domingo, 13 de agosto de 2017

Lluvia de estrellas.

Ya no es la magia, ni la inocencia de hace años ni el último verano.

Hace más frío por aquí, se cuela hasta en el alma la escarcha.

Navego por un cielo estrellado sin luz, me llega un aroma a un nuevo «él», fugaz.

Fugaz como yo me convertí desde hace tiempo. Más fría, más mujer.

Capaz de decir lo que siente y capaz de decir no. Algo que nunca imaginé que aprendería. Hoy pienso que hace dos años que un otro él volvía, quizás el más fuerte de todos... el que nunca supo irse del todo hasta que un día de pronto en mi ventana solo quedaron sus cenizas.

Hoy sé que si vuelve, será un NO.

Que tengo todos los Síes en otros ojos, que no dudo aunque tiemble.

Que ya no quiero que ningún fantasma me encuentre.

Qué genial pedir eternidades, pero es mejor pedir presentes.

Pedirme aquí, a una estrella. Y ser yo la que se queda en mí para siempre.

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