Ella estaba en el Starbucks, tomando un frappé de chocolate blanco con café y nata, contando su historia, entera y de raíz, desde la infancia hasta la vida.
Todo el dolor y las decepciones a una amiga que nunca había sido amiga del todo pero habían compartido la misma vida, por primera vez desangrando cada secreto.
Ella contaba su vida, mientras en la mesa de al lado un chico monero y de película se dio cuenta de que existía, en un instante le dijo: ¿Sabes lo que significa ese tatuaje? ... Ahí comienza una conversación cruzada de las que paran el tiempo, sobre el árabe, tatuadores y una persona en común.
Él sería árabe, no estoy segura... era un chico con apariencia occidental.
Nos miramos y en unos breves segundos seguimos conversando.
Luego seguí contándole mi vida a mi amiga, y ella a mí la suya. Recuerdo que lloré, no por dolor, sino por el recuerdo del dolor. El chico seguía pendiente, sin decir nada en la conversación con su amigo.
Pensé en darle mi número, pensé en quedar algún día para un café, seguir conversando sobre cualquier cosa relacionada con el árabe o el amor.
Pero no lo hice, entonces lentamente su tiempo del café se acababa....
«ha sido un placer»... «nos vemos»...
Nos quedamos por un instante pensando porqué no.... y si...,?
Pero nada de eso ocurrió, nos despedimos sin saber ni siquiera nuestros nombres.
Quizás nunca más vuelva a encontrármelo, quizás las películas se conviertan en realidad.
Ya lo decía Cortázar: "un encuentro casual era lo menos casual de nuestras vidas".
Me quedo con la anécdota y lo que no fue.
Otra estrella fugaz sin nombre.
El chico del starbucks....
(Pero no tenía los mismos ojos que habitaban en mí, quizás por eso no hice nada por retenerlo)...
Quizás, nos pilló la vida demasiado pronto. Quizás seguimos siendo idiotas.
Quizás vuelva a escribir de nuevo por él o puede que se convierta en un recuerdo de lo que existió, pero no fue.
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