Somos palabras simultáneas, circunstancias periféricas.
Somos una pantalla y un Ojalá.
Todo lo que esperamos que la otra persona sea, vivimos en las palabras que nos enviamos en forma de mensaje.
Ya ha pasado una semana, dos desde que compartí un café con él enfrente.
Quizás sea una anécdota más de este bonito año.
Bonito y causal.
Que tenemos mucha vida por caminar y seguimos caminando.
Muchos sueños que cumplir, por los que seguimos luchando.
Hoy anochecí con esa miel en los labios que te dice: escribe.
Escríbele al que se acaba de ir a dormir mientras tú aún sueñas.
Escribe también a los fantasmas que un día soñaste con que no se marcharan.
Escribe y deja que vuelen, simultáneas la palabras.
Hacia sus sueños, hacia mis sueños.
Que quiero vivir por siempre en este instante: el previo.
Este mismo instante en el que todas las mariposas empiezan a batir las alas al despertar.
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