jueves, 28 de diciembre de 2017

Mira... es una estrella.

Cada año de los últimos colecciono estrellas fugaces, en mi mente.

Colecciono los fotogramas de esas bolas de fuego incandescentes, lentas y gigantes que detienen el tiempo.

Los colecciono en el soplo del corazón desacompasado, ese instante en el que casi ni respiras ni parpadeas.

Recuerdo todos los besos de golpe, tras esas estrellas, los bailes con personajes diferentes de mis historias... Cada Ojalá.

A cada vez que me encontraba una pincelada de fuego en el cielo siempre sentía un alguien...

Hoy sentí un poco a alguien, pero casi nada.

Hoy me sentí esa estrella, todas las anteriores juntas. Todas las historias que pasaron como estrellas fugaces que pasan lento... y esa era yo.

No eran los otros, siempre fui yo la fugaz... aunque en el fondo de mi ser deseara ser eterna en un instante.

Hoy comprendí que ser estrella fugaz no es triste, es un soplo de vida...

Que hay que engancharse a la cola del cometa y navegar.

Que somos fugaces, que somos incendio.

Y aunque de este año solo queden momentos, por primera vez al hacer cuentas me salen más buenos que regulares.

Y no los cambiaría...

Quizás los volvería a vivir dándoles la mano para volar.... o regalándoles algunas alas.

Pero eso no está del todo en mi mano...

Para ver las estelllas fugaces, un consejo:

abre bien el corazón al cielo. 

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