Esta carta me la escribí en la cuarentena,
cuando el agobio del silencio y la rutina de mi mente se volvió en mi contra.
< El mayor problema que tengo es que desde que empecé la carrera me ha dado
miedo fallar en todo lo que hacía, porque cuando lo perdí todo se me olvidó
todo lo que yo había conseguido.
A veces toca vaciarse para poder empezar de
nuevo, cuando "el hijo de puta miserable" volvió me di cuenta de que estos años
había avanzado mucho sin él, pero también me había llenado de miedos, me
malacostumbré a que la gente me reafirmara una y otra vez que todo estaba
bien, perfecto y si no era así no valía, siempre había que luchar por la
perfección y es más fácil luchar por aquellos lugares donde siempre gano
aunque sea en un partido de segundas de mi vida, con la creencia de que no soy
suficiente y lo mejor es conformarse con menos.
Me he valorado en base a lo
que me follaban, me besaban o incluso me entendían, cambiaba siempre mi
discurso para que encajara con lo que era adecuado.
No me arrepiento de la
vida que he vivido, pero gran parte de ella me la he pasado pensando y
buscando si mis sentimientos eran los adecuados o no, porque yo necesitaba en
cierto modo para mí que así fuese.
También me cansé de ser... la de, tú
eras... Estoy orgullosa de grandes cosas que hice pero ahora me parecen humo,
nunca conseguí ni siquiera tener una letra perfecta, siempre me resignaba a un
papel secundario desde que mi papel principal me lo cambiaron por otra.
Comienzo a tener arrugas, tengo 22 años y me siento tan dependiente, tan poco
válida por mí misma... ni para trabajar, ni para avanzar en las decisiones que
también me exijo. Con el TFG me pasa que como sé que me tienen que poner a
prueba me paso muchas horas sobre cómo hacer algo dudando de si estará bien o
mal, para hacerlo mal.
Admiro a mucha gente que tiene mucho de mí pero he
olvidado. Y cada vez que voy a sentir hasta quemarme doy carpetazo para arder
sola. Llevo mucho tiempo huyendo conmigo de mí cuando eso no me permite ni
huir ni llegar muy lejos.
Ya casi he olvidado mis sueños, porque intenté
aprender a soñar "LO BUENO": soñar lo que se esperaba de mí, lo que se podía
cumplir. He huido tanto de mí misma que me acostumbré a no sentirme, y
sentirme a medias era una forma de sobrevivir.
Con el sexo me he disfrazado y
no he dejado a nadie sentirme, pero he estado con muchos cuerpos nunca bien
acompañada. He intentado estar en todo para todo y no he sido capaz de estar
para los que me necesitaban. He huido de los que me querían haciéndoles sentir
como si no fueran nada, lo que me hicieron a mí y me hice creer que era buena
cuando a mí también me pesaba el alma.
No quiero ser una copia barata de mi
madre ni las frustraciones de mi padre, aunque los admire y los ame con
locura.
Estoy cansada de llegar tarde también a mi vida por no echarle los
huevos y el valor necesario para luchar por mí y aceptarme.
Llevo cinco años
huyendo de mí sin ganas de ser yo, pero buscándome. Me preocupa que cuando sea
mayor no tenga nada... que siga siendo un actor secundario de mi vida sin
tomar las decisiones adecuadas para ser feliz.
Me he escondido, me he
olvidado, me he negado, me he congelado, me he cambiado por otra que hace
mucho no soy. He llegado mal y tarde a mi vida tantas veces que vivo con miedo
a fallarlo todo, buscando buenas excusas para maquillar mis grandes miedos y
con tanta fobia a vivir que se me olvidaba que yo antes tenía muy claro la
vida que quería.
Odio las cosas de los demás que me hacen sentir vulnerable,
lo que me hacía ser verdad pero a la vez lo que más miedo me daba...
Me he
despedido de tantas personas en silencio que he acabado callándome a mí misma
demasiadas veces.
Me echo de menos, estoy cansada de tener miedo de ser yo...
QUIERO BRILLAR POR MÍ.
FIN>
No recuerdo el día exacto que la escribí, fue entre marzo y abril, o quizás después.
Pero me hizo volver a empezar, conmigo, y gracias a vaciarme para seguir en movimiento vuelvo a encontrarme, acepto lo que duele, mis miedos y mis dudas... y a partir de ahí los cojo de la mano y volvemos a dar pasitos hacia la luz.
Casi 10 meses después tengo una carrera, escucho lo que siento y mucho de lo que antes dolía ya no duele y los monstruos ahora solo son pensamientos, no muerden, ni me comen.
No es fácil dejar de ser tu peor enemiga, pero merece la pena abrazarse, hacer las paces y seguir llenando de vida la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario