miércoles, 14 de febrero de 2018

Aprendiendo a echar de menos...

Estoy en mí, desde hace ya unas semanas.

En mis labios ha caído la nieve del tiempo quedándose a vivir, no hay quien haya conseguido derretirla de nuevo.

Te echo de menos, aunque esté de más.

He aprendido a echar de menos como quien aprende a despedirse.

Te echo de menos a ratos, pero no como quien quiere tenerte sino para compartir.

No olvido aunque ya no sé si soy capaz de recordarte. No sé si el viento también se llevó esa parte de mí de ti.

Te echo de menos, echo de menos esa capacidad de parar el tiempo. Extraño el no contarte como un huracán lo que los días me traen, que no es novedad sino esencia.

Pero ya no puedo esperarte, coliflower.

Sólo tarareo en silencio alguna canción cuando nadie escucha.

Pero ya no llegarás hasta estas líneas, sigues parte de tu viento y está bien.

Yo te echaré de menos en voz baja, en secreto... hasta que consiga echarte del todo.

Que pasará, que ese día algún día nos atrapará.

Y será una anécdota más que se quedará entre estas páginas.

Y yo seguiré caminando por las nubes, volando a otros cielos...

Que no me pesan ya todas las palabras que te escribí y nunca saldrán a la luz, con los mecheros eternos que nos encendían las noches.

Te echo de menos como quien echa de menos ver un atardecer, pero es tan fácil sanarlo como mirar al sol...

Y estoy entera, lo he aceptado. Ya no me miento diciéndome que no importa.

Importa y te echo de menos.

Pero lo acepto y me acepto...

Y mañana estas palabras solo serán un torcito más de aquella despedida o recuerdo, que no quise ver.

A la que ahora abrazo fuerte y suelto...

Te contaré otro secreto: Ojalá esos ojos negros en el mar, nada más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...