la de, tú eras... Estoy orgullosa de grandes cosas que hice pero ahora me parecen humo, nunca conseguí ni siquiera tener una letra perfecta, siempre me resignaba a un papel secundario desde que mi papel principal me lo cambiaron por otra. 

 Comienzo a tener arrugas, tengo 22 años y me siento tan dependiente, tan poco válida por mí misma... ni para trabajar, ni para avanzar en las decisiones que también me exijo. Con el TFG me pasa que como sé que me tienen que poner a prueba me paso muchas horas sobre cómo hacer algo dudando de si estará bien o mal, para hacerlo mal. 

Admiro a mucha gente que tiene mucho de mí pero he olvidado. Y cada vez que voy a sentir hasta quemarme doy carpetazo para arder sola. Llevo mucho tiempo huyendo conmigo de mí cuando eso no me permite ni huir ni llegar muy lejos. 

Ya casi he olvidado mis sueños, porque intenté aprender a soñar "LO BUENO": soñar lo que se esperaba de mí, lo que se podía cumplir. He huido tanto de mí misma que me acostumbré a no sentirme, y sentirme a medias era una forma de sobrevivir.

 Con el sexo me he disfrazado y no he dejado a nadie sentirme, pero he estado con muchos cuerpos nunca bien acompañada. He intentado estar en todo para todo y no he sido capaz de estar para los que me necesitaban. He huido de los que me querían haciéndoles sentir como si no fueran nada, lo que me hicieron a mí y me hice creer que era buena cuando a mí también me pesaba el alma.

 No quiero ser una copia barata de mi madre ni las frustraciones de mi padre, aunque los admire y los ame con locura.

 Estoy cansada de llegar tarde también a mi vida por no echarle los huevos y el valor necesario para luchar por mí y aceptarme.

 Llevo cinco años huyendo de mí sin ganas de ser yo, pero buscándome. Me preocupa que cuando sea mayor no tenga nada... que siga siendo un actor secundario de mi vida sin tomar las decisiones adecuadas para ser feliz.

 Me he escondido, me he olvidado, me he negado, me he congelado, me he cambiado por otra que hace mucho no soy. He llegado mal y tarde a mi vida tantas veces que vivo con miedo a fallarlo todo, buscando buenas excusas para maquillar mis grandes miedos y con tanta fobia a vivir que se me olvidaba que yo antes tenía muy claro la vida que quería. 

Odio las cosas de los demás que me hacen sentir vulnerable, lo que me hacía ser verdad pero a la vez lo que más miedo me daba... 

Me he despedido de tantas personas en silencio que he acabado callándome a mí misma demasiadas veces. 

Me echo de menos, estoy cansada de tener miedo de ser yo... 

 QUIERO BRILLAR POR MÍ.

 FIN>

No recuerdo el día exacto que la escribí, fue entre marzo y abril, o quizás después. 

Pero me hizo volver a empezar, conmigo, y gracias a vaciarme para seguir en movimiento vuelvo a encontrarme, acepto lo que duele, mis miedos y mis dudas... y a partir de ahí los cojo de la mano y volvemos a dar pasitos hacia la luz. 

Casi 10 meses después tengo una carrera, escucho lo que siento y mucho de lo que antes dolía ya no duele y los monstruos ahora solo son pensamientos, no muerden, ni me comen. 

No es fácil dejar de ser tu peor enemiga, pero merece la pena abrazarse, hacer las paces y seguir llenando de vida la vida. 

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...