Sin cura, toda locura.
Viste de luto, la única manera de no sentirse un Arlequín en Semana Santa.
Se pinta de negro y en cada esquina de su laberinto aguarda un rincón secreto que solo pocos conocieron, quizás ya nadie.
Mujer de negro, entera. Por dentro, todos los colores del arcoiris pero hace meses que ya no salen.
La única luz, la de sus pupilas que nunca se apagan. Llena de silencios y de amaneceres, una una mujer suspiro.
Lo que nunca volverá a ser, se viste de negro en pleno agosto, como si fuese de luto. Llorando la pérdida de la esencia de la magia a la vez que ríe sin saber por qué ante su presencia.
Mujer espada, con doble filo en la lengua que desangra e hiere cuando solo intenga ser mujer caricia.
Mujer empedernida, con la valentía de todo ser humano entre sus piernas.
Mujer hombre, mujer incendio, mujer entera.
Mujer de negro, ya que es la única forma de ser todas las mujeres del mundo.
Mujer desnuda, la que tuviste entre tus brazos.
Mujer que recuerda, que no olvida.
Mujer presente, que sigue escribiendo aún cuando todo muere.
Mujer silencio, la de estos versos.
Mujer soñadora, la que te nombra.
Mujer olvido, la que nunca vuelve.
Mujer océano, la que naufraga hasta encontrarte.
Dama obscura, la que cuando no puedes ver nada enciende tu mundo con su ser.
Mujer incendio.
Mujer leal, la que prometió que nunca dejaría de ser mujer. De ser suya.
Mujer pájaro, la que vuela a otros cielos.
Mujer que existe, que es ser, que soy.
Mujer melancolía, mujer azul.
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