miércoles, 18 de abril de 2018

Chicas pañuelo.

Al final tenían razón los viejos sabios que nos guían: NO LO DES TODO EN EL PRIMER MOMENTO.

Yo, que fui la que siempre se entregó sin pensarlo, pensando que esta vez sería la última y la diferente, vuelvo al inicio de lo difícil.

De no volver a dar más, de no darlo todo a la primera.

Después de mil recaídas en la misma historia, de hacerlo todo por si nunca más vuelve a suceder ese momento. En días como hoy aparece el atisbo de la certeza de que cada vez te apetece volver a dar menos.

Las chicas revolucionarias nos volvimos chicas pañuelo, que lo mismo acaba el semen en tus muslos, que su lágrima en tu camiseta.

Que lo mismo eres la que da el abrazo de auxilio, como las palabras acertadas necesarias.

Igual puede que solo seas el juego de la emoción de su rutina, o el imposible eterno que siempre recordará.

Pero de alguna manera siempre serás lo que la otra persona necesita, el pañuelo de emergencia que encuentras cuando más necesitas.

Estoy cansada de ser la chica pañuelo,  supongo que quizás ha pasado demasiado tiempo y demasiadas personas que grabaron el nombre en mi tela.

Quizás simplemente es mejor que las chicas pañuelo renueven la revolución hacia su cuerpo, su vida, sus deseos.

Anteponer el YO al ÉL, anteponer tu propia vida a seguir siendo pañuelo de otras vidas.

Y dejar el pañuelo para luego... aunque solo sea para cuando tú ya no seas una emergencia.

Duele pensar que quizás el problema no radique en el "todos son iguales" sino más bien en "chicas pañuelo" desorientadas.

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