De todos mis almantes guardo un autógrafo.
Almantes: aquellas personas que llegan a tu alma, despiertan la pasión y el amor y por un instante vuelves a creer en la magia. Va más allá de lo físico, en ocasiones los almantes nunca llegan a tocar se jamás en esta vida.
Autógrafo: el propio trazo que deja una señal auténtica y única de nuestra identidad, de nuestra existencia, el trazo que nos permite demostrar que somos nosotros, espontáneo y personal, intransferible.
De todos mis almantes guardo un autógrafo, una señal que muestra que pasaron por mi vida, a todos les di el mío.
El primer autógrafo que llegó a mi vida llevaba tenía los ojos marrones y el pelo rubio cobrizo, el autógrafo que me dio era un disco antiguo que cada canción definía su historia, la canción principal de ese disco era una de Jeff Buckley : Lover, you should've come over... Él siempre besaba mi hombro y sonaba esta canción, era pura tristeza y pesimismo a la vez que un segundo de sediento amor.
El segundo autógrafo que llegó a mi vida tenía un calor inconfundible, una calma inefable, me regaló una bombilla pequeña que aún funcionaba porque hay luces que porque no las veamos eso no significa que no existan.
El tercer autógrafo de mi vida fue un mechero, el chico llevaba siempre un mechero encima hasta que una vez me confesó: no fumo, estaba esperando que te dignaras a pedirme fuego alguna vez.
Después llegaron otros autógrafos: una carta de una baraja, una bufanda de emergencia en noches de frío, un libro, un imán para el frigorífico, el ambientador del coche, un sacacorchos, una copa de vino, las palomitas de un cine, un sobre de sal, una canica, un pendiente perdido.
De muchos no recuerdo si dejaron algún autógrafo, de muchos otros tal autógrafo no lo quise conservar.
Yo casi siempre he dejado algún autógrafo, como si fuera una delincuente dejando pistas para ser encontrada: regalé una bola de nieve al chico que me robó un pañuelo con la excusa de volver a verme y nunca me volvió a encontrar, envié postales que siempre llegaron tarde, les regalé alguna que otra estrella, lazos de tela como pulseras. A mi primer amor le hice un cazasueños para que nunca tuviera pesadillas. Al segundo le regalé una pulsera que creía que había tirado y luego me sorprendió ver que la llevaba en la palanca de marchas del coche. Al tercero le regalé una moneda pintada con una luna y un corazón.
A otros muchos, les di muchos autógrafos, momentos únicos y singulares: una caja de cerillas, una piedra, una libreta, un secreto, una palabra que solo fuera nuestra, ese adjetivo era cómo yo siempre los guardaría en mi vida, porque guardar con nombres y apellidos una historia es más difícil que con lo que significaron en verdad o por lo menos, gracias a la palabra a la que ellos cobraron sentido.
De todos mis almantes guardo un autógrafo, menos de uno, el único del que aún no he encontrado un solo autógrafo porque cuando coexistimos parece que viajamos a una dimensión paralela a este universo y en ese lugar no existen autógrafos, solo almas haciendo de las suyas.
Algún día, cuando consiga un autógrafo de esa historia podré escribirla... Hasta entonces es como si no existiera.
Los autógrafos son la prueba de que existimos comienza con un nombre, una rayajo que nos define.
En mi trabajo cada día veo cientos de firmas, esas firmas me permiten imaginar cómo serán los autógrafos que otras personas guardaron de su existencia...
El autógrafo es la huella de un recuerdo de lo que fuimos, somos y seremos.
La única forma mortal de demostrar que estuvimos vivos.
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