Estamos llenos de taras, como si fuesen carmín deshecho a roales por la piel.
Vivimos con las marcas proyectándolas en otras personas.
Venimos con un código de identidad en forma de miradas y silencios intermitentes.
Corremos hacia ninguna parte, desnudos y solitarios, por los jardines de nuestros sueños.
Y estamos al borde del abismo de la vida, atados por nuestras taras, con miedo de que nos encuentren y nos las borren. Como si fuera difícil mirarnos siendo enteros y verdad.
Y así vamos, escribiendo las taras en cartas que no enviaremos.
Cerrando las puertas a bienvenidas por si fuera en vez de herida una tara más.
Y creemos que eso es ser fuerte, que así vivimos más enteros...
Y tenemos la estúpida ilusión de vivir plenos.
Cuando se nos escapa la vida por las taras.. . Y los besos se caducan en las cartas.
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