lunes, 7 de agosto de 2017

Cráteres.

Gris plata por el suelo, el brillo de todas las estrellas fugaces de mi vida dibujando estelas en el viento.

Sentada, en una inmensa luna me baño de sus historias, me enamoro con los enamorados, sufro con todos los que amaron tenerla de farol.

Me levanto, camino por sus cráteres que no son más que balazos fallidos de Cupido, de historias que se envenenaron y meteoritos de besos que cayeron con tal fuerza que extinguieron todos los miedos.

Aún no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí, veo luces diminutas de millones de personas que estarán deshaciendo y haciendo el amor, descubriendo la vida o acabándola.

Desde aquí todo se ve diferente, somos seres ínfimos, íntimos y únicos, pero parecemos de lejos todos iguales.

Y aquí están cada uno de aquellos que por instante fueron eternos.

Sigo caminando, llego hasta un bosque en medio de la Luna. Un bosque con lianas que dibujan versos y música que resucita a la vida.

Camino lenta, me abrazo a los troncos de los árboles de diamante negro que cubren su rostro oculto.

Que protegen la belleza y no dejan que se filtre ni un ápice de su verdad. Un bosque incógnita que se siente como eterno.

Y yo me quedo aquí, en este lugar tan pequeño como tu pulgar. Me quedo entendiendo por fin que al igual que la Luna es la que provoca las mareas, es wl amor lo que nos atrae y nos mueve.

Es el arma más letal de la historia es el amor. El que nos empuja, nos atrae y nos mueve.

Por eso el amor tiene todas las respuestas y muy pocas preguntas. Por eso yo me quedo aquí a vivir, hasta el día que me muera, entonces seré como el dulce polvo de la luna, el elixir decls vida.

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