... cuando se acaba la batalla, cuando te rindes y ya no puedes seguir sosteniendo la espada. Miras al frente, al batallón de mentiras que tenías ante tus ojos, la trinchera de promesas que creías a corazón abierto.
Ahí te das cuenta de que el único daño que te queda por hacerte es tener esperanzas en que despertarás de la pesadilla.
Pero la vida sigue... la batalla ya pasó, y nadie se dignó a ser verdad.
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