lunes, 16 de abril de 2018

LATE...

Noto cómo el latir traspasa su pecho, trepa por mi palma directo a mi respiración.

Siento la calidez abrazando mi cuerpo, el miedo que dice: FRENA...

Siento la cercanía de la confianza plena y la aceptación infinita.

Aparece el terror a que todo lo que suceda sea una catástrofe...

Pero ocurre todo lo contrario, el silencio de caricias habladas es roto por el beso.

Ese típico beso que nunca sabes como dar, pero que tienes la certeza de que lo acabarás dando.

Ese temblor cuando pasa todo de golpe...

Esa complicidad que solo existe algunas veces en la vida, esa carcajada limpia y compartida.

Esa intensidad plena, ese sentimiento de pertenencia a un lugar que tiene forma de persona.


Personas que por muchos años que pasen siempre serán hogar y caricia...

Que nunca desaparecieron las brasas del incendio de cuando éramos niños.

Ese anti-olvido férreo que nos recorre, a pesar de habernos creído invisibles y olvidados.

Gracias por seguir formando parte de mi vida, mis silencios y mis secretos...

Gracias por esa dulzura... por esa pasión, por todos los miedos.

Gracias por esa forma que tenemos de hacernos eternos...

A pesar de todas las veces que no supe quedarme, de las otras que no tuvimos más remedio que alejarnos, pero siempre volvíamos al mismo punto donde nos habíamos quedado.

Primero la mano... años después de nuevo la mano... Luego el beso, meses después el beso entero....


Y así seguiremos coleccionando secretos, secretos que dan vida a estos silencios.

Silencios que yo acabo de romper en este momento, en forma de metáfora...

Para intentar explicar el renovado pero a la vez viejo sentimiento...

De esa amistad infinita, que ambos conocemos.

Que sucedió, que no me arrepiento.


P.D. No te lo creas mucho, que nos conocemos...

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