Una mirada que aún no sé muy bien cómo explicar, como un niño pequeño que sabe que no se ha portado bien.
O como un adulto que se ha dejado la cartera en casa.
La mirada que no entiende muy bien cómo reaccionar, que nadie habla, que nadie baila.
Una mirada que congela el tiempo.
Un poco de culpa y un mucho de mar.
La sal del tiempo y la brisa del presente, eso era lo que me dijo con la mirada.
Un quizás, una conversación pendiente.
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