martes, 1 de agosto de 2017

Ojos negros.

Aún tengo su mirada clavada en mi alma.  Como si una noche sin estrellas me devorase, como si se hiciese de pronto la luz en el túnel oscuro de su mirada.

Estoy ahí, detenida. Intentando disimular el poder que emana en mí con esa fuerza que tiene al descubrirme con esa mirada limpia. 

Los ojos de un ser que prefiere escuchar, que adora mirar. Tengo poco que decir para intentar explicar todo lo que me han descubierto en un par de instantes esos ojos. 

Los llevo clavados en fondo de mi ser, intento esconderme para que no me descubra tan desnuda de piel, tan entera de alma.

Me siento niña, vuelve la magia, aparece una sutil chispa, sin trucos, sin dejarnos ciegos. El cómo un simple juego de cartas puede convertirse en la mejor manera de retarnos a vivir. 

Me encantaría leer todo lo que tiene esa mirada, intentar llenar de silencios todas estas palabras. Con la simple eternidad que sentí tras después de tanto tiempo re-conocerte. 


Quizás solo fue una mirada, quizás aún esté demasiado torpe con esto de las palabras. Quizás no sea el momento de decir nada y dejar que lleves sostenida, como un acorde,  mi mirada en el atardecer.

Quizás solamente pasó ese instante, quizás nunca más vuelvas a traerme hasta aquí. 

¿Ahora entiendes de qué iba todo esto de "las palabras de aquel silencio"?

He intentado explicarlo, pero no puedo. 

Aún no te di las gracias. Aún no he encontrado la ecuación que explique cómo se encienden mis mejillas. 

Por eso me escondo en el fuego, me sumerjo en el océano y me convierto en aire. 

Intentando que no vuelvan a descubrirme, pero deseando en el fondo de mi ser la siguiente oportunidad para volver a mirarnos. 

Jugábamos a la victorias, lo interesante estuvo al apostar. 

Fue un despertar al atardecer.

Todo sentío.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...