lunes, 27 de noviembre de 2017

TARDE

Llegamos tarde la mayoría del tiempo, me pregunto dónde estará todo lo que quedó en el buzón por llegar. 

Las letras emborronadas de lo que dijimos. 

Ahora: queda la impotencia de este presente marchito, en el que vivimos demasiado rápido en un presente asfixiante de cosas por hacer innecesarias. 

Quería decirte muchas cosas, que he escrito mucho que no publiqué. 

Toda la impotencia ante las corazas, la mía, la tuya. La costra que crea el tiempo en la mirada. 

Cataratas de prisas, de días que llegarán lejanos. 

Días en los que ya no te conozco y se vive bien. 

Días en los que de pronto te recuerdo como un espejismos de lo que ya nunca más seré, 

Me pregunto porqué, en qué momento apareció el olvido en nombre de recuerdo. 

Porque en los recuerdos seguimos vivos, ahora solo queda la estela de una estrella fugaz que pasó lenta. 

He perdido, lo sé. Quieres que desaparezca del todo, lo entiendo. 

Me pregunto `porqué fui tan radical al elegir entre el blanco y el negro, cuando la vida es siempre una escala de grises. 

O una escala de azules quizás. 

Tenía miedo, miedo de elegir cara y que saliese cruz. Pero sin embargo perdí la moneda. 

Ya no tengo nada de elegir, solo decirte que me apetece vivir, que no quiero ser tan radical que no me apetece jugar a los rencores ni al olvido. 

Que estoy cansada de este estúpido estilo de vida donde solo vivimos cuando tenemos el control. 

Que no merece la pena guardar cartas bajo la manga, que los ases se convierten en picas a la semana. 

Me he perdido, y no sé muy bien cómo volver. 

Sé que en el fondo de mí nunca quise irme. 

La pelota está en tu tejado; la baraja rota. 

Si quieres jugamos a vivir... sin cartas, con la vida. 

Tú eliges si quieres añadirle más opciones a la despedida o al recuerdo. 

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