Lo único que me quedaba de él era el sabor de los cigarrillos de Winston y el olor que estos dejaban en mi piel, algo tan horrible como fumar era la única manera de mantenerme aferrada a ese recuerdo.
Daba caladas intensas cerrando los ojos y explulsaba el humo con fuerza para alejar los fantasmas, los momentos que andaba distraída se inmiscuían en mi mente los recuerdos de amor y dolor que tan intensamente viví a su lado.
El olor a tabaco era lo único que quedaba vivo de aquella historia... La única cicatriz de su existencia en mi vida era esa, ahora era otra chica una chica más fuerte, menos soñadora, más real, más fría, más ligera.
Cuando me corté el pelo dejé a un lado el sentirme presa, esa fue la primera liberación, las semanas pasaban ligeras pues estaba centrada en vivir una vida digna de recordar y ser la mujer que en un futuro siempre soñé.
Los sábados era el único día que salía de mi rutina, bailar me hacía sentir libre, pero un sábado que no era casual apareció y me encontró.
Me sentí vulnerable en mucho tiempo, creí tener el control de poder controlar el pasado, olvidarlo y vivir, como él me convenció, como siempre.
Volví a ser sumisa a sus encantos, a sus manos, a sus besos, estábamos en el rincón de siempre. Hicimos lo de siempre, pero ya nada era igual.
Yo sentía su anhelo de mi piel, yo anhelaba aquella sensación de paz y calma, pero no la encontré.
Me encontraba abatida, abandonada en otro cuerpo que no era el mío, abrazada por un ser que creía amar.
De pronto algo en mí se activó, de forma salvaje di los pasos exactos para noquearlo de placer, quería salir corriendo, pero antes debía cometer el crimen perfecto.
Cuando estaba exhausto entre mis brazos le di mi sentencia: te quise más que a nada en este mundo, fui tan idiota de querer salvarte de esa oscuridad en la que vivías, pero acabé perdiéndome yo. Me pediste que te perdonara y lo he hecho, me has pedido una oportunidad y la has tenido.... Pero todo acaba muriendo, hasta lo que creía que era inmortal, ya no soy tu chica de artes, hoy has estado en mí pero no conmigo. Espero que lo único que te quede de mí sea un recuerdo, porque acostarse con el pasado es la forma más exacta de sentir la muerte en el vacío de unos ojos.
Me vestí sin preocuparme, sin prisas, sabía que en ese momento acababa de lapidar un recuerdo.
Al llevar a casa no recuerdo si lloré bajo el agua de la ducha, lo que sí sé es que su olor impregnado en mi piel ya solo me producía repugnancia, la angustia de la muerte en vida.
Enmascaré su olor con mi perfume, con la certeza de que nunca más volvería a perderme.
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