Te busqué tanto que se me olvidó contar las veces.
Me fui, caminando y con la frente bien alta.
Ya solo lloro dos veces al año, antes eran dos mil.
Crecer es aprender a no llorar.
Creer es aceptar que los demás crecen, cambian y evolucionan como un día yo hice.
Creí que con la limpieza de cachivaches viejos acabaría con la alergia que me provoca tu recuerdo.
Pero no, te escribo esto después de eones, al que fue el primero y eterno. Cada día me visita un recuerdo inevitable.
Hoy volvías, volvíamos como siempre tirando por la borda nuestro mundo.
Pero no era feliz, era solo pasado.
A veces, te dejo volver a pasear por mis puntos cardinales como si de un espíritu se tratase.
De pronto pestañeo y ya no estás.
Ya no estoy, como hace tanto tiempo.
De vez en cuando piso nuestros rincones, nadie los ha destruido aún, ellos sí sobreviven al tiempo.
Cuando estoy allí, intento pintarlos de nuevo... pero lo impegnaste todo de un matiz eterno y nada vale.
Tu olor ya no existe, yo ya no vuelo.
Ya no te busco con el fin de encontrarte.
Solo te quiero en estos sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario