El recuerdo del ser es una historia que cuentan las leyendas, dicen que somos fruto de una leyenda.
Existen miles de historias sobre lo que somos, qué somos, cómo somos...
Pero a mí desde niña hay una que me atrapa con fiereza: "estamos hechos de polvo de estrellas".
Desde que tengo uso de razón miro al cielo buscando respuestas a todas mis preguntas, intentando encontrar el sentido del universo. Sin hallar respuestas alguna.
Lo único que sabía con certeza es que algún día se acabaría mi vida y algo me mordía el corazón, no podía ser posible.
Una tarde estaba en Cádiz, un viaje peculiar, me escapé sola a la playa de La Caleta a ver atardecer, en ese atardecer encontré sentido a lo que estaba acaeciendo en mi mente.
El Sol nos dependía con gran belleza y la Luna lo observaba furtiva, recuerdo que la primera estrella me atrapó y me llevó se viaje por el universo.
Podía tocar las estrellas sin quemarme, sentir un dulce cosquilleo en su brillo, una estrella me miró a los ojos y me contó mi historia, quien creía que era yo, quién era en realidad, qué quería ser, qué me decían que fuera... A quién amé.
Al mirar a los ojos a aquella estrella pude darme cuenta de que realmente nuestra historia tiene un origen en el universo, las estrellas se reían a carcajadas mirando a aquellos seres diminutos vivir vidas de tantas maneras diferentes, pensando tantas cosas diferentes sobre lo que eran, lo que les decían ser.
Una estrella más anciana me dijo: Niña, nosotras sabemos lo que eres, no hagas caso de lo que te dicen aquellos que nunca supieron vivir más allá de una vida plana sin soñar ni sentir. Déjate ser, conecta con el universo y escucha quién eres desde el fondo de tu alma.
Pasaron los años, cada vez que una estrella fugaz me encuentra sé que es un guiño de mis amigas, que estoy en el lugar correcto.
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